Rómulo Gallegos y Pedro Emilio Coll fueron dos escritores que en sus momentos interpretaron en el género literario el rol de la juventud venezolana con un subliminal mensaje, que en la novela Reinaldo Solar (1920) sensibilizaría a una generación detenida en el tiempo, de caudillos y dictadores con un presente incierto y un futuro impensable. A la fecha del joven Solar, la Universidad Central de Venezuela estaba asediada por la dictadura de Juan Vicente Gómez. El personaje de Gallegos retrata al buen decir del historiador Reinaldo Rojas (El Universal, «Reinaldo Solar o los que se quedaron·, 13/08/1018) “al venezolano políticamente desorientado por la crisis y desaparición del poderoso movimiento liberal del siglo XIX, consumido por la traición, la corrupción y la guerra”. Ambiente de frustraciones para los jóvenes y un acaudalado como Solar no podía ser la excepción para emigrar y regresar, tomando algunos diálogos de la novela:

“Es necesario emigrar” es la consigna. “Lo decía el brasero sin oficio, el industrial y el comerciante que se afanaban en un trabajo ímprobo, el capitalista que veía en peligro su hacienda, el intelectual que atesoraba los más puros valores espirituales y vivía temeroso de encontrar un día violentada y prostituida su riqueza… Pero, ¿por qué huir? Se trata –dice uno de los personajes– de la teoría de la fuga que no es nuestra ni es de ahora, aunque es tan vieja como la nación. Es una forma de patriotismo negativo. Sólo se manifiesta en renuncia o en despedida».

¿Y por qué se van? Responde otro. “Sencillamente, porque aquello es lo fantástico y esto lo real”… “Somos incapaces para la obra paciente y silenciosa. Queremos hacerlo todo de un golpe; por eso nos seduce la forma violenta de la revolución armada. La incurable pereza nacional nos impulsa al esfuerzo violento, capaz del heroísmo, pero rápido, momentáneo.” Vivimos en una eterna encrucijada… “Creo que nuestro deber está en quedarnos aquí, para sufrir con todo el corazón la parte que nos corresponde en el dolor de la patria, para desaparecer con ella, si ella perece; para tener la satisfacción de decir más tarde, si ella se salva y próspera: yo tengo derecho a este bienestar porque lo compré con mi dolor”…

Carlos Balladares Castillo, analista de la novela, en su ensayo “Reinaldo Solar, de Rómulo Gallegos, o para entender la inconstancia como cultura” (Letralia, abril 10 de 2020) considera que…”Es una crítica a nuestro falso idealismo que se caracteriza por soñar con un país perfecto que se obtiene en poco tiempo y con una acción heroica. De modo que tenemos una nación de mil proyectos que terminan abandonándose, generando un cementerio de utopías chatarras”.

Los citados diálogos galleguianos, a más de cien años de haber sido escritos, tienen una profética vigencia en la Venezuela del 2024, cuando millones de jóvenes se han marchado del país. ¿Por qué? Sin duda por la tragedia política que hemos vivido desde décadas, multiplicadas en tiempo de un militarismo civilista, corrompido y narcotraficante, por lo que otro visionario de nuestra literatura, Pedro Emilio Coll, trazó en su cuento Diente Roto a una dirigencia enmarcada precisamente en ese cuento y leamos…

…”A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente…Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña. Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo…. Llegó el médico y procedió al diagnóstico: -Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible -continuó con voz misteriosa- es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez. …Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar. Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y «profundo», y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. Fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua”…

Para entender el desprecio de los jóvenes de este siglo XXI por la política y el destino del país, es cuestión de releer las obras comentadas a riesgo del ¿cuánto hay pa’ eso? o eso no le interesa al pueblo…

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