Es evidente que la percepción general del público respecto a la eficacia de la gestión de Guaidó en el año que lleva en funciones ha pasado de un pico de euforia inicial a un sentimiento de menor conformidad y hasta algo de  desencanto al constatarse que varias de las expectativas creadas se han convertido en frustraciones.

Pero la política –especialmente la venezolana– ha demostrado una vez más que se trata de una actividad de alta fluidez, la cual se evidencia en la posibilidad de cambios importantes de esa percepción pública, tal como ha quedado demostrado con ocasión del notable éxito de la gira presidencial por Colombia y Europa iniciada con una espectacular salida del territorio nacional cuyos detalles –como es de esperar– no han sido revelados.

La multiplicidad de reuniones, discursos, viajes, conferencias de prensa, etc., revelan que estamos en presencia de un periplo concebido y preparado con esmero y profesionalismo por quienes han estado encargados de organizar y gestionar la multiplicidad de actividades del presidente (e) Guaidó. Lo más impresionante es que un programa de esa magnitud, en el que seguramente intervinieron muchas personas, no generó ninguna filtración ni indiscreción, permitiendo de esa manera el factor sorpresa que sin duda ha sido una de las claves de su éxito en el frente  interno.

Que se haya podido planificar y armar un proyecto con tantos riesgos y escenarios es en sí mismo inusual para una sociedad como la nuestra, donde la indiscreción de buena o mala fe más el deseo de figuración a través del “tubazo” suelen ser característica importante de  la acción política y periodística.

A lo anterior debe agregarse el aspecto logístico de la movilización, la seguridad, la ropa limpia y los varios fluxes perfectamente planchados que ha lucido nuestro presidente, más los recursos materiales posiblemente cuantiosos que han debido disponerse para atender los gastos indispensables. Ahora solo falta saber cómo irá a ser el regreso del viajero al territorio nacional, donde seguramente habrán no pocos personajes disgustados porque el pájaro se les escapó de la jaula, más los envidiosos que seguramente estarán pensando en cómo el éxito de la gira pueda tener la potencialidad de opacar algunas agendas personales.

Desde estas líneas nos parece justo resaltar la muy positiva transformación del presidente Guaidó, a quien al inicio de su gestión y promediando la misma era normal percibirlo como “este muchacho bien intencionado, pero carente de experiencia”, para verlo convertido hoy en un auténtico estadista que se desempeña con solvencia en escenarios y situaciones de la más alta jerarquía y complejidad; alternando con prudencia, tranquilidad, humildad y simpatía con las personalidades más relevantes de hoy, no solo en el mundo político y diplomático sino también en el empresarial (Davos). Por tal razón, parece razonable afirmar que el venezolano de a pie, amante de la democracia, puede sentirse bien representado por quien hoy es reconocido por la mayor parte de los gobiernos democráticos del mundo.

Sin embargo, dicho lo anterior no debemos dejarnos llevar tan solo por el aspecto organizativo sino que será menester dejar pasar un tiempo prudencial para poder evaluar los resultados concretos. Abrazos, declaraciones, firmas y sonrisas pueden tener –o no– correspondencia con los desarrollos concretos resultantes de declaraciones de intención –a veces carentes de voluntad real–  de los interlocutores.

La experiencia demuestra insistentemente que es el trabajo de seguimiento paciente e ininterrumpido el que puede lograr que un apretón de manos con un dignatario extranjero se convierta en concreción de apoyos y promesas, en lugar de que se agote tan solo en una foto para los medios de comunicación que ya al día siguiente estarán a la caza de otras noticias. Para ello se requiere de un equipo diplomático profesional entrenado y fogueado en estas lides. Aún está por verse hasta dónde resulta capaz el conjunto de representantes designados por Guaidó en el exterior, provisto sin duda de la mejor buena voluntad pero en su mayor parte carente de las herramientas profesionales y materiales que permitan llevar una intención hasta convertirla en un resultado.

Siendo la solidaridad de la comunidad internacional el mayor apoyo del que se dispone, será pues menester encarar la relación  con consistencia y seriedad. Para ello lo primero  será consolidar la unidad interna para lograr la credibilidad que todos nuestros interlocutores externos nos reclaman y exigen.

En cuanto a la figura presidencial, es el momento de que aproveche el haber sido liberado de la disciplina partidista e incorpore a su menú de asesores a figuras relevantes del quehacer nacional que puedan brindarle una visión mas amplia que la que hasta hoy casi monopolizan los partidos políticos que –de paso– se encuentran en menguada hora.