El mundo está, definitivamente, construyendo un nuevo paradigma: abandonar los fósiles para integrar a su economía la energía renovable, verde y con cero emisiones dañinas al entorno ambiental. A ese concepto de avanzada surge el hidrógeno.

El  hidrógeno en una fuente de energía que se encuentra en 75% de la materia del universo, no en estado libre, pero su fuente primaria de extracción es: el agua a través de electrólisis (cuyo resultado es el denominado “hidrógeno verde”), del gas natural, a partir de la reformación (6% del gas natural global se destina a producir “hidrógeno azul” , según la Agencia Internacional de Energía) y el carbón que genera el “hidrógeno negro” con el debido secuestro de carbono.

El hidrógeno puede ser almacenado, para generar electricidad o como combustible para reemplazar el consumo de combustibles fósiles.

Para que el hidrógeno sea un energético de “uso común” se requiere una serie de elementos que configuren un nuevo escenario: nueva regulación específica de promoción de inversiones en hidrógeno, nuevos conceptos relacionados a retos de cambio de matriz para industrias, transporte, nuevas formas de producir vehículos que usen hidrógeno y nuevos procesos de investigación que nos señale el camino por el que la economía global recorrerá a través del hidrógeno verde.

En otras palabras una revolución total que desde la generación renovable nos lleve al next-step que es una economía que se mueva en base al hidrógeno. Para ese escenario se requiere, al menos, una década para consolidar las bases actuales.

La ecuación: generación de hidrógeno a partir de electrólisis del agua utilizando electricidad desde renovables es un reto interesante. De momento se está estudiando mejores niveles tecnológicos para que se pueda producir “a escala”. Básicamente lla electrólisis del agua se encarga de “romper” el H2O en oxígeno (O2) e hidrógeno (H2) utilizando electricidad continua que se conecta al agua mediante electrodos, mejor aún si esta electricidad procede de renovables.

El hidrógeno mejoraría lo que denominamos transición y eficiencia energética: por un lado se dejaría de usar tantos volúmenes de gas y por otro se produciría hidrógeno –desde el agua– utilizando, además, electricidad generada vía renovable, lo que mejorará, lógicamente, el tránsito de fósiles a renovables y a la calidad de uso de la energía.

De momento los costos de producción y la escala están siendo objeto de estudio, perfeccionamiento y reducción de barreras tecnológicas.

En Europa, a nivel estado, están en permanente discusión y perfeccionamiento de una Estrategia de Hidrógeno que busca lograr, hasta 2024, instalar plantas de producción de hidrógeno. Europa entiende que su mix energético, entonces, para 2050 estará representada por el 14% de hidrógeno.

Corea del Sur está empeñada –desde su estado– en que fuerzas económicas del libre mercado puedan consolidar, para 2022 ciudades que se muevan, enteramente, con hidrógeno, vale decir ciudades que utilicen el hidrógeno para transporte público y su industria.

De momento el “hidrógeno verde” (cero contenido de carbono) es aún más costoso de producir que el “hidrógeno azul” –del gas natural–, pero es cuestión de investigación y tiempo para mejorar resultados.

Es una obviedad que la descarbonización puede alcanzarse hasta 85% de la matríz –utilizando energía vía eólica y solar– pero otros elementos de la economia: como el transporte pesado marítimo o la aviación necesitan energía de alta densidad y son, de momento, difíciles de “electrificar”. Sin embargo, expertos señalan, que el hidrógeno podría alcanzar y descarbonizar la industria marítima y de aviación.

La “hoja de ruta” que se planteó el Japón para empezar a construir el paradigma de la sociedad del hidrógeno tiene algunos elementos que pueden ser muy útiles para que América Latina piense en empezar a formar nociones y criterios –políticas– sobre el sector: y tienen que ver con, entre otras: desarrollar tecnologías que permitan el transporte y almacenamiento eficiente del hidrógeno, incrementar generación a partir de fuentes de energía renovable para producir hidrógeno, utilizar hidrógeno para la generación de electricidad, utilizar hidrógeno para el sector transporte y potenciar el uso de hidrógeno en procesos industriales y calefacción, todo en base sólida de una nueva educación de las generaciones: más inclusivas, más respetuosas con el entorno ambiental y definitivamente pro generación de energía verde.

Los pasos están dados, los paradigmas están en construcción las nuevas generaciones están adelantándose al futuro para que el hidrógeno sea parte de la matriz energética global en un mundo que cada vez va a necesitar más energía.

@BorisSGomezU

 


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