Para el Fondo Monetario Internacional, en la medida que se logre detener la pandemia, las economías podrán volver más rápido a la normalidad. Y la pandemia se podrá controlar solo mediante una vacunación masiva. Según sus cálculos, el crecimiento económico resultante de controlar la pandemia produciría más de 1 billón de dólares en ingresos fiscales adicionales en las economías avanzadas para 2025 y se ahorraría muchísimo en medidas de apoyo fiscal. En su informe publicado esta semana, ese mayor crecimiento permitiría amortizar (y hasta generar beneficios) la inversión pública en vacunas. Para ellos, la mejor política económica que pueden seguir los gobiernos se llama vacunación.

En el mundo hay un claro compromiso y aceptación en torno a la importancia de la vacunación masiva, no obstante, en Venezuela pareciera que las cosas van por un camino diferente.

Varios países de la región han iniciado sus planes de vacunación con las dosis de Rusia y China. ¿Por qué Venezuela, teniendo unas excelentes relaciones con ambos países, no ha podido recibir suficientes para el inicio de un plan masivo de vacunación? Chile está cerca de inmunizar a 60% de su población con la vacuna china, Argentina sigue recibiendo semanalmente miles de vacunas rusas, Uruguay ha recibido las de Pfizer, las de AstraZeneca y la china, y hasta Brasil, con un personaje tan polémico como Bolsonaro, tiene un porcentaje mayor de vacunados que Venezuela (ya van por el 11% de la población). No vacunar o hacerlo muy tarde exacerbará los efectos negativos de la pandemia en la población, aumentando la pobreza y la desigualdad. Recordemos al FMI: aquellos países que alcancen los objetivos de vacunación son los que más rápidamente podrán volver a abrir sus economías.

¿Cuántos recursos necesitaría Venezuela para adquirir vacunas? En el peor escenario (vacunas costosas) se necesitarían cerca de 720 millones de dólares (suponiendo precios de 20 dólares cada una) para adquirir 36 millones de dosis y vacunar a 18 millones de venezolanos. ¿No hay el dinero? Dejando a un lado los ingresos por venta de petróleo (que han estado aumentando conforme se incrementa la producción, según los informes mensuales publicados por la OPEP), el FMI propuso una asignación de DEG por una cantidad equivalente a 650.000 millones de dólares para ayudar a los países a recuperarse de la crisis provocada por la pandemia aportando liquidez adicional al sistema económico global. A Venezuela le deberían tocar entre 4.000-5.000 millones de dólares; pero, como se sabe, ese dinero no le podrá llegar al país por el conflicto político (el fondo no reconoce ni a Maduro ni a Guaidó), entonces ¿por qué no usarlo para comprar vacunas (además de medicinas, alimentos, repuestos, etc.)? También hay opciones de cambiar petróleo (Venezuela tiene inventarios bastante altos de petróleo que no ha podido vender por las sanciones) por vacunas (aprovechando que por ejemplo Estados Unidos tendrá un superávit de vacunas y ya ha anunciado que las donará a otros países). Por otra parte, siguen abiertas las puertas de mecanismos como Covax para tener acceso a vacunas de calidad y a muy buenos precios. La conclusión es obvia: opciones para adquirir vacunas hay, todas esas opciones pueden y deben hacerse en paralelo, lo que pareciera que falta es voluntad política para resolver la situación.

Es preocupante que como sociedad se siga aplaudiendo que la solución a la pandemia sea mantener las cuarentenas, más aún en una economía que tiene 7 años seguidos en recesión, sin presionar por un plan masivo de vacunación. Insistimos, una cuarentena desde la casa, con la nevera llena de comida, planes de TV en streaming y ahorros, es un lujo que tiene una minoría en Venezuela, para la mayoría de la población las cuarentenas no son viables.

Los ciudadanos venezolanos necesitan vacunarse. Si el Estado no puede, no quiere o no lo ve pertinente, debería permitir que la empresa privada traiga vacunas al país. Aquellas personas que quieren esperar por las vacunas que traiga el sector público están en su derecho de hacerlo, pero a aquellas que deseen (y necesiten) vacunarse se les debe dar la libertad de escoger.


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