Por Lidia Salazar Yndriago

La pedagogía en el siglo XX se aproximó para algunos investigadores como ciencia, arte, saber, disciplina, y cualquier otro aspecto vinculado con la educación, generando sus límites, contenidos y medios para abordar su objeto, encontrando en cada espacio su propia metodología con un sistema y una estructura determinada que la perfilan como estética para el ser humano. En razón del objeto se ha dicho que la pedagogía es un arte, una técnica, una ciencia y hasta una filosofía.

Toda pedagogía es siempre un empeño por realizar principios y valores que caracterizan una concepción del mundo o una filosofía, y hacerlo con conocimiento etiológico, es decir, orientada hacia una concepción pedagógica no solo sustentada en la combinación de contenidos y actividades que propendan a estrechar los lazos con la realidad en la investigación, sino que se involucre con el fenómeno educativo en todas sus manifestaciones y en todas sus implicaciones políticas, sociales, económicas, culturales, entre sus diferentes concreciones y abstracciones, con el objeto de aprovechar al máximo sus proyecciones y orientar nuevos procesos en los aprendizajes para la convivencia, la evolución de las personas y de las sociedades.

La pedagogía debe reubicarse en el acto del contexto del reconocimiento de la subjetividad e intersubjetividad, donde el sujeto regrese a su dimensión del ser, para tratar de entenderlo en la unidad compleja de su pensar, sentir, decir y actuar. En este sentido, el objetivo de la pedagogía está en esclarecer el hecho educativo como fenómeno sociohistórico y pedagógico con el fin de proyectar las necesarias adaptaciones y cambios que el progreso impone, sin obviar los sentimientos que son parte del ser.

Los alcances del problema pedagógico contrastan con la búsqueda de soluciones al desarrollo pleno del ser. La referencia de los contenidos que sirven de estímulo a esta formación está dentro de una cultura, un tiempo histórico, una ideología política, un credo religioso, entre otros. Es la otra parte del alcance del problema. Visto de esta manera el problema pedagógico, conviene interpretarlo, ubicarse siempre en el contexto que le genera vida; así en esta época, la ideología imperante se convierte en una pedagogía integrante del fenómeno educativo.

Pensar en la concepción acerca del aprendizaje es una situación compleja que nos conduce a explicar su ocurrencia en todas las etapas del ser humano. Muchas son las ideas que poseemos sobre la naturaleza misma del aprendizaje, las maneras de cómo aprendemos, el sentido que tiene ese aprendizaje en nuestras vidas, los factores que favorecen en su proceso, pero también lo interfieren. La consciencia debe estar sujeta con la pedagogía sensible.

Toda persona, sin ser especialista en pedagogía, construye a lo largo de su vida representaciones sociales relacionadas con la naturaleza humana y específicamente sobre la inteligencia, esa gran potencialidad de aprendizaje, de reflexión que nos ha permitido adquirir, construir y deconstruir conocimientos sobre aspectos de la realidad, y crear variadas tecnologías, expresiones artísticas, diversos objetos, a lo largo de nuestra historia. Esa capacidad humana de aprender es lo que nos ha permitido transformar nuestra realidad. La educación necesita revestirse de pedagogía. La pedagogía necesita revestirse del aprendizaje. El aprendizaje necesita revestirse de educación y pedagogía. El espacio de los procesos inherentes al ser y su espíritu están marcados por una serie de factores cognitivos y sub(conscientes). Los primeros relacionados con las estructuras orgánicas. Los segundos por las figuras abstractas. Ambos convergen en un mismo fin: el (des)encuentro ante la realidad, cuya concreción está determinada por un tiempo de vida, vida que debería estar orientada por un permanente aprendizaje que permita al ser, ser mejor como ciudadano, ser mejor como estudiante, ser mejor como trabajador, ser mejor como esposo(a), madre, padre, hijo(a), ser mejor humano.

(Des)aprender no es una palabra creada por un prefijo acompañada de un verbo para pretender irradiar lo que algunos llaman un neologismo. En una palabra compuesta para (des)componer las estructuras teóricas “vigentes” que siguen teniendo un alto impacto (des)formador en el proceso de enseñanza y aprendizaje de los educandos al encontrarse descontextualizadas y estáticas en sus referentes y posicionamientos del saber y la pedagogía.

La investigación busca generar acciones individuales y colectivas entre los estudiantes y docentes que propendan a la creación de un ambiente favorecedor del (des)aprendizaje, consustanciado con una práctica mutua que centre sus acciones en las necesidades contemporáneas del querer hacer, del querer volver al conocimiento en vinculación con su tiempo, con su espacio, con las necesidades auténticas de vida. El motor impulsor de la acción del individuo, su fuerza motriz fundamental es la motivación, la cual desencadena su interés por adentrarse en los caminos del saber teórico y práctico que tiene como propósito el enfrentar de manera resolutiva los problemas que puedan surgir en su entorno natural y social, para lo cual, precisamente, el ser humano se educa y capacita en un proceso de intensa e incesante transmisión, acopio o almacenamiento, retención, consolidación y enriquecimiento progresivo de información para su comprensión.

Asimismo, el incesante flujo de información alcanza su objetivo educativo y pedagógico sólo cuando el mismo se ajusta a las potencialidades biológicas y genotípicas de desarrollo y a las perspectivas que respecto al mensaje transmitido tiene el propio educando, constituyendo el logro de un equilibrio apropiado entre ambos aspectos, es decir, equilibrio entre teoría y praxis.

Ante ello, la pedagogía en el siglo XXI se aproxima para algunos investigadores como ciencia, arte, saber, disciplina, y cualquier otro aspecto vinculado con la educación, generando sus límites, contenidos y medios para abordar su objeto, encontrando en cada espacio su propia metodología, con un sistema y una estructura determinada que la perfilan como estética para el ser humano.

Así puede considerarse a la pedagogía como teoría de la educación, identificándola con la filosofía en el sentido de entender que ella es para indicar el rumbo en el espinoso camino de la formación del ser humano, mediante una visión del mundo, de la vida y para enmarcarlo en un contexto socio-histórico-político, sin descuidar el desarrollo pleno, específico, que lo determina en todos sus componentes, y que pareciera el centro de ella que debería estar en el ser humano no ha sido lo suficientemente valorado en tiempos de covid-19 y de conflictos políticos.


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