Como todo el mundo sabe, España va a celebrar las cuartas elecciones generales en poco menos de 4 años, sin que haya cambiado sustancialmente el problema que los resultados han generado en las tres ocasiones anteriores, es decir, no hay previsiones de que ningún partido obtenga una mayoría clara que asegure un gobierno sólido y las opciones que existen no se ven probables unos pactos consistentes y, sobre todo, suficientes.

Hace cinco meses escribí sendos artículos, “Sudoku electoral” y “Último minuto en el 28-A: acuerdo o derrota total”.

En el primero decía que, por aquel entonces, cualquier resultado electoral era posible, y en el segundo me centraba en esa misma idea, pues el panorama electoral no se había clarificado hacia ninguna opción política y redundaba en que la única posibilidad que en el último minuto podía favorecer un resultado electoral que facilitara la formación de gobierno era un cierto apoyo electoral organizado, en el primero porque daba tiempo y en el segundo forzado con la retirada de algunas candidaturas en la derecha.

Mi tesis era: “Si no se produce ningún pacto entre PP y Ciudadanos, el Senado quedará mayoritariamente en manos del PSOE imposibilitando cualquier aplicación del artículo 155 en Cataluña y el Congreso en manos del PSOE, Podemos y nacionalistas independentistas, cada uno exigiendo lo suyo y lo que les interesa, lo de estos últimos, en grave daño para la integridad del territorio español”.

Por eso propuse que se llegara a un “acuerdo de último minuto, que realmente sería doble, entre PP y Ciudadanos para el Senado y para el Congreso. En el Senado sería retirando parte de los candidatos ambos partidos, dejando tres en total por provincia, en lugar de llevar tres cada uno, y las dos formaciones llaman a votar por los tres acordados. Esto se puede hacer sobre la proporción que acuerden entre las partes que debe tener cada partido y su distribución para elegir cada senador, se debería hacer en función del peso concreto y el atractivo que tenga cada partido y sus senadores en cada provincia.

Está medianamente claro que las dos últimas convocatorias electorales, de abril y noviembre, son producto de la ambición desmedida de Pedro Sánchez, que hace prevalecer el interés personal por encima de su país y de su propio partido. Sin duda, la primera anticipación electoral le vino bien, pero no cumplió su objetivo y es posible que la segunda también le venga bien, aunque según mi percepción eso parecía más posible hace uno o dos meses que ahora, cuando da la sensación de que él y su alternativa política se van desgastando a cada minuto.

En este panorama, que es lo que interesa a los lectores, ¿qué puede pasar? Evidentemente, es posible un aumento electoral potente del partido socialista, aunque cada día parece menos probable. Está más que claro que, de estas elecciones, Podemos puede saltar por los aires, siendo curioso que el apoyo ingenuo y generoso al PSOE ha servido, y con clara intencionalidad por parte de Pedro Sánchez, para destruir con saña y alevosía a los que con lealtad le dieron los votos para ganar la moción de censura contra Mariano Rajoy.

Sánchez se las prometía muy felices robándole la cartera a Podemos y, por ende, volviendo a utilizarlos una segunda vez, y ahora, una tercera en la próxima legislatura para dinamitar lo poco que le podría quedar a Unidas Podemos, para seguir teniendo relevancia política.

Con la opción de Más Madrid que lidera Íñigo Errejón, que parece parte del juego intencionado de división de la izquierda radical española por parte del PSOE, además de ser una ayuda imprescindible para destruir a Podemos, puede salirle el tiro por la culata a Sánchez. Aparte de quitarle votos a Podemos, puede acabar restándole algunos al PSOE y retener a otros que en condiciones normales se irían con el partido socialista pero ahora se quedarán en un campo intermedio, convirtiéndose en un voto de escasa utilidad.

Como todo el mundo sabe, en España, en la medida que los partidos son más minoritarios, su voto se refleja menos proporcionalmente en el número de diputados obtenidos, así puede ocurrir que en determinadas circunscripciones el voto vaya directamente a la papelera.

El centro derecha español, PP y Ciudadanos, en parte junto con Vox, una derecha más clara y radical, fueron netamente perjudicados por la división de los votos en tres fuerzas, por lo que, si vuelven a las mismas, es muy difícil que puedan tener un buen resultado electoral y, sobre todo, se alejarían completamente de la posibilidad de formar gobierno. Cosa que es posible, aunque no es lo más probable, pero no tengo dudas de que si Ciudadanos y PP, a través de la formal suma o la que les dé la gana, tienen muchas más opciones que yendo por separado; si no alcanzan algún tipo de pacto electoral; la opción de conseguir votos suficientes para formar gobierno no es del todo nula, pero es muy difícil. Explico que no es nula porque la globalización y la época digital de la información y la comunicación han provocado que los movimientos políticos y la volatilidad del voto, aun en países con mucha estabilidad electoral como lo era España, ahora se muevan a mucha velocidad y puedan provocar cambios importantes.

Ahora bien, en el contexto que estamos hablando, la unidad de PP y Ciudadanos en un primer nivel conseguiría una mayor eficiencia del voto, es decir, los mismos votos los transformarían en más diputados. Hay quien manifiesta lo contrario, cosa que como parece obvio discrepo totalmente, es cierto que habrá gente de Ciudadanos que al ir con el PP dejen de votar por esa coalición, y viceversa, gente del PP que por ir con Ciudadanos retire su voto al partido tradicional de la centro derecha. Creo que serán pocos, porque los votantes de centro derecha de toda la vida, y en casi todos los países, son tremendamente utilitaristas y votan, aunque sea con disgusto o, como se decía en otro tiempo, con la nariz tapada. Volvemos a hablar del utilitarismo de la derecha, ante una perspectiva de enorme división y la ineficiencia electoral que provoca una desesperanza en relación con una victoria muy improbable, y que, de alcanzar este pacto, sin duda les daría más votos convirtiendo la victoria en algo probable.

Si en esta coalición, además del PP y Ciudadanos, estuviera Vox, ahí es donde el rechazo hacia este partido con una marcada radicalidad política podría dañar la potencia de la coalición de centro derecha y ponerle fácil la campaña a Sánchez. La inclusión de Vox, que está en perspectiva de pérdida de votos, además movilizaría a la izquierda e incluso sería un chollo para que Sánchez consiguiera su mayor ilusión, que no es solo ganar sino destruir a mayor velocidad a su izquierda.

La coalición de Ciudadanos y PP sería mucho más atractiva para quitarle más votos a Vox que si los dos partidos fueran por separado. Respecto al Senado, como ya escribí en los artículos mencionados y he señalado al principio de este, sería un suicidio no ir juntos. En todo caso, de no existir coalición, el PP sería el ganador en cuanto a partido como representante neto y claro de la centro derecha, mientras que Ciudadanos tendría un grave descalabro electoral y Vox disminuiría su apoyo. En todo caso, el éxito del PP solo le serviría para aclarar el espacio político y revalidar su posición como partido principal de la centro derecha, pero no sería suficiente para formar gobierno.