Indiscutiblemente, los seres humanos vivimos siempre, o casi siempre, con expectativas bien sean netamente familiares o relacionadas a nuestras actividades y quehaceres diarios o vinculados o no a la profesión que desempeñamos, de las cuales si son verdaderamente positivos nos sirven de hálito para alegrar la vida. No así si son negativas, que pueden alterar el normal funcionamiento de la psiquis emocional. Entre las tantas que se nos presentan hay una que consideramos especial pues no escapa a la mente de ninguna persona normal, es el caso de la que siempre vivimos en la intercesión de un año a otro.

También hay expectativas específicas que suelen presentárseles a algunas personas en el ejercicio de su habitual ocupación o profesión, por ejemplo, el caso de los productores agropecuarios en cuanto a la obtención de créditos, de semillas, de abonos y demás insumos que requieren  para cumplir las respectivas actividades encaminadas a lograr la mejor producción. Igualmente, y es común presentárseles expectativas específicas en cuantas actividades  se proponen realizar los comerciantes, los productores de cualquier ramo, los industriales y los profesionales que se desempeñan en sus propias  actividades. Así, y a manera de ejemplo, en los profesionales de la medicina ahora con la ingobernable pandemia del covid-19, al que no le hallan la tan esperada solución.

Por otra parte, para trabajar y producir riquezas no se requiere estar agremiado, los trabajadores independientes sin lazos que los aten a un gremio pueden independientemente y por sí mismos ponerse de acuerdo con otros para cumplir tareas encaminadas a lograr la mejor producción.

Ninguna circunstancia nos anima en el propósito de escudriñar profundamente el año que acaba de fenecer. Consideramos que no fue positivo en nada; el único logro alcanzado por el régimen gobernante fue acentuar más y más el cerco económico en búsqueda del mayor empobrecimiento del pueblo, sin que por su mente pasara el sufrimiento de los desvalidos, de los que no poseen los indispensables recursos para atender la salud ni la alimentación y menos para atender las primordiales necesidades de sus hijos, absolutamente indefensos.

Verdaderas expectativas han tipificado el año que feneció y el que ya está en marcha, dos pandemias lo caracterizan: una venida desde China, que ha afectado la salud física y la propia vida de las personas de todo el mundo; la otra es una creación venezolana con el propósito de someter ideológicamente a todos los venezolanos.

No queremos tocar el tema referente a la educación, bien sabemos  que está no en el piso, sino en el sótano. En esa triste situación ya  estaba desde desde antes de llegar el covid-19.

Contamos con que Dios se apiada de todos los venezolanos, que nos ilumine con su Santo Espíritu, sobre todo a quienes en forma tan cruel se han dedicado a hambrear al pueblo, especialmente a los inocentes niños.

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