Desde el primer grito de nuestra Independencia, nos hicimos República gracias a la imprenta. La Gaceta de Caracas inició el camino en 1810, y, desde entonces, ha sido parte del desarrollo de nuestra nación. Hoy, por motivos unidos al régimen, de cierta manera, hay una memoria hemerográfica del país, en franco peligro de extinción. Las grandes colecciones están camino a la destrucción en las entidades públicas antes especializadas.

Los siglos XIX y XX supieron de numerosos periódicos, revistas y pasquínes multiplicados según las parcialidades en pugna. Las guerras civiles, pero también la posterior estabilización democrática, consagraron a la prensa escrita como la formidable tribuna, acaso, con mayor penetración que las actuales redes sociales, entendidas en una ancha brecha digital; sin embargo, el historiador más riguroso sabe distinguir entre las fuentes más sobrias y confiables para indagar aquellos hechos recogidos, fidedignamente, por los diarios. El Nacional, hoy por hoy, uno de los periódicos más confiables para darle alcance al futuro y resguardar nuestro pasado.

Estas construcciones temporales significan retratar con extrema fidelidad el presente. Consecuente con otra tradición, no otra que la verdad, El Nacional corre con todos los peligros de la hora, como le ocurre al pueblo venezolano. Dar cuenta e interpretar lo que ocurre, constituye un riesgo extraordinario, un compromiso que, a la vez, nos inspira para seguir con la lucha. No desmaya en su optimismo, que es optimismo fundado, cuando trae a colación. día tras día, las calamidades que aquejan a Venezuela, y ofrece, junto con la información, perspectivas de sus diferentes colaboradores. Hace hemerografia de futuro, señalando senderos.

Es indestructible el legado de Miguel Otero Silva, y el régimen no encuentra maneras de aterrorizar a quienes lo construyen a diario y a quienes lo leen. El Nacional sobrevivió a las peores circunstancias del pasado, y lo hará de nuevo ahora, tan comprometido con la libertad y la democracia. Por ello, El Nacional será decisivo en la etapa del postsocialismo con las nuevas herramientas al luchar contra la desinformación que genera el uso inadecuado de la tecnología y la globalización.

Hoy debemos usar nuestra voz en defensa de la libertad de expresión porque, gracias a medios de comunicación escrita como El Nacional, el mundo ha logrado conocer e informarse de lo que acontece; en nuestro caso, dar a conocer lo que vivimos a causa del régimen. Este régimen intenta seguir monopolizando la información que se genera en nuestro país y que, además, usará todo lo que tiene a su alcance para lograrlo, arropándose en una legalidad que los que vivimos acá sabemos que no existe.

El Nacional ha sido testigo no mudo de todo lo que ha acontecido hasta ahora en el país. Venezuela y El Nacional resistirán los embates del régimen, insistirán hasta lograr el objetivo y persistirán en la búsqueda de un futuro donde la libertad de expresión no sea la prerrogativa de unos pocos sino el derecho de todos.

@freddyamarcano

 


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