El sector creativo no escapa del feroz impacto que deja la epidemia del covid-19 en el mundo. Incluso podemos convenir en que precisamente, es este uno de los más afectados por la emergencia sanitaria que ha desatado la pandemia. Las extremas medidas de distanciamiento social, las restricciones de movilidad, el cierre temporal de espacios públicos y privados, la cancelación de eventos, estrenos, lanzamientos; son algunas de las situaciones que afectan considerablemente a instituciones, artistas, trabajadores independientes y a las industrias culturales y creativas, que en buena medida están constituidas por pequeñas y medianas empresas en proceso de desarrollo.

En  el caso de Venezuela, a pesar de la adversidad y los obstáculos, a través del tiempo, el sector cultural se ha mantenido activo y en constante redimensión. No es necesario hacer un ejercicio exhaustivo de memoria, para traer al recuerdo la cantidad de espacios que se han cerrado, a lo largo de los muchos años de debilitación social y económica que hemos transitado. Pero contra todo pronóstico, por otro lado podemos revisar la bitácora de la cantidad de iniciativas que, aún en condiciones adversas y complicadas, o quizás gracias a ellas, ofrecen a los venezolanos opciones de esparcimiento, espacios de reflexión y momentos de reconciliación, a partir de la cultura y la creatividad.

Sobre ese inventario de instituciones, iniciativas, acciones y sostenidas en el tiempo, pero también de nuevas acciones, propuestas y rutas que ha forjado la industria cultural en nuestro país, debemos fijar la atención en el tiempo por venir. Pues allí reside un activo fundamental para la reconstrucción del tejido social en Venezuela, desde ahora y en adelante.

Ahora bien, resulta complicado prever un posible desenlace o diseñar planes de recuperación, cuando en países como el nuestro, no tenemos estimaciones precisas sobre cómo está compuesto el sector creativo actualmente, quiénes son y dónde están los actores que lo conforman, en qué estatus real están las instituciones, cuáles son sus principales requerimientos, sus fortalezas, cómo impactan las nuevas tecnologías al sector cultural, qué hábitos de consumo cultural tienen los venezolanos hoy en día y tantas otras interrogantes que debemos tener claras al momento de desarrollar el terreno que debe ocupar la cultura en un nuevo proyecto de país que debemos construir juntos.

Intuitivamente podemos coincidir, y de seguro no estaríamos equivocados, cuando pensamos que la producción asociada al sector cultural en Venezuela, representa un número importante no solo de creadores y artistas, sino también de acciones, proyectos, productos e instituciones. Pero lo más sano es evitar la ruta de la intuición y considerar de forma seria y definitiva, a la industria cultural como uno de los activos con mayor posibilidad de desarrollo económico, tecnológico, social e intelectual del país.

En este orden de ideas, nos encontramos entonces con acciones como las que emprende el Banco Interamericano de Desarrollo, quienes en alianza con los países alineados en el Mercosur Cultural, la Unesco y la OEI, unen esfuerzos para medir el impacto de la pandemia en el sector, y al mismo tiempo crear conciencia sobre el rol de la cultura y la creatividad como elementos de la agenda de desarrollo sostenible.

Una medición de alcance regional que presentará entre sus resultados la información actualizada del impacto del covid-19 en el sector cultural, pero al mismo tiempo servirá de excusa para promover el trabajo en red y alianza, el intercambio de herramientas, recursos y experiencias entre instituciones y actores regionales de los países de América Latina, por otro lado, visibilizará algunas de las acciones que han servido de asidero por estos días de confinamiento y crisis mundial. Y definitivamente recogerá las cifras estadísticas cualitativas y cuantitativas que servirán para, con el rigor necesario, pensar la nueva manera de enfrentar una realidad desconocida e imprevista, pero a la que debemos salirle al paso con todo entusiasmo y a la brevedad posible.

En Venezuela debemos intentar recoger la mayor cantidad de información veraz y actualizada en este sentido, para forjar las bases necesarias para el desarrollo de políticas públicas que favorezcan de manera notable y sostenible, el fortalecimiento de la Economía Creativa, basada en la cultura y la creatividad como fuentes de origen de un movimiento que reunirá no solo a las academias, sino también a todos aquellos ciudadanos que encuentran en el sector cultural, un área de desarrollo pleno, digno y productivo no solo desde el punto de vista personal, sino también desde lo colectivo.

Conocer la dimensión de los cambios que se generan a partir de la crisis covid-19, nos permitirá ser más acertados y asertivos en las decisiones que corresponda llevar adelante, y esto aplica tanto para los creadores que tienen hoy un pequeño y discreto proyecto de emprendimiento cultural, pasando por las instituciones privadas que bregan cada día por mantenerse a flote en momentos tan complejos, y llegando a la escala mayor de la administración pública que diseña, coordina y ejecuta las políticas que reúnen, acogen y brindan posibilidades de desarrollo y bienestar a la industria cultural en Venezuela.

No perdamos de vista esta iniciativa que promueven los países vecinos en América Latina, pues en buena medida será punto de inicio para que desde lo local se construya un nuevo escenario a escala global.

@albe.perez


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