Para mejorar nuestras condiciones de vida resulta sine qua non el cambio político, el cese de la usurpación, unánime clamor colectivo. Se ha perdido la soberanía nacional con la somalización del territorio, ocupado por bandas y mafias que se dedican impunemente a actividades ilícitas. Sin soberanía nacional no puede haber soberanía popular. Superado este aborto histórico, la mejor forma de ocupar el territorio es mediante la actividad agrícola y pecuaria, que aunque no compiten con las telecomunicaciones, la información y el  conocimiento, es la manera más eficiente de fomentar el arraigo y la ocupación de territorio. El apego del hombre a la tierra es ancestral, afirma su gentilicio, apalanca otras actividades económicas y contribuye a la soberanía alimentaria.

En 2019 el BCV certificó el ingreso a la nación de 1 millón de millones de dólares, adónde fue a parar este colosal chorro nos preguntamos y sabemos de sobra la respuesta: a las fauces voraces y corruptas del régimen forajido.

La cifra escandalosa de 17% de desnutrición se traduce en 40% de la población con dificultades de acceso a los alimentos y se calcula que más de 2 millones de venezolanos padecen hambre severa, lo cual impacta a la generación de relevo.

Daremos un vistazo al presente y al futuro que vislumbramos cuando superemos, Dios mediante, la usurpación.

La producción nacional satisface actualmente entre 15% y 20% el consumo de alimentos. Hoy se siembra 20% de las hortalizas que se sembraba hace algunos años, disminuyendo también la calidad. Se llegó a cosechar maíz blanco y amarillo para satisfacer el consumo de la arepa. Hoy se estima la siembra de 120.000 hectáreas, lo cual es insuficiente para abastecer la demanda.

Por 22 años se exportó arroz a Colombia. Hoy la producción nacional abastece en el mejor de los casos 20% del consumo.

El rebaño bovino constituye la mitad de lo que fue, Venezuela no era importadora de carne, salvo algunos cortes específicos para restaurantes.

Por 200 años exportamos el mejor café del mundo, hoy se satisface 30% del consumo.

Lo que estamos comiendo en el presente es lo que se sembró hace 2 meses, 3 meses, 6 meses y el año pasado en el ciclo de invierno. Lo que no se siembra ahora no lo vamos a tener en 2 meses, 3 meses o 6 meses. El campo venezolano a duras penas abastecerá 15% del consumo. No hay recursos para importar el déficit, la política del encaje bancario acabó con el crédito bancario. El régimen arrastró hacia el círculo vicioso de un sector privado cercado e imposibilitado para importar los alimentos que no estamos produciendo en el país, y se le suma la falta de empleos decentes que contrae el poder adquisitivo del venezolano para comprar los alimentos.

En el futuro pos usurpación habrá que generar condiciones en el sistema financiero para que los sectores alimentarios puedan financiarse y arrancar los motores de la actividad productiva. La eliminación de impuestos y aranceles para los insumos y bienes de capital para recuperar la producción interna. No incurrir en el error de los controles de precios. Cancelar la nefasta política monetaria de emisión inorgánica de dinero para hacerle frente al gasto fiscal. Esta impacta sobre el dólar y la subida del dólar a su vez sobre los costos de producción. El sector agroalimentario es la víctima y no la causa del problema. La causa es la política monetaria.

Junto con el rescate de la seguridad jurídica y la seguridad personal, habrá que combatir efectivamente las invasiones como la ocurrida recientemente en la Escuela Salesiana en Barinas. Al mismo tiempo, con el rescate de los servicios públicos colapsados se darán las condiciones para el abastecimiento de todos los venezolanos.

¡Liberen a Maury. No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!


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