Venezuela, Maduro
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«Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de la calamidad pública: la ignorancia y la debilidad» SIMÓN BOLÍVAR

La mitomanía, tendencia que tiene una persona a mentir sin parar, es la única enfermedad que no padece o sufre el enfermo, pues por el contrario, más bien la disfruta.

En el caso del mitómano, la mentira es el pan nuestro (suyo) de cada día. «Suyo», porque es él quien miente, y «nuestro», porque somos nosotros quienes tenemos que escuchar sus recurrentes mentiras.

Suele ser común que la gente pregunte: ¿qué busca el mitómano con sus continuas mentiras? La respuesta es muy sencilla: busca aparecer ante el resto de los mortales como mejor persona de lo que es.

Estudiosos de la psicología afirman que la mitomanía o la mentira compulsiva es un trastorno conductual perteneciente a la categoría de las adicciones comportamentales, es decir, una adicción a mentir.

Explican que la adicción no conoce de género, raza o partido político. Una persona puede ser adicta a la mentira independientemente de la profesión a la que se dedique.

Indican, asimismo, que caracteriza al mitómano o mentiroso compulsivo la necesidad de ser el centro de atención y despertar admiración en los demás, pero hasta ahí llegan sus aspiraciones, por cuanto la mentira es algo instrumental y no un fin en sí misma. El mitómano no puede controlar la mentira, no puede planearla, si no que le sale en cualquier momento.

Las consecuencias que se derivan de lo anteriormente indicado es el aislamiento social, empezando por sus familiares y amigos, que cada vez le van creyendo menos, de forma que al final no le creen nada.

Juan Moisés de La Serna, doctor en psicología, docente universitario dedicado a la divulgación científica, tratando de ofrecer una visión actualizada sobre las neurociencias y la psicología, refiere que en el mundo y en distintas épocas han existido mitómanos o mentirosos compulsivos, y cita el caso  de Mary Baker , quien se hizo famosa en 1817  cuando apareció en un pueblo inglés, hablando en una lengua incomprensible y asegurando ser la «princesa Caraboo».

Nicolás Maduro recurrentemente demuestra su mitomanía. De seguidas, algunas de sus mentiras:

>> Expresó que fue el “primer presidente del mundo en usar mascarilla y recomendarla”. Y fue Xi Jinping, presidente de China, quien el 10 de febrero de 2020 hizo su primera aparición pública utilizando una mascarilla, calificando al virus como “un demonio”.

>> Manifestó que Venezuela y Cuba son los únicos países que hacen pruebas PCR gratuitas, pero en España las pruebas PCR son gratuitas en la Seguridad Social, y se practican a casos sospechosos de infección por SARS-CoV-2. Y también en Italia, si son solicitadas por la Azienda Sanitaria Locale (ASL, por sus siglas en italiano).

>>Expresó que se amplió y mejoró la calidad de los CLAP, cuando en la realidad ha desmejorado notablemente, por cuanto actualmente la bolsa no contiene azúcar ni caraotas, sino lentejas, pasta, harina de maíz, arroz, aceite, enlatado y sucedáneo lácteo.

>> Dijo que la pobreza general fue de 17%. Pero la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) señala que la pobreza extrema en los actuales momentos se ubica en 79,3% y la general en 96,3%.

>>El mundo ve con admiración la Asamblea electa el 6 de diciembre, enfatizó en cierta ocasión, por ser esta «plural, resultado de una democracia pujante, protagónica y participativa”. Cuando la mayor parte de la comunidad internacional rechazó el proceso por considerarlo como fraudulento.

>> Indicó que ha defendido el Esequibo, cosa incierta, pues luego de más de 23 años en el poder, el chavismo no solo no ha podido llevar a mejores términos la disputa con Guyana, sino que durante varios años ignoró la problemática esgrimiendo que la discusión era un “legado del colonialismo”.

Bueno, para muestra basta un botón.

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