Con el affaire Directv vuelve a caracterizarse la situación del sistema de medios de comunicación como uno de hegemonía comunicacional ejercida por el régimen chavista.  “Hegemonía comunicacional” es  (según Bocaranda Sardi) un concepto creado por el régimen en tiempos de Chávez y del exministro de Información Andrés Izarra. Fue aceptado sin más al igual que otros términos favorecedores de la narrativa roja.

Caracterizar la situación del sistema de medios de comunicación de esa forma es un error porque no diagnostica ni describe de manera real la situación existente al respecto. Se utiliza el concepto hegemonía de manera indebida.

La función de las palabras y los conceptos es verbalizar con claridad meridiana lo que el emisor quiere comunicar. Otra cosa es que las palabras y los conceptos pueden evolucionar y convertirse en polisémicos, pero nunca hasta el extremo de incluir lo opuesto o diferente al significado original. Esto último es lo que ocurre cuando se utilizan como sinónimos los términos hegemonía y dominación; aunque pareciera que describen una misma situación política (de esa esfera es el origen de ambos y se han extendido a otras actividades), y no es así de acuerdo con sus significados originales. Por eso también es un error referirse al régimen, en su fase actual, como “la Hegemonía”. Ciertamente lo fue en tiempos de Chávez, pero mutó a dominación por la pérdida sensible de apoyo sociopolítico a su gobierno y a su proyecto traducido esto en un enorme deseo de cambio político en la conducción del Estado.

Una hegemonía, por lo general, se construye desde la batalla por la ideas y la legitimidad de un proyecto; en el proceso de construcción, que es complejo y no lineal, concurren la auctoritas, la persuasión, la aquiescencia, la  generación de valores y creencias compartidas. En definitiva se trata de la preminencia del llamado Poder Blando; todo este proceso no excluye que en su gestación, materialización y ejercicio haya episodios excepcionales y coyunturales de compulsión, intimidación y violencia física o verbal.

La dominación se construye desde la imposición, la coacción, la intimidación y la violencia en sus distintas formas y maneras de expresión como regla general; se trata entonces del Poder Duro que no admite desacuerdo o disidencia alguna. Esta clase de gobernanza es propia de los regímenes dictatoriales y tiranías.

Desde sus propios inicios el régimen chavista comenzó su batalla contra los medios independientes y privados por no alinearse de manera sumisa a la narrativa oficialista y   criticar la gestión gubernamental.

Los nuevos despotismos en su afán de controlar y esterilizar a los medios de comunicación usan formas y métodos  más sofisticados: comienzan por cuestionar su objetividad e imparcialidad continúan en escala ascendente poniendo en duda la honestidad de sus editores y comunicadores sociales, los acosan económicamente hasta disminuirlos y sacarlos de circulación, les ponen trabas a su funcionamiento y circulación, legislan para restringir la libertad de información, en no pocas ocasiones acosan y agreden físicamente a sus trabajadores. Como consecuencia de estas prácticas perversas muchos medios de comunicación han cerrado, sobre todo en el interior del país. Hoy quedan pocos medios de comunicación privados, autónomos e independientes. Su capacidad para cumplir con la función que les otorga la Constitución Nacional vigente, la de dar información oportuna, veraz e imparcial, está muy disminuida y en consecuencia también lo está la libertad de prensa y opinión.

La conversión del sistema nacional de medios de comunicación en un monopolio estatal no fue consultada a la ciudadanía, a los dueños de medios, a los comunicadores sociales, a los trabajadores de los mismos ni a ningún sector ligado al sistema. Fue producto de una decisión arbitraria e ilegal del régimen. En resumen, fue una imposición discrecional y por la fuerza.

Por todo lo anteriormente glosado no podemos hablar de hegemonía comunicacional sino de dominación.

 


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