La dictadura de la antigua Alemania comunista levantó un muro para separar a sus ciudadanos de sus hermanos de la otra Alemania y del mundo occidental. La dictadura terminó cuando los hombres y mujeres de aquella región de Europa  derrumbaron el odioso muro de Berlín.

En Venezuela el chavismo ha levantado un muro de represión y control social para separar a la familia venezolana. El Muro de Maduro no es, por ahora, como el de Berlín, de  hormigón. En la frontera con Colombia han cerrado los puentes que nos unen físicamente utilizando estructuras metálicas, tipo container. No debe extrañarnos si en algún momento surgen, además, alambradas u otro tipo de obstáculos físicos distintos a los policiales, militares y seudolegales, que han levantado para contener a un pueblo, ya de por sí afectado por la miseria producida por  el socialismo chavista.

El muro más infranqueable de Maduro es la soberbia y el tozudo empeño en imponerle a la sociedad su arbitraria presencia, en compañía de la camarilla que durante 20 años ha saqueado y destruido a la nación. El muro físico de Maduro son las armas de la República y las de los grupos criminales, establecidos para sostener en el poder a la cúpula depredadora. Ese muro existe en cada ciudad, pueblo, barrio o caserío de nuestro país.

El gran desafío de nuestra sociedad es derrumbar ese muro. Es abrir las alamedas de la libertad. Lo que está planteado en este momento no es elegir funcionarios legislativos o ejecutivos para cubrir espacios en la nomenclatura del Estado socialista.

Lo que está planteado es recuperar la libertad. Nuestra sociedad está tan afectada por el largo periodo de autocracia, por la miseria, ruptura familiar y dolor creado, que no tiene motivación alguna para  entrar en una disputa de egos, aspiraciones y contradicciones en el seno de la sociedad democrática.

Es una banalidad seguir discutiendo sobre la originalidad de un planteamiento, sobre la pertinencia de un modelo político o económico, sobre la preeminencia de un partido, de una persona o liderazgo.

No se trata de desconocer estos importantes elementos y factores presentes y gravitantes en la vida de nuestra sociedad. Se trata de colocar en esta hora de la nación, como prioridad de toda nuestra actuación el rescate de la libertad, vale decir la demolición del muro de la arbitrariedad, la muerte y la miseria que se encarna en la persona de Maduro.

Al tener ese objetivo como el central de todo interés legítimo y de toda acción  política, entonces debemos concurrir con modestia y disposición a  reanimar la voluntad ciudadana, capaz de echar al suelo el odioso muro.

Abiertos los cauces de la liberación nacional habrá espacio para el rescate y accionar de los partidos, para el debate de los modelos culturales, políticos y económicos que vamos a impulsar, para los liderazgos disponibles y por surgir para la conducción del Estado y de las diversas organizaciones de la sociedad.

Es hora, entonces, de impulsar la concurrencia a la lucha para derribar el muro. Que cada ciudadano, dirigente, organización o grupo existente se coloque en plan de aportