Notas políticamente incorrectas sobre la tragedia venezolana 

Hace algún tiempo hablaba con una amiga sobre la situación venezolana y ella me comentó que, si los países europeos del este pudieron liberarse del comunismo, ¿por qué nosotros los venezolanos no podíamos expulsar al chavismo del poder? El colapso del muro de Berlín fue el resultado final de aquel movimiento ciudadano que se llevó a cabo en Europa y sucedió después de 40 años de dictadura comunista, lo cual evidencia que el espíritu de lucha de una sociedad nunca desaparece, siempre está allí, latente, para quien sepa despertarlo.

El movimiento liberador del comunismo en la Europa del este comenzó en Polonia, debido a los esfuerzos de Solidaridad, un sindicato polaco que llevó a cabo una serie de huelgas que tuvieron impacto internacional. El régimen comunista respondió con represión, prisión y torturas y Solidaridad se fue a la resistencia clandestina, lo cual generó una rebelión abierta de la sociedad civil polaca y, eventualmente, la derrota del régimen.

Ver más detalles en:

https://2001-2009.state.gov/r/pa/ho/time/rd/17672.htm, archivos del Departamento de Estado de Estados Unidos.

La sociedad civil tiene mucho poder subutilizado

En el pasado Venezuela ha tenido momentos en los cuales la acción ciudadana, motorizada por la sociedad civil, ha logrado modificar el curso de los acontecimientos. Entre los que sucedieron en épocas modernas podemos mencionar: (1) la rebelión de los estudiantes de la generación de 1928; (2), la expulsión de Marcos Pérez Jiménez del poder, en 1958; (3) la expulsión, aunque momentánea, de Hugo Chávez del poder en 2002, y, (4), la derrota electoral de Hugo Chávez en el referéndum de 2007.

De estos cuatro eventos, tres involucraron abiertos desafíos ciudadanos a la autoridad del dictador de turno, con ingredientes de violencia en las calles. El cuarto fue un acto pacífico, de naturaleza electoral. Los tres primeros tuvieron una significativa influencia en el proceso político y social venezolano. El cuarto fue llamado por Chávez en la televisión: “una victoria de mierda” y anulado posteriormente debido a la repetición del referéndum, esta vez ganado por Chávez, quién se aseguró previamente el total control del sistema electoral.

Los estudiantes que se rebelaron contra Gómez en los años de 1927-1930 no lograron sacarlo del poder, pero sembraron en el país fuertes semillas de amor por la libertad y la democracia, pavimentando el camino hacia el proceso de democratización. Estos estudiantes y sus familias y amigos se le rieron en la cara al dictador, aunque muchos fueron a tener a Palenque o al Castillo de Puerto Cabello y mostraron al país que el rey andaba al menos semidesnudo. Los otros dos movimientos estuvieron caracterizados por la acción armada uno y por una grandiosa movilización ciudadana el otro, las cuales literalmente sacaron a los dictadores de cuajo de Miraflores, aunque, en 2002, la torpeza de algunos civiles y la miopía de algunos militares revirtieran la expulsión de un Chávez sumiso y resignado a salir hacia Cuba con los bolsillos llenos de dinero.

Lo que estos eventos parecen indicar es que las dictaduras generalmente no salen por las buenas. Pocos son los casos en los cuales una sociedad se libera de sus victimarios mediante procesos pacíficos, ya que por su misma naturaleza las dictaduras tienden a perpetuarse en el poder mediante el uso de todos los medios lícitos o ilícitos disponibles, sin recato alguno y sin tomar en cuenta la opinión pública internacional.

Este es el caso de Venezuela. No creo que Venezuela saldrá del chavismo por las buenas. Se necesitará una acción masiva de la población para extirpar el purulento tumor del sistema político y social venezolano. Hasta ahora, la única estrategia que ha debilitado realmente al régimen han sido las sanciones impuestas por otros países contra personeros del régimen y contra sus relaciones comerciales con el mundo exterior, sanciones que – por cierto – algunos lideres “opositores” invertebrados piden eliminar. Las sanciones han actuado como una quimioterapia aplicada al tumor, aunque parece evidente que se requiere una cirugía radical.

¿Cómo lograr que los venezolanos se rebelen contra el régimen y lo expulsen definitivamente del poder, sin que queden células “cancerosas” en el sistema, lo cual sería el caso si se negocia la salida de los narcogobernantes?

¿Es realista esperar tal tipo de acción decidida por parte de un país cansado?  

Es necesario reconocer que las condiciones de la Venezuela de hoy son bastante diferentes a las que existían en 1958 y, aún, en 2007. En aquellos dos eventos, contra Pérez Jiménez y contra el Chávez de 2007, existía en Venezuela un claro reservorio latente de rebeldía. La resistencia contra Pérez Jiménez nunca cesó. De similar manera, la resistencia contra Chávez en 2007 era mayor que la que existe hoy, no por la calidad relativa de los líderes sino porque Chávez pretendía ejercer el control de manera personal, mientras que lo existente hoy es toda una pandilla militar-civil integrada por ladrones, lavadores de dinero y narcotraficantes en control del poder, dispuesta a todo ante una población agotada por el hambre y el sufrimiento para conservarse en Miraflores.

