Desde lejos pienso en mi país y no sé por cuál artilugio surge en mi memoria ese gran poema de Vallejo “Los heraldos negros”:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Y es verdad, golpes como del odio de Dios, millones de personas caminando a destinos inciertos. El hambre declarada como gran problema nacional, su principal víctima, la infancia. Hambre en un país con todos los recursos para producir. 34 millones de hectáreas con vocación agrícola y 17 estados cuya principal fuente económica es la actividad agrícola. Creadora de una ganadería tropical “raza Carora”, capaz de generar toda la leche que requieren nuestros infantes y más. Un país con profesionales y técnicos que hoy son utilizados y apreciados en otros países.

Y sin embargo hay hambre. Los agroempresarios habían creado 422.429 unidades de producción con trabajadores entrenados, no sabemos cuántas quedan en pie, entre otras, la industria avícola funciona con solo 21% de su capacidad instalada.

Debe ser cierto que en los cuarteles también hay hambre, que las raciones de los soldados son miserables, aunque se consienta con créditos y bonos a los jefes militares. Los batallones de soldados sufren los estragos del hambre como cualquier venezolano, su flacura es una prueba, ellos deben saber cómo sobreviven sus familiares por mucho CLAP que reciban. Me intriga qué explicación darán a la tropa Padrino y el Alto Mando Militar, la mayoría panzones y millonarios.

Que un país situado en el trópico, con recursos hídricos, con buenas carreteras, sin tragedias climáticas, con tierras ociosas en cantidades, con gente capacitada no pueda producir sus alimentos y ahora se piense cambiarlos por petróleo es digno de análisis. Las excusas del fracaso alimentario van por el camino de echarle la culpa al imperio, a las sanciones de Estados Unidos contra los gobernantes corruptos. Se puede comprobar que en ninguna de las medidas dictadas por el gobierno americano existan decisiones que puedan explicar por qué el socialismo acabó con la producción de alimentos.

El Atila de los agroproductores ha sido la política socialista, causante real de la hambruna. Lo único que ha crecido en el sector son las oficinas gubernamentales. El antiguo MAC ha sido sustituido por cuatro ministerios, tres de ellos bajo manu militari. Con las siguientes funciones:

  • Ministerio de Agricultura y Tierras, concentrado en expropiaciones y confiscaciones de propiedad privada. 5 millones de hectáreas confiscadas, hoy improductivas y saqueadas.
  • Ministerio de Agricultura y Alimentación, el gran negocio de la importación de alimentos generador de grandes fortunas militares; ejemplo, Félix Osorio, general de brigada y ministro de Alimentación en dos períodos: 2008 a 2010, con Hugo Chávez, y 2013-2014, con Nicolás Maduro. Mezclado en dos casos de corrupción, la estafa de Cadivi y de Pdval. Durante la primera gestión, en 2008, estalló el escándalo de los 65 contenedores con alimentos, pollo, leche y granos en estado de putrefacción. El valor de los alimentos dañados se calculó en 4,4 millones de dólares. La historia de comida descompuesta se repite en 2010, ese año la cantidad de comida dañada ascendió a 116.000 toneladas.
  • Ministerio de Agricultura Urbana (sin definición ni propuestas).
  • Ministerio de Pesca. Ejerce funciones de control, sin aporte técnico ni financiero a los productores. Hace un mes en un encuentro estrambótico Maduro anunció la formulación de un Plan de Pesca.

El balance de los efectos del socialismo siglo XXI hambreador de los venezolanos puede resumirse de la siguiente manera:

  • Concentración burocrática en tareas políticas, destructora de la propiedad privada. En total han sido creados 38 entes adscritos con alto costo de recursos fiscales sin incidencia en el desarrollo sectorial.
  • Ausencia de estrategia sectorial, salvo atacar la propiedad, negociar la importación de alimentos, ejercer intermediación financiera e imponer precios desvinculados de los sectores productivos, industriales y comercializadores. Inocultable corrupción en el tráfico de alimentos.
  • Sin coordinación programática, no hay vinculación ni objetivos comunes entre los 4 ministerios y las 38 instituciones del sector oficial.
  • Militarización de instituciones agroalimentarias, con muy escaso nivel técnico, responsables del saqueo, rebatiña de propiedades entre coroneles y generales, nuevos dueños de grandes fundos.

La mera verdad es que no hay que pensar en cambiar petróleo por alimentos, salvo lo urgente; hay que cambiar de inmediato el régimen socialista culpable de la terrible hambruna y lograr que ese triste insulto a nuestros emigrantes, “muertos de hambre”, deje de ser una realidad.