Las sanciones a Rosneft Trading, filial de la estatal petrolera rusa Rosneft, pudieran ser apenas el inicio de una escalada de amonestaciones a los que, de una u otra forma, le han servido de muleta al régimen de Nicolás Maduro.

¿Será que el gobierno de Trump finalmente decidió pisar a fondo el acelerador e ir con todo contra los que todavía se permiten mantener a flote al gobierno usurpador, no importa el que sea, o simplemente estamos ante un globo de ensayo, un tiro al aire, para ver el comportamiento de los rusos y de ahí analizar cómo afrontar el futuro inmediato con China, Cuba e Irán?

Resulta extraño que la sanción se dé a poco menos de una semana del encuentro casi secreto en Munich entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, y el canciller de Rusia, Serguéi Lavrov.

“Se abordaron temas relacionados con la agenda estratégica y con el control de armas”, reveló Lavrov. Ningún vocero estadounidense habló al respecto.

¿Se hablaría de las posibles sanciones en esa reunión? La reacción rusa, a través de la Cancillería, permite entrever que no: “La destructiva política de sanciones de Estados Unidos socava cada vez más el libre comercio mundial por el que los estadounidenses abogan tanto y aumenta las tensiones a nivel internacional”.

El caso es que Venezuela está justo en el medio de una lucha estratégica entre Estados Unidos y Rusia. Somos los actores de reparto, pero con un protagonismo especial. Los días venideros nos han de deparar sorpresas y sobresaltos.