Como yo he expresado varias veces que veo un cercano futuro en Venezuela bastante oscuro, más tenebroso que el presente que tenemos, lo que equivale entonces a una tragedia colectiva, me temo que no van a haber las programadas elecciones parlamentarias para comienzos de diciembre. Cualquier persona con un mínimo de razón se estará dando cuenta de a qué velocidad crece el número de casos del virus en el país, en una América Latina que ya es la punta mundial de la pandemia, y de cuyo destino no veo razón alguna para diferenciarnos. Además, cuando pienso en el deterioro criminal de nuestro sistema sanitario, que nunca ha debido ser de excelencia, pienso en las imágenes vistas de Ecuador y Bolivia, aún más que en las más numerosas de Brasil o Chile. En fin, que el coronavirus es abstencionista. Hasta algunos voceros de la mesita, que tienen un hambre insaciable de votos, han expresado sus dudas al respecto. Y no diga usted los ladrones de partidos.

Acabo de leer que en lo que a producción de petróleo se refiere se igualó a la de hace siete décadas. O sea, que nos estamos hundiendo a toda prisa, sin tregua. ¿Con qué plata vamos a comprar las máquinas quemadas y los gastos nada parcos de un proceso electoral de muchos elegibles? ¿Cómo y con qué vamos a hacer campaña que algún volantico necesita, que al menos diga: ¡Vota por Claudio, hombre de palabra!? A menos que Putin meta la mano en el bolsillo. O los chinos. Porque cubanos y nicaragüenses están para que les den, mucho y pronto. Pero se ve difícil este y otros actos dadivosos cuando cada cual anda luchando con sus virus locales y en el horizonte ya se siente rugir el tsunami económico que va a arrasar medio mundo.

Pero supongamos que, nuestros beatos de por medio (si el Papa es comunista, no es de extrañar…), se logra que la naturaleza y la economía nos sean benévolas, milagrosas, pues yo no creo que alguien piense que va a haber mucha gente dispuesta a desafiar el confinamiento y sumarse a las multitudinarias aglomeraciones, la falta de transporte, incorporar los 5 millones de migrantes y en general que se supere el desprecio y la rabia por quienes han prostituido el voto de mil maneras… para hacer una colota y votar por esos insólitos clones de Acción Democrática, Primero Justicia o Voluntad Popular, que es como votar por el Tren de Aragua.

Pero, es más, como ya se ha dicho, supongamos que hay elecciones y con trampas y ventajismos de todo tipo sacan unos cuantos votos como parir una famélica mayoría de la Asamblea. ¿Y? Este es un gobierno en el que la división de poderes es una quimera. Jodieron la Asamblea desde que nació hasta que la partieron en dos con la guardia nacional y unos traficantes. Sobrevivió simbólicamente por un grupo de valientes y sobre todo uno que mientan Juan Guaidó. Aquí encontrar un juez meramente deseoso de hacer justicia en predios del poder es una aguja en un pajar. Y no hablemos del poder moral, un calificativo cínico. De manera que con y sin asamblea vamos a estar con el Ejecutivo haciendo lo que le venga en gana. Y no ahora, desde siempre, para eso están nuestras gloriosas fuerzas armadas, policiales y parapoliciales. Y si algún diputado rezongón queda por azar, que vaya buscando embajada o trocha para el hermano país. De manera que mucho no vamos a perder porque, no olvidarlo, si hubiese alguna traba tenemos la constituyente que no hace sino dormir, pero que puede ser despertada para cualquier emergencia. ¿Dónde andará mi admirado Escarrá, ese verbo florido e inagotable, ahora enmudecido? O el TSJ para casos más rutinarios.

Si alguien pensó que con estas elecciones el gobierno iba a engañar a algunos países democráticos que lo condenan, pues pensó muy mal, porque han sido tan pornográficas las medidas para montar la farsa decembrina que no han hecho sino ratificar su despreciada imagen despótica y no bien tomadas las primeras decisiones han llovido los desprecios y rechazos. Está a la vista.

Lo que yo sí diría es que alguna vez se habló de abstención militante. No de quedarse sentados, callados y ausentes de las urnas. Sí, ya sé que soy algo contradictorio… digamos entonces en la medida de lo posible, si el virus y el hambre lo permiten… o lo propician.


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