La situación internacional en su conjunto y el enfrentamiento al parecer decisivo en los tiempos por venir entre la República Islámica de Irán y Estados Unidos pueden terminar de decidir la suerte política de países con grandes conflicto como Líbano, Siria, Palestina, Yemen y, aunque parezca extraño, la República Bolivariana de Venezuela, tan lejana del principal foco geográfico del conflicto en cuestión.

La situación actual me lleva a los lejanos días de invasión de Kuwait en 1990 cuando Saddam Hussein prometió  “la madre de todas las batallas” contra las principales potencias económicas y militares del mundo, sin el apoyo de ninguna gran potencia que pudiera servir de sustento o apoyo a su desafío realizado. El resultado final fue una escandalosa derrota que se ocultó por el hecho de que George Bush Sr. no tenía interés en poner fin a su mandato y por ello paró a la 101 división aerotransportada a las puertas de Bagdad para negociar un acuerdo de paz, que Irak violo múltiples veces dándole a George Bush Jr. la posibilidad de atacar Irak por unas “armas de destrucción masiva” que no existían, pero que el mismo Saddam amagaba con su existencia al negar las inspecciones de las Naciones Unidas.

Hoy día observo un Irán desafiante camino a su destrucción nacional, que tiene la intención de enfrentar militarmente a la mayor potencia militar del mundo, como es el caso de Estados Unidos; que está escoltada en este enfrentamiento por Arabia Saudita y varias monarquías petroleras del golfo Pérsico, así como Israel, que no oculta su intención de desaparecer el gobierno teocrático de Irán.

Demás está decir que en un conflicto de este tipo no faltarán naciones asiáticas y europeas que apoyarán a Estados Unidos con el fin de participar de los beneficios evidentes de este tipo de conflictos militares.

La sola amenaza de destrucción del patrimonio cultural de Irán (que tiene miles de años de historia) es una amenaza que no puede dejar de ser tomada en serio, dado que la cultura persa dispone de grandes monumentos que son patrimonio histórico de la humanidad (en la lista de la Unesco existen 23 sitios de patrimonio histórico, mientras tienen como candidatos en dicha lista otros 56 lugares, por lo cual sobran blancos históricos para destruir y dejar un hueco notable en el ADN cultural de esa nación).

Igualmente, la destrucción de su industria petrolera y el bloqueo de su comercio en un país de 83 millones de habitantes, generaría una catástrofe humanitaria que superaría a la de Yemen, con 22 millones de personas en peligro de morir de hambre. Sería una tragedia para el resto de la economía iraní, para su industria que ha logrado evidentes progresos en los últimos años, especialmente en sectores como el farmacéutico, informático y espacial, y que sufrirían una completa destrucción en caso de un enfrentamiento bélico.

No parecen entender los entusiastas de las denominadas “guerras asimétricas” que estas solo funcionan si el enemigo mucho más poderoso aplica la contención y evita utilizar todo su poder para arrasar a sus adversarios. Ocurrió en la guerra de Vietnam, cuando Johnson se negó a destruir los diques sobre el río Rojo que hubiesen ahogado 1 millón de personas y dejados sin vivienda ni alimentos ni trabajo a 10 millones más, arrasando Vietnam del Norte e incapacitándola para la guerra en Vietnam del Sur (medida que Trump no hubiese dudado en tomar antes que perder la guerra  en sí), asumiendo una posición radical que recuerda a T. Roosevelt en la guerra filipino-estadounidense de 1899 a 1902, cuando 1,5 millones de filipinos, especialmente los que hablaban español, fueron exterminados (sexta parte de la población). Los dirigentes iraníes deben entender la trágica experiencia de Irán en 1991, cuando comenzó la intervención foránea por un error de cálculo espantoso y que dada las dimensiones poblacionales de la república persa tendría dimensiones colosales, no vistas en siglos, desde las invasiones de Gengis Khan hace 800 años atrás.

El análisis se vuelve más trágico cuando se observa la situación de los aliados de Irán para enfrentar a los estadounidenses como sería el Líbano, donde Hézbola trataría de lucha con sus milicias en el Líbano, Irak y Siria.

Esta demás decir que se hace muy difícil imaginar la resistencia de estas milicias en Líbano y Siria, con la casi segura intervención de las Fuerzas Armadas de Israel que irían directo a la destrucción de estas fuerzas militares para destruir la amenaza estratégica de Siria y con ello al intervenir las milicias palestinas en este conflicto, se generarían las condiciones para aplastar de manera definitiva todo tipo de resistencia orgánica en los territorios palestinos.

En el caso de Siria, cuyo régimen acaba de sobrevivir a la salvaje guerra con el Estado Islámico, con un país arruinado, la posibilidad de una guerra con Israel, Estados Unidos, Arabia Saudita  y muy probablemente Turquía, que ya está camino al enfrentamiento con Rusia en Libia, generan condiciones muy difíciles de supervivencia para Bashar el Assad  en este panorama.

En el caso de Yemen, sin duda el país más arruinado del mundo árabe que sufre una guerra atroz entre milicias apoyadas por Irán y los ejércitos de las monarquías petroleras, la intervención directa de israelíes y estadounidenses implica la destrucción segura de estos grupos políticos y en el fondo implica la muerte de millones de personas civiles producto del bloqueo total que llevaría la a finiquitar la hambruna con el saldo inaceptable de 20 millones de muertos, lo que recordaría las hambrunas de la India y China en épocas pasadas.

Finalmente, nos concentramos en América Latina, donde nadie pone en duda que el principal aliado de la República Islámica de Irán es la República Bolivariana de Venezuela y el verdadero problema a confrontar por los órganos de seguridad nacional son evitar la realización de cualquier operación militar desde nuestro país contra ciudadanos y empresas estadounidenses en cualquier parte del mundo, para evitar que se utilice este argumento como excusa para una intervención militar contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Es evidente que será muy difícil pedir moderación si Trump destruye los sitios sagrados del islam de rito chiita, o termina asesinando a los líderes fundamentales políticos y religiosos como el jeque Nasralla escondido en Siria  o el ayatola Alí Jamenei en Teherán. En el momento de redacción de este artículo de opinión ya hay información de ataques cibernéticos contra empresas estadounidenses por hacker iraníes, sin vislumbrar claramente la respuesta estadounidense.

Retomando el tema Venezuela,  hay analistas que dudan de que los 3,3 millones de milicianos logren una disuasión total contra un ataque militar estadounidense en caso de una guerra abierta, por lo cual habrá que esperar en las próximas semanas para ver mejor la posición de Venezuela en este hipotético conflicto militar y económico entre Irán versus Estados Unidos.