El pasado 12 de abril, la bitcoin alcanzó un techo de 63.503 dólares y dos días después inició lo que puede ser su cuarta gran corrección de este año, bajando al nivel de los 55.886 dólares y atravesando su soporte móvil de 50 días, mismo que no tocaba desde julio de 2020.

Al respecto y a propósito, leo el informe del Global Investment Committee de la firma Morgan Stanley Wealth Management, fechado en abril de 2021 y titulado «On the markets, running with the bulls is tricky» (algo así como en los mercados es complicado correr con los toros, si nos atenemos a una traducción literal).

En la página 10 de 21, Lisa Shalet y Denny Galindo exponen su perspectiva sobre la consideración de las criptomonedas como activos residentes en un portafolio a fin de diversificarlo. Shalet es la Directora de Inversiones y Jefe de la Oficina de Inversiones Globales de Morgan Stanley Wealth Management, mientras que Galindo es un estratega de inversiones, acreditado CFA y también de Morgan Stanley Wealth Management.

En opinión de Shalet y Galindo la viabilidad de la criptomoneda como inversión financiera para inversores calificados se consolidó en 2020 durante la pandemia de COVID-19. Shalet y Galindo observan cuatro fuerzas catalizadoras que se han unido en los últimos seis meses para crear un punto de inflexión genuino: 1) una adopción más amplia de billeteras digitales y sistemas de pago, impulsada por la necesidad de modelos comerciales sin contacto durante la pandemia por covid-19; 2) una oleada de liquidez global impulsada por los responsables de la formulación de políticas que ocasionó que la mayoría de los activos tradicionales se valoraran plenamente en un contexto histórico; 3) una lista cada vez menor de activos para diversificación no correlacionados entre si; y 4) los crecientes riesgos de degradación de las monedas fiduciarias y de reserva tradicionales.

Por un lado está la impresión desenfrenada de dinero de los bancos centrales. Por el otro están las tasas reales negativas para el efectivo y los bonos nominados en monedas fiduciarias que se convierten en un castigo estructural para los ahorradores y tenedores de efectivo. El estímulo fiscal agresivo ha exacerbado las cosas, presionando las deudas y déficits nacionales a niveles insostenibles y aumentando las probabilidades de que una mayor inflación se convierta en una herramienta estratégica necesaria para los gobiernos.

Es así entonces que los inversores a largo plazo, los fondos de pensiones y los tesoreros corporativos han comenzado a buscar nuevas «reservas de valor» y la criptomoneda ha surgido como una opción. En 2020, se ha observado que el interés publicitado en las criptomonedas se disparó desde múltiples rincones. En opinión de Shalet y Galindo ese interés constituye una suerte de validación, confianza e “institucionalización” que termina reforzándose a si misma, asegurando que las criptomonedas continúen evolucionando.

Advierten Shalet y Galindo que al igual que con cualquier clase de activos que aún se encuentra en su fase especulativa, existen muchos riesgos, algunos tradicionales y otros exclusivos de las criptomonedas. Tales riesgos orientan los consejos prudentes hacia mantener exposiciones en posiciones pequeñas.

Afirman Shalet y Galindo que su modelo inicial, replicado en espíritu por un estudio del CFA Institute publicado recientemente, identifica los beneficios de la diversificación de la baja correlación de la criptomoneda con otros activos y sugiere que se pueden lograr mejoras en la razón de Sharpe (retorno por unidad de riesgo) con posiciones tan pequeñas como 2,5% del portafolio.

Shalet y Galindo recomiendan que los inversores se eduquen en el tema de las criptomonedas y tengan en mente la materialización de una exposición prudente a las mismas. Para los inversionistas calificados, sugieren comenzar con productos que cotizan en bolsa, preferiblemente aquellos que son de múltiples componentes y que potencialmente acceden a oportunidades de crecimiento a través de una inversión de capital de riesgo  y capital privado en el ecosistema blockchain.

En otras palabras, Shalet y Galindo terminan dándonos el consejo que constituye una de las reglas de oro de Warren Buffett: invierte solamente en aquello que entiendes.

 


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