La persona auténtica que descubre su vocación de vida en “la política” tiene plena conciencia de que ese noble quehacer está centrado en el valor supremo de la libertad y por ello lo primero que asume, junto a la sociedad de la que forma parte, es un programa permanente de educación ciudadana para construir con el trabajo y compromiso de todos, día a día, una nación anclada en pilares democráticos. Con apego a la verdad, la justicia y el respeto al derecho ajeno.

Nunca estaremos de acuerdo con aquellos que se conformarían con que la dictadura  les garantice una vida privada sin sobresaltos, seguridad personal y poder dedicarse a su trabajo tranquilamente. La libertad es el oxígeno de la vida en sociedad y el elemento esencial para la realización personal. El desafío siempre será alcanzar una democracia plena y sabernos conducir dentro de un clima de libertad para todos. Esto no es tarea fácil, requiere de mucha pedagogía y persuasión por parte de los políticos, con insistencia machacona como lo hacía Rómulo Betancourt.

Resulta mucho más fácil imponerse con el garrote. Los positivistas pregonaban la necesidad del gendarme en medio de una infancia ciudadana que jamás llegaría a su madurez.

Lo que pasó en Bolivia es decepcionante y requiere de una profunda reflexión. Después de padecer 14 años de autoritarismo, los dirigentes políticos erraron el camino despejado valientemente por los movimientos cívicos que provocaron la dimisión del tirano cocalero. La falta de grandeza y las apetencias personales de politicastros dentro de una situación excepcional lograron que el candidato del partido autoritario ganara la presidencia. La señora Jeanine Áñez, presidenta interina, no supo dirigir la transición a la democracia. La vanagloria zoqueta y efímera de embelesarse mientras le tocan el Himno Nacional con una banda presidencial terciada en el pecho la obnubiló. Pretendió ser candidata y luego se arrepintió al vislumbrar el fracaso. Ya era muy tarde y perdió la oportunidad de encarnar un papel histórico relevante en su país. Su papel era conducir la transición y trabajar en unidad con otros factores libertarios para inaugurar una nueva etapa democrática. El poder definitivamente embriaga a los mediocres.

Olvidémonos de los viejos cartabones de derecha e izquierda en que la delincuencia organizada disfrazada de izquierda pretende envolvernos y manipularnos. Esas etiquetas obsoletas y periclitadas ya no sirven para nada como el fracasado comunismo-socialismo-progresismo. El eje de la confrontación en América es dictadura vs democracia.

Los principios que sustentan la democracia están señalados en la Carta Democrática: respeto a los derechos y libertades fundamentales, vigencia del Estado de Derecho, división e independencia de poderes, elecciones libres y limpias y libre organización política. La transición a la democracia se concibe para devolver esos cinco elementos esenciales, controlados por el socialismo del siglo XXI, pero optaron por ser funcionales del sistema opresor. El control de todos los poderes del Estado se mantiene en manos de los que violaron y anularon la soberanía popular en Bolivia.

Si no funcionan los mecanismos del liderazgo político que está fracasando en la defensa de la libertad, la democracia y la república, la resistencia civil será el camino.

¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!


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