La frase de un amigo vasco todavía retumba en mi memoria:

—Gracias, Vladimiro. Hoy es el primer día que, a este respecto, empiezo a creerte.

A lo que yo respondí de seguidas en el chat de WhatsApp:

—Me alegra mucho, espero que eso te lleve a preocuparte y a activarte contra los bandidos que acechan a plena luz del día a la gran democracia española.

El intercambio con mi amigo se inició a raíz de la noticia de que el PSOE y Podemos están intentando renovar el Consejo General del Poder Judicial por un procedimiento que ha sido calificado como inconstitucional y abiertamente destinado a llevar a la partidización a ese importante organismo, responsable, entre otras cosas, por el nombramiento de los jueces. Mi amigo me envío el enlace a una entrevista que le hicieron al periodista navarro Eduardo Inda, aparecida en ok diario (https://okdiario.com/opinion/eduardo-inda-sanchez-iglesias-calcan-plan-chavez-domar-justicia-fulminar-democracia-6277317), en la cual Indra sostenía que “Sánchez e Iglesias calcan el plan de Chávez para domar a la justicia y fulminar la democracia”. Su pregunta específica fue:

—¿Qué te parece Vladimiro?

Y mi respuesta:

—Inda no puede tener más razón. Es tiempo de que los españoles despierten a lo que está ocurriendo frente a sus ojos y que despachan con la frasecita “esto no es Venezuela”. Malas noticias querido amigo.

El diálogo referido arriba es un ejemplo de los múltiples intercambios entre venezolanos y nuestros amigos españoles. Para alguien como yo, que siente a España, y a sus múltiples nacionalidades, como cosa propia y cercana, es un motivo de angustia ver cómo buena parte del mundo académico, al cual pertenezco, que se siente asqueada por los innegables episodios de corrupción política, ha estado dispuesta a darle un voto de confianza a Podemos con el argumento de que nada puede ser peor, y que Podemos representa un espacio de apertura necesario en la política española.

De poco ha valido que uno esgrima las múltiples conexiones que han existido entre importantes líderes de Podemos y el chavismo. Por solo mencionar un ejemplo, la naturaleza oscura de estos vínculos llevaron en su momento a la Universidad Complutense de Madrid a sancionar a Juan Carlos Monederos, profesor de esa universidad, por incompatibilidad de funciones, incluyendo la prestación de jugosas asesorías y servicios al chavismo (https://www.elindependiente.com/politica/2018/03/28/juzgado-confirma-la-sancion-la-complutense-monedero-la-reduce-dos-meses/).  Tampoco han funcionado el análisis del discurso de Iglesias sobre Cuba e Irán, ni de sus acciones de desestabilización de la democracia española, ni la falsedad de sus posturas sobre la “casta”.

Finalmente, espero que no demasiado tarde, muchos españoles están empezando a entender que la corrección de las fallas de la democracia española y la eliminación de la corrupción, que a muchos indigna, no pasa por permitirle el acceso al poder a Podemos Unidas. El paralelismo con la experiencia venezolana de colapso de la democracia y la libertad no es ocioso. Iglesias,  al igual que Chávez en su momento, han depredado de la indignación de la clase media, y del resentimiento de los desplazados. Más grave aún, todo el desmontaje y la destrucción de las instituciones que caracterizaron a la revolucíón bolivariana, fueron realizados meticulosamente a través de medidas como las que en este momento intenta Podemos aliado con el PSOE.

Capítulo especial en estas reflexiones merece la alianza del PSOE con Podemos. Para alguien como yo, que creció admirando la obra de recuperacíón de la democracia española de la tumba del franquismo, donde el PSOE de Felipe González tuvo un rol fundamental, le resulta muy difícil extender una condena genérica a ese partido, a pesar del rol nefasto que José Luis Rodríguez Zapatero ha jugado como comodín del chavismo en la tragedia venezolana. Prefiero pensar que vendrá un momento, pronto, de reevaluar la naturaleza destructiva y anti-natura de la alianza del PSOE con Podemos y que la misma esté acompañada de una revisión del rol del PP y Ciudadanos en recuperar el centro de la política española y protegerlo de los extremismos de VOX y Podemos.

Tiempos muy difíciles para el mundo. Con una buena parte de las democracias occidentales en peligro, incluyendo la de Estados Unidos, y con una pandemia que va a exacerbar las brechas de pobreza y desigualdad en el planeta, es más necesario que nunca proteger los espacios de convivencia racional, como la democracia española, de los enemigos internos que se alimentan de la frustacíón y la ingenuidad de la gente. Es cierto que España no es Venezuela, como en su momento dijeron los venezolanos cuando apuntaban que “Venezuela no era Cuba”, para indicar que lo que había ocurrido en la isla con los hermanos Castro no podría ocurrir en Venezuela. La historia y la tragedia se han encargado de desmentir este tipo de declaraciones inocentes y cargadas de prepotencia. Espero con toda mi alma que España no pase por el mismo proceso que nos tocó vivir a nosotros.


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