Todos los males que padece el país les son imputados a los medios de comunicación que el oficialismo denomina “privados”, cuando la realidad la conoce el pueblo venezolano víctima de la inopia, incompetencia, negligencia, ineptitud y por último de la irresponsabilidad de quienes tienen las riendas del poder, que bajo la tutela del llamado socialismo del siglo XXI, marxista y mal llamado bolivariano, se ha convertido en una verdadera pesadilla.

No hay día en el que Maduro, ministros y funcionarios del Estado no señale a la prensa independiente, cuando todos sabemos que el  tan cacareado “poder mediático” del que acusan a la oposición descansa en manos del gobierno, que además de VTV, TVES, TVAN y otras televisoras regionales y comunitarias, cuenta con una inmensa red de medios impresos a la cabeza con los diarios Ciudad Ccs, El Correo del Orinoco y VEA, que colman todos los espacios a lo largo y ancho del territorio nacional, a los que se le suman más de 800 emisoras comunitarias.

Entonces ¿de que “poder mediático” habla el gobierno y sus adláteres? Se trata simplemente de una excusa, para atacar a quienes se niegan a “poner sus rodillas en tierra”, ni están dispuestos a defender lo indefendible, como admitir la presencia de súbditos cubanos en la mayoría de las dependencias gubernamentales y, lo más grave aún, en el ámbito militar.

No admiten, quienes detentan el poder en este gobierno socialista, marxista y mal llamado bolivariano y comunista, como lo dijo Fidel en una entrevista concedida a VTV, que la función primigenia del periodismo es informar veraz y oportunamente al colectivo nacional y que los periodistas no se deben ajustar a sus caprichosos requerimientos, y mucho menos admitir que quienes los cuestionan se conviertan en censores de su profesión. En otras palabras, en sus verdugos. No hay duda alguna de que la crítica es su más mortal enemigo y la combaten a cualquier precio, bien cerrando un medio como RCTV, o amenazando con medidas punitivas y económicas como las del diario TalCual, hace un par de años, así como El Nacional.

Solo los gobiernos autoritarios imponen su voluntad sobre la Constitución y sus leyes, conculcando los derechos humanos y los procesos institucionales democráticos. Lo lideran casi siempre caudillos que luego arbitrariamente pretenden enquistarse en el poder eternamente, tal como lo pregonaba a todo gañote el finado y eterno huésped del Cuartel de la Montaña y que pretende emular con el trinar del ave que revolotea en su cabeza, el avenido ilícito inquilino actual del Palacio de Misia Jacinta, Nicolás Maduro.

Molesta a quienes por espacio de 21 años mantienen latente el mismo discurso, lleno de mentiras a punta de leyes y arbitrariedades, justificadas con el fin de darle “la victoria a un pueblo redimido”, gracias a su “comandante eterno” que con sus fantasiosos discursos mantuvo expectante a las masas, entretenidas, con un circo diario para no dejarlas pensar en que sus problemas siguen sin resolverse.

Les molesta a estos seudorrevolucionarios del siglo XXI, que se oculte la realidad de la tragedia que vive una nación que siendo rica, vive en extrema pobreza y en manos de una desbordada delincuencia, que día a día cobra la vida de cientos de jóvenes cuyos cadáveres colman los espacios de las morgues en todo el país. Les molesta que se den a conocer las cifras del desempleo; el desabastecimiento; corrupción y de todos los males que aquejan a sus ciudadanos esperanzados de una vida en paz, armonía y tranquilidad, de cuyos males permanentemente culpan al imperio de Estados Unidos.

Les molesta que se denuncie la irresponsabilidad de quienes, creyendo que el poder les será eterno, están sembrando una estela de odio y resentimiento, amén de haber creado una cultura del ocio, olvidando que la división de una sociedad es un proceso –según algunos sociólogos– que una vez iniciado no tiene vuelta atrás. Ojalá estén errados. Pero lo que sí es cierto, es que una sociedad llena de resentimientos es una sociedad enferma y que es doloroso y lamentable que quienes la causaron, sigan actuando sin vergüenza alguna y sin importarles el daño que están ocasionando.

Les molesta que en los medios de comunicación a los que califican de estar vendidos al imperialismo, se critique la demagogia y el populismo en todos los escenarios en los que actúan, y ahora casi a diario con aburridas cadenas nacionales por TV y radio, en las que pretende Maduro emular a su “muy querido padre putativo”, pero abusivamente y sin la prosopopeya que adornaba a su mentor político, lo que hace más difícil ingerir a sus seguidores, con quienes busca alcanzar la empatía desconociendo que estos no entienden de políticas macroeconómicas, seguridad jurídica ni relaciones internacionales, pues solo buscan sobrevivir cada día.

Los escuchamos y seguiremos escuchando el mismo discurso, con el “pendrive” colocado en su cerebro, prometiendo realizar reformas integrales para sacar al pueblo del estancamiento y atraso, sin dejar de lado su encendido verbo para atizar la odiosa división entre” los ricos y los pobres”. El mismo mensaje que sin rubor ninguno Maduro, Cabello y otros capitostes transmiten a diario por televisión y radio, con la voz e imagen del fenecido “comandante supremo”, para hacer creer a sus conmilitones de que “Chávez vive” y que “la lucha sigue”…, claro que vive, pero atormentando a millones de venezolanos que no votaron por su funesto heredero político.

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