He seguido la política española desde el 2001. Como la mayoría de las democracias hispanoamericanas, ha atravesado por períodos en los que ha estado muy aquejada por el vicio de la corrupción; no teniendo ninguno de los factores políticos autoridad moral para afearle a los otros el suyo. Afortunadamente, en su reciente historia España ha mejorado mucho en el combate de esta plaga gracias a la consolidación de un poder judicial, verdaderamente independiente, que ha protagonizado espectaculares cacerías de políticos corruptos. El gobierno “populista–chavistoide” de Sánchez Castejón, como suele ser la línea de este tipo de gobiernos aspirantes a regímenes, tiene bajo asedio el poder judicial, pero este se le resiste. El resultado del actual enfrentamiento entre los poderes será crucial para el futuro de la nación.

El anterior prolegómeno viene a cuenta de la “Trama Koldo”: un caso de corrupción muy gorda sobre el cual han surgido claros indicios de tener sus raíces hundidas en altas esferas gubernamentales. Veamos los acontecimientos: el primero que cae es el asesor del ministro de Transporte en los tiempos de la pandemia, José Luis Ábalos -sí, el mismo que recibió con honores a Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas en enero del 2020-. Koldo García, su asesor y cuyo nombre le ha sido expropiado para denominar la trama, viene del PSOE de Navarra donde ejerció el cargo de concejal en un ayuntamiento. Son los tiempos en los que se inicia su relación con Santos Cerdán, actual secretario de Organización del PSOE, quien también fungía de concejal en otro ayuntamiento de la misma comunidad autónoma.

A través de Koldo y otros aliados suyos, ya imputados como él, se gestiona el cobro de comisiones en la compra, con groseros sobreprecios, de mascarillas durante la pandemia. Los beneficios estimados de la intermediación: veinte millones de euros, de los cuales ya se ha comprobado la utilización por parte del “poderoso asesor” de un millón y medio para la compra de bienes inmobiliarios por la vía de testaferros -la policía española es muy efectiva en este tipo de casos-. El contexto en el que se producen las corruptas negociaciones, le aporta a la trama la potencialidad de exacerbar de manera significativa la sensibilidad de la opinión pública. Pero no es solo esto lo que acrecienta su peligrosidad para la presidencia de Sánchez. Sus graves implicaciones son enfatizadas por la forma como se ha ido develando una tupida red de interacciones “político–amistosas”  de la “Trama Koldo” con actores ubicados en los más altos niveles de decisión y, por ende, con el potencial de aligerar la fluidez de sus operaciones.

Sánchez le ha encomendado a Santos Cerdán, por ser este una persona de su extrema confianza política, la responsabilidad de conducir en forma permanente las negociaciones con Junts, un partido independentista catalán,  a los fines de garantizar en modo estable los siete votos de ese partido que le son vitales para sostener en el tiempo, la legislatura que preside con agónica mayoría. Fue precisamente Cerdán la persona que le recomendó su “coleguita” político de los viejos tiempos, el buen Koldo, a Ábalos. Solo este hilo referencial de la madeja interna de la trama le aporta a cualquier persona con cuatro dedos de frente, la posibilidad de imaginarse hasta qué niveles pueden proyectarse las graves ramificaciones de este caso que va adquiriendo carácter de movimiento telúrico para el gobierno. Todos los días se publican nuevos resultados de las investigaciones que involucran a más actores políticos ubicados al más alto nivel.

Ábalos se declara inocente. Dice ignorar totalmente los manejos de su asesor, aunque siempre le acompañaba y más bien parecía el miembro estrella de su cordón de seguridad. Ya han aparecido pruebas sobre algunas órdenes suyas que le endilgan un rol más proactivo en las operaciones del tinglado corrupto. Santos Cerdán también ha rendido declaraciones, tratando de colar el relato de que “apenas conocía al tal Koldo”. Lo cierto es que, tal como están las cosas, las investigaciones pudieran llegar a afectar a Salvador Illas, ministro de Sanidad durante la pandemia y principal dirigente, hoy día, del PSOE catalán. También a Francina Armengol, la actual presidente del Congreso de España y quien ejerciera la presidencia de la Comunidad Autonómica de Baleares, señalada como una de las autonomías que más adquirió mascarillas de la empresa gestionada por la trama.

Se pudiese concluir de estos señalamientos -que no son míos, basta con abrir cualquier periódico español importante para conseguírselos-, que la “Trama Koldo” reviste un poder de fuego con capacidad de tumbar gobiernos. De haberse producido un caso como este en Francia, Alemania, incluso Portugal, no albergaría dudas para afirmar que el gobierno caería. Pero en España, con una mayoría legislativa pírrica dispuesta a todo con tal de mantener el poder para ellos, lo más probable es que lo más decente y digno no ocurra.  El PP dice estar convencido de que los tentáculos de la trama se proyectarán hasta Sánchez, pero su poder de acusación está muy mellado.

Todo dependerá del poder judicial, el cual ha minado oro cuando más lo necesitaba. Por todas estas graves circunstancias, desde Moncloa han decidido trazar una estrategia corta fuegos. Sacrificar a un “pez gordo”, que no podía ser otro sino Ábalos, a objeto de impedir que las llamas achicharraran en niveles superiores. Ábalos viene a ser el fusible de la precitada estrategia, metáfora muy imaginativa a la que han apelado algunos medios impresos y que a mí, como ingeniero electricista, me ha parecido digerible como una nueva, y muy creativa, acepción para el popular dispositivo eléctrico en el contexto del quehacer político. ¡De aquí el título!

¿Por qué Ábalos? Ya había sido execrado del gobierno. ¡Sorpresivamente! Pasó de ser el ministro de mayor confianza del presidente a convertirse en un apestado sin mayores explicaciones ni derecho a entrevista de salida con el jefe. Se le percibía como el personaje en el que Sánchez delegaba esos turbios asuntos de la política que en otros no podía confiar. Como por ejemplo: atender a la vicepresidente del régimen de Maduro cuando estaba vigente la prohibición para ella de pisar suelo europeo. Ábalos, resignada y oficiosamente dio la cara en este escándalo conocido como el “Delcygate”. Fue el inefable Koldo quien se encargó de acarrear las cuarenta maletas.

Después de ser fulminado desde Moncloa, Ábalos tuvo que dejar la Secretaría de Organización del partido para dejársela a ese otro gran personaje merecedor de la confianza del presidente: Santos Cerdán. Todos los hilos de la madeja parecieran estar bien definidos y perfectamente rastreables. Al interior del principal partido de gobierno se cree que la separación prematura de Ábalos del poder se debió a que en Moncloa ya se conocía sobre “sus malas compañías”. En el marco de la “operación fusible” se le otorgaron 24 horas a Ábalos para que renunciara a su acta como diputado. Petición a la que se negó. Consecuencias: suspendido de la militancia del partido y expulsado de la bancada socialista. Su negativa se ha interpretado como un desafío a Sánchez. Quién se atreve a tanto es porque algunas buenas piedras esconde para lanzarlas en oportuno momento. Amanecerá y veremos.

 


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