Por muchos años escuchamos decir que Venezuela era un país rico porque tenía petróleo.

Una de las críticas que hacía Chávez a la mal llamada “cuarta república” era lo referente al rentismo petrolero, lo que suponía un cambio de paradigma.

Lamentablemente, eso no sucedió. Por el contrario, Venezuela se hizo cada vez más dependiente del petróleo, Chávez y los venezolanos se “emborracharon” con la última bonanza petrolera y se afianzó aún más el rentismo.

Con la caída del ingreso petrolero, sus herederos conservaron el mismo sistema rentístico y se dedicaron a la voraz y ecocida industria minera, con las terribles e irreparables consecuencias en nuestro medio ambiente, todo esto en beneficio propio, sin ningún saldo positivo para la población, solo destrozos y violencia en el sur de nuestro país.

Es inevitable pensar cómo en la mayor época de bonanza petrolera estos bárbaros que nos desgobiernan destruyeron el sistema de producción de un país entero, así como nos preguntamos: ¿Cuánto hubiésemos podido hacer en la actual situación con los ahorros de una bien manejada bonanza?, lo que seguro sí hicieron países como Noruega, por citar un ejemplo.

Sin embargo, a quienes sostienen que el colapso económico puede producir lo propio con esta autocracia, les recuerdo que los cubanos tienen años con una hecatombe económica sin que ello haya producido la transición, y ese y no otro es el modelo copiado por los funcionarios del “régimen madurista”. También tenemos el caso de Zimbabue, en el cual pasaron más de 30 años, solo por mencionar par de ejemplos.

Lo cierto es que las grandes transformaciones sociales y políticas se producen en sociedades pujantes, no en sociedades hambrientas, en las que los “gobernantes” se aprovechan para atornillarse por medio de la represión y del control social.

Luego de 21 años de gobierno socialista, durante el cual se ha retrocedido 36 años en lo que a reservas internacionales se refiere, con deleznables servicios públicos, escasez de gasolina y de casi 7 años en depresión económica, que suman 70% de caída del PIB, 2 años en default y 28 meses en hiperinflación, el régimen insiste en el mismo modelo económico fracasado.

Venezuela tiene un potencial tremendo, no solo por el petróleo y unas tierras benditas, sino que poseemos un potencial mineral incalculable, las naciones de primer mundo lo saben, he ahí la importancia en la geopolítica mundial de nuestro país. Además, hay muchísimas empresas que invertirían en Venezuela con la sola expectativa de crecimiento económico en un clima mundial de recesión.

Entre las medidas económicas que hay que tomar en lo inmediato y que no nos cuesta un solo bolívar están: pagar las deudas de las empresas del Estado con sus acciones y reducir el encaje bancario para restablecer el crédito bancario.

Por ello, como leía de manera acertada a la doctora Adriana Morán (@NuevaTec47): “El único momento adecuado para dar por terminadas unas negociaciones en política es cuando se ha alcanzado el objetivo. No importa cuántas veces se fracase. Es obligatorio insistir cuando está en juego la supervivencia de tantos”.

Finalizo haciéndole un llamado a todos los venezolanos de buena voluntad, pero sobre todo a los dos extremos en pugna, que depongan sus intereses personales y por primera vez piensen en el país, en nuestro pueblo, y eviten que la tragedia pase a otras dimensiones. Porque un país es más que un hombre, grupo o proyecto. No hacemos nada con una “dirigencia” política echándose la culpa los unos a los otros. Ya lo decía en mi artículo anterior: si no eres parte de la solución, simplemente eres parte del problema.

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