Qué sorpresa resultó la visita de la vicepresidenta del régimen al salón en donde se realizaba la 77 Asamblea Anual de Fedecámaras. Y no fue buena, positiva. A más de uno que veía el asunto desde afuera le debió dar urticaria, por lo menos.

El presidente saliente del organismo empresarial estuvo más que complacido y sus palabras tuvieron un tinte bastante político, que era completamente innecesario. No se le critica que haya expresado su opinión sobre las sanciones que ha recibido la cúpula del régimen como presión de países democráticos que desean un cambio para Venezuela.

Debe considerar que este tipo de medidas son las responsables de la debacle que sufren los empresarios e industriales, que cada año ven disminuir su potencial de trabajo. Quizás sea porque tiene la memoria muy corta y no se da cuenta de que el sector comenzó a sufrir mucho antes de 2017 (año en que se impusieron las sanciones), pues la destrucción de la propiedad privada es una de las premisas que manejan los que siguen el modelo cubano-comunista.

Este acercamiento con la vicepresidenta del régimen se puede interpretar como una salida que ven los empresarios para tratar de sobrevivir, como si pidieran un salvavidas para no terminar de naufragar. Es una tremenda ironía, pedirle auxilio al que se ha empeñado en ahogarlos. ¿No se acuerdan de todas las expropiaciones? ¿No han reparado en que nada de lo que les quitaron a sus dueños legítimos ahora sirve? ¿Cuál es la ayuda que pretenden que les den? Si los maduchavistas lo único que saben es importar desde países “amigos”.

La coexistencia de la empresa privada con la pública es prácticamente una utopía en un régimen como este, que no tiene ni pies ni cabeza en cuanto a doctrina o política económica. Los chavistas quieren ponerle la mano a todo, quieren ser dueños de todo por el simple placer de destruir. De eso hay más de 20 años de pruebas, si no pregunten a familias de propietarios como Franklin Brito, y eso por citar un escandaloso ejemplo.

¿Cuáles son las empresas “mixtas” creadas por el régimen que han funcionado como deben? ¿Cuál ha sido el resultado de las estatizaciones de compañías de servicios? ¿Qué esperan los empresarios? ¿Facilidades tributarias? ¿Permisos para producir? Pero si en más de dos décadas los chavistas se han dedicado a hacérselo todo más difícil.

Es cierto que uno de los problemas que requiere solución con urgencia es el económico. ¿Pueden lidiar las empresas con el ambiente cambiario distorsionado que el régimen ha creado? ¿Con la hiperinflación? ¿Quién les va a dar crédito con las condiciones del anclaje bancario?

Nada de esto se soluciona con unas simples palabras en un podio ante decenas de empresarios. Fedecámaras debería saberlo ya a estas alturas. Juntarse con el mayor enemigo que ha tenido la propiedad privada en Venezuela no parece tener sentido.


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