Escribo en domingo, día de la conmemoración de la Resurrección del Cristo Redentor. Dentro de nuestra tradición es el final de la Semana Santa, pero el inicio del cristianismo y su difusión por el mundo entero de la época. Semana extraña de absoluto recogimiento físico en casi todo el planeta y de tiempo para la reflexión profunda sobre lo que  lo que hemos hecho, hacemos y deberíamos hacer de ahora en adelante. Suficiente material para aprovechar el tiempo que nos queda, de la mejor manera posible.

Muchos medios de comunicación abiertos y las llamadas redes sociales  ayudan bastante con la trasmisión sistemática de los eventos más importantes relativos a la conmemoración de la Resurrección del Señor. Bastantes veces acompañados con hechos de los apóstoles y de sus antecedentes, es decir, de las profundas raíces judeo-cristianas originarias de nuestra cultura. Esto significa que no hemos perdido el tiempo, que la falta de playa, de excursiones o de vacaciones personales o familiares ha sido sustituida por un casi que desconocido recogimiento que estoy seguro fortalecerá nuestra fe y la unión familiar. A pesar de todo cuanto significa esta “cuaresma” decretada desde las alturas por los gobernantes del mundo, siento que debemos agradecerlo desde todo punto de vista.

Es cierto que Jesús actuó y predicó sobre la base del amor en todos los sentidos. Pero también para él la justicia tuvo un valor fundamental. No puede haber amor verdadero sin justicia. Tampoco perdón sin justicia, ni entendimientos políticos o sociales sin que la justicia esté presente. Cuando la justicia desaparece abrimos la puerta a la violencia que puede derivarse de la venganza. Debemos evitarlo siempre. En esto no hay debilidad alguna. Hay entereza y apego ortodoxo a los principios y valores que teóricamente han animado toda nuestra existencia. Con estos criterios he seguido muy de cerca las últimas polémicas en el campo de la política nacional en relación con el actuar para lograr la liberación de Venezuela y lo que simultánea y posteriormente debe hacerse con los responsables de la tragedia.

Sin embargo, quiero hacer un alto en estas líneas para expresar mi más profunda solidaridad y el dolor que he sentido por la muerte de un viejo y buen amigo zuliano. Me refiero a William Atencio. Acaba de fallecer en Guayaquil, Ecuador. Me dicen que víctima del corona virus, aunque asomaba algunos problemas previos de salud. Tenía 71 años. Está considerado como uno de los grandes de la gaita zuliana. Excelente compositor y cuatrista de primera. Buen amigo en todas las épocas. Lo conocí cuando él estudiaba en la Facultad de Humanidades de la Universidad del Zulia. Todos los zulianos seguimos los aportes de este maracucho de profundas raíces en la Costa Oriental del Lago, específicamente en Campo Rojo, Tía Juana y Lagunillas.

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@osalpaz


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