El mundo sufrió un parón con la inesperada pandemia. Conocemos sobre las paradas de las plantas industriales, con su debida programación, para su mantenimiento. Sin embargo, el modo en que se estaba viviendo en nuestro mundo no admitía parada alguna, craso error, se hace necesaria para pensar, evaluar y reorientar el curso de las cosas. Contrario al vivir desenfrenado como si el mundo se acaba mañana. El planeta pagaba las consecuencias y hasta los glaciales comenzaban a derretirse.

Llegó la pandemia y el mundo se paró y no pasó nada en el sentido que se demostró que esta máquina incesante frágil puede pararse.

La lección aprendida es que hay que parar de cuando en vez para producir pensamiento, reflexión y reprogramación. Tiempo para discernir, como bien decía san Pablo VI, sobre los signos de los tiempos y alinearnos con la verdad para desterrar la mentira que enormes males ha causado.

Le preguntaba a un amigo muy cercano, un gerente de clase mundial, sobre cuáles cambios vislumbraba en la gerencia de las corporaciones y al respecto me comentaba que los equipos de trabajo pasarán de 100% de reuniones presenciales a 80% por la vía digital y solo 20% físicamente.

Los viajes de los ejecutivos se van a reducir muchísimo, solo a lo estrictamente indispensable. Esto redundará en ahorros de pasajes, hoteles, viáticos.

Mi amigo también pronostica que los talentos requeridos para gerenciar serán algo distintos, aunque siempre estima que lo clásico prevalecerá: fijar objetivos, trazar estrategias, tomar decisiones, implantarlas y hacerles seguimiento. Solo así se garantizarán resultados. La falta de reunión frecuente y presencial con tu equipo de trabajo conlleva importantes implicaciones en la cultura de trabajo, poder transmitir valores, visión del negocio y el propósito de la empresa. Eso será más lento a través de los mecanismos virtuales.

También me aportó un dato interesante, antes de la pandemia solo trabajaban aproximadamente 10% de personas desde la casa y hoy se estima que el efecto permanente será no menor de 50% de la fuerza laboral desde la casa. Esta realidad permitirá una mayor inclusión laboral-social de gente discapacitada, un efecto muy positivo.

Estoy persuadido de que un factor fundamental en toda precrisis, crisis y poscrisis es la resiliencia humana, que permite actualizar constantemente nuestras capacidades para garantizar la subsistencia.

Llegamos al covid-19 con déficits de recursos, capacidades y determinación, que llevaron a la destrucción de vínculos sociales e hizo estragos en las economías regionales.

El mundo clama por certezas ante la pavorosa crisis de credibilidad por lo que resulta obligante reconstruir la confianza. Clama por una gobernanza internacional colaborativa, con inventario de capacidades instaladas y las debilidades a atender. La manipulación de la información en desmedro de la verdad impacta los vínculos de confianza entre los ciudadanos y gobierno.

Se ha revelado una crisis de representación política en los sistemas democráticos y el ocultamiento de información en los sistemas autoritarios, con el saldo de pérdida de confianza en las instituciones.

La responsabilidad ciudadana se activa con compromiso social transparente y auditado, de nada nos sirve una sociedad-red que forma comunidades hiperconectadas pero distantes de su entorno. La clave es volver a generar confianza y reconstruir lazos sociales transparentes en las diferentes situaciones. Reconstruir en cada paso el vínculo que está roto, el más difícil de reparar.

Aspiramos a un mundo global unido y con futuro, en el que se construyan comunidades más inclusivas.

Liberen a Maury. ¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!


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