Aspectos estratégicos a considerar

Las semillas de un modelo de resistencia ciudadana siempre están presentes, en mayor o menor grado, en una sociedad. Entre estos ingredientes, pienso yo, figuran:

  1. Una idea. Dicen que no hay mayor fuerza que la de una idea cuyo momento ha llegado. ¿Cuál es la idea? Venezuela necesita expulsar al régimen chavista de raíz, a fin de recuperar su libertad y su democracia, no cohabitar con la pandilla;
  2. Una narrativa que expanda esta idea, de no más de tres o cuatro páginas, no un ladrillo que la gente no lea, como algunos de los planes opositores que han sido presentados en el pasado. Propondría a alguien como Gerver Torres como redactor de una narrativa que inspire a los venezolanos, que les proporcione una bandera de lucha;
  3. La celebración de un evento inicial de arranque de este movimiento de la Sociedad Civil, una especie de Gran Congreso de la Resistencia, con representantes que compartan firmemente esta postura;
  4.  La identificación de un grupo de “apóstoles”, un grupo dedicado a difundir la postura de resistencia ciudadana por todos los medios pacíficos posibles. Se trataría de crear un grupo líder de unos 10 miembros, con un estilo directo de comunicación con el pueblo.

Diferentes audiencias

La Venezuela de hoy puede dividirse en tres grupos principales, grosso modo:

  1. La Venezuela de profundos sentimientos democráticos, 30% de la sociedad;
  2. La Venezuela letárgica, quizás hasta 60% de la sociedad, la cual se encuentra hoy en modo de sobrevivencia, es decir, al nivel de satisfacer sus urgencias primarias (háblenme de comida y seguridad, no de conceptos etéreos);
  3. La Venezuela colaboracionista, 10% de la sociedad, aquellos adeptos al régimen de buena fe o por oportunismo

Cómo actuar en el marco de este cuadro general

El objetivo necesario en el corto plazo tendría que ser incorporar mucha de la Venezuela sumisa al grupo de la Venezuela indomable, tratando de lograr que ello forme la masa crítica necesaria para producir una rebelión abierta contra el régimen chavista. Esto, en mi criterio, no podrá hacerse con el cuadro de liderazgo político existente en el país, en el cual predominan – con algunas excepciones – agendas personales o tribales y donde hay mucha cortedad de visión e incapacidad para hacer los necesarios gestos de grandeza que serán requeridos para salir de la pesadilla actual. Esta tragedia no es nueva en nuestra historia, como puede comprobarse cuando uno lee sobre la oposición a Guzmán Blanco, a Cipriano Castro o a Juan Vicente Gómez, casi siempre consumida por chismes y celos territoriales.

Recordemos lo que nos dice uno de estos seudo-líderes contemporáneos: No le podemos pedir peras al “horno”.

Parecería necesaria la aparición en Venezuela de uno o dos líderes nuevos, quienes refuercen a los pocos irreductibles que ya existen, como María Corina Machado y puedan inspirar a la Venezuela sumisa a trasladarse a la Venezuela indomable. Uno piensa en Luis Ugalde, quien ha probado ser un gran mentor social y espiritual, o en Lorenzo Mendoza, quien tiene intacto su prestigio de líder empresarial exitoso, de sensibilidad social, con la aureola de éxito que atrae mucho a los venezolanos, pero quien – hasta ahora – no ha mostrado interés por lo que seguramente considera una aventura fuera de su zona de confort. Estoy convencido que existe, en nuestra penumbra social, un reservorio de líderes venezolanos a quienes el país le pide aparición, en sustitución de las yuntas de bueyes cansados que se niegan a desaparecer de la escena. Una punta de lanza en este movimiento es ya la iglesia católica venezolana (Conferencia Episcopal).

Es urgente identificar a los nuevos líderes

Es urgente identificar nuevos líderes con capacidad de  convocatoria ciudadana, tanto en Venezuela como en el exterior, grupo que llevaría a cabo una acción redentora e inspiradora, no una labor política cconvencional, como podría serlo bajo condiciones normales de democracia. Esta labor deberá estar esencialmente basada en estrategias de afirmación cívica, de resistencia ciudadana, de llamado a la dignidad del país y de denuncia abierta.

Hay que ofrecerle a la Venezuela del futuro una nueva cara ciudadana.  

Es necesario admitir que esta actividad sería de alto riesgo, habida cuenta de la naturaleza criminal y represora del régimen.  Para minimizar este riesgo sería necesario que las fuerzas democráticas externas (Estados Unidos, Canadá, Unión Europea) afirmaran su intención de intervenir si se cometen actos en contra de una postura caracterizada por la resistencia civil.   

Se podrá argumentar, en contra de esta postura, que Venezuela estará rodeada a corto plazo por aliados ideológicos del despótico régimen venezolano. En efecto, Petro, Lula, Boric, Fernández, son todos de izquierda, hasta extrema, pero todos tienen el común denominador de haber sido producto de elecciones libres, la mayoría (¿Petro?) comprometidos con un sistema de alternancia en el poder que es la esencia de la democracia. Solo forajidos como los de Cuba, Bolivia y Nicaragua pueden ser aliados efectivos del régimen venezolano ante la comunidad internacional, mientras que USA, Canadá, La Unión Europea (y el Papa) podrían reafirmar su conducta de vigorosos defensores de la democracia para Venezuela, intención que se ha debilitado en Europa.

Mi conclusión en este momento, 2023 

La esencia del cambio necesario en Venezuela tiene que ser de naturaleza rebelde, de confrontación abierta con el régimen, basada en una estrategia de resistencia ciudadana claramente opuesta al diálogo y a la negociación, puesto que una postura de coexistencia llevaría a la prostitución de los principios, a hacer eventuales concesiones indebidas que llevarían a la consolidación del régimen.

No es suficiente con que un país sobreviva, sino que, más importante aún, debe sobrevivir con dignidad.


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