“Guardo una foto a fin de no permitirme nunca olvidar tan ingrato día. Un par de jóvenes en una moto, imagen muy usual de nuestras calles, pero el que va en la parrilla carga en sus brazos el cuerpo de una joven, de la que solo se alcanza a ver unas largas piernas colgando que terminan en unos zapatos deportivos y una hermosa cabellera inerte, apuntando en vertical hacia el pavimento por efecto de la única fuerza que actúa sobre ella: la gravedad. Esa cabellera, por sí sola, transmite la imagen de poca vida que debe quedar en ese cuerpo”.

Escribí estas líneas hace 10 años. Constituyen el inicio del capítulo XXIX de mi única novela, En las sombras del bien. Todo comenzó ese fatídico día: 17 de febrero de 2014. Mientras preparaba maletas, en la avenida Cedeño de la ciudad de Valencia, un grupo de colectivos de las UBCH disparaban a mansalva a una manifestación pacífica de ciudadanos. Habían recibido la orden mediante un tuit de Francisco Ameliach, gobernador de Carabobo. Resultaron heridos de bala: Ronald Vivas, Jesús Figueroa, José Marchena, Ángel Parra, César Vela, Enyerson Ramos, José Arias y Génesis Carmona, la joven reina de belleza a la que alude la cita del primer párrafo.

Al día siguiente, justo cuando me encontraba en la cola para chequearme en un viaje Caracas-Madrid planificado con anterioridad, mi estimado amigo, el Dr. Carlos Rosales, entonces presidente de la Clínica Guerra Méndez, daba el infausto parte médico anunciando su muerte. La bala alojada en la parte izquierda de su occipucio había ejecutado el máximo daño posible Estos acontecimientos, contextualizados dentro de la acometida estratégica que se denominó La Salida y que fuera convocada por nuestra actual lideresa, María Corina Machado, junto con Leopoldo López y el alcalde Ledezma, marcaron el inesperado propósito de ese viaje. Ya no solo sería para visitar a mis hijos.

En las sombras del bien tuvo su génesis en ese viaje. Concluí la escritura de su primera versión el 28 de diciembre de ese mismo año. Es una novela que ha sido calificada como transgenérica, porque en ella el lector encontrará la convivencia natural de diversos géneros: ensayo, crónica y ficción pura. El mencionado capítulo narra puros hechos reales, que se añaden al cúmulo de registros de nuestra reciente memoria histórica cuyo olvido no debemos permitírnoslo. Todavía conservo un video elaborado por un grupo de jóvenes identificados bajo el alias de @ValenciaRebelde, en el que se identifica claramente entre los que disparaban a un miembro de las funestas UBCH, habitante de Morón y mediocre dirigente juvenil de nuestra FACES de la Universidad de Carabobo. No pueden imaginar cuánta pena me produjo aquello, en mi condición de exrector de mi amada alma máter.

Lo cierto es que cuando llegué a Madrid, los acontecimientos de La Salida tenían una notable presencia en las páginas de los principales periódicos españoles. Todos los días, dos y hasta más páginas importantes cubrían los hechos en cada medio impreso. Los gochos en el Táchira se habían convertido en héroes de la libertad, habida cuenta de sus hazañas que recibían especial cobertura. Esto me produjo un cierto optimismo. Así, por un período aproximado a los treinta días, las hemerotecas fueron engrosándose con noticias provenientes de Venezuela. Todo ese protagonismo noticioso cesó con la primera invasión de Putin a Ucrania con el deliberado propósito de anexarse la península de Crimea; lo cual hizo sin mayor resistencia de Occidente.

A lo largo de estos diez años me he mantenido en la posición de creer, quizás obstinadamente, que La Salida ha sido el episodio político en el que hemos estado más cerca de alcanzar el desalojo del poder de las lacras chavistas –sin contar, por supuesto, la renuncia de Chávez obligada por los propios militares que le apoyaban en virtud de haber osado ordenar a los asesinos de Puente Llaguno masacrar al pueblo (2002)-. Esta opinión mía ha sido muy contestada por quienes piensan que en ese momento el régimen todavía estaba muy fuerte. Estaré equivocado, pero también recuerdo haber escuchado en Carabobo a muchos dirigentes regionales de los partidos que no se acogieron a la convocatoria de La Salida decir: <<no nos vamos a calar ese juego “adelantadito” de Leopoldo>>.

Lo que nos condujo hasta la actual coyuntura fue esa imperdonable carencia de voluntad de los dirigentes de la oposición para ponerse de acuerdo; esa persistente tendencia a pelear entre ellos como niños por aparecer de primeros en la foto opositora cuando se produjese la “inminente” caída. Y, luego, al darse cuenta de que no habían sido capaces de caracterizar con la debida dimensión la naturaleza del régimen -ni habían estado dispuestos a escuchar las advertencias en ese sentido de individualidades con mayor veteranía-, cuando esa ensoñación de inminencia comenzó a desdibujarse arrancaron las infiltraciones y fracturas de la traición. En un número lo suficientemente significativo, algunos integrantes de esa frustrada dirigencia se abocaron a venderse, abiertamente algunos, y otros, en modo rastrero, a calcular cómo mejor se acomodaban en la novel realidad que se les había develado, arrullados por el lema: “si no puedes con el enemigo, únetele”.

Y así nos encontramos en el actualísimo momento político, transcurridos diez años. ¿Está el régimen más fuerte que en 2014? ¿Habrá pasado ya el momento de su máxima fortaleza política o todavía está en ascenso con todo ese desmadre mundial que le favorece? Preguntas a analizar, por el comando político de la Gran Alianza Nacional –siendo muy deseable que se hiciera sin ejercicios de voluntarismo-. Son interrogantes que me atrevo a plantear en homenaje a todas las víctimas de La Salida: las que recibieron un daño a sus vidas más directo y, en general, a todos los que hemos terminado siendo víctimas del régimen y de tanta inconsecuencia y desencuentro político.


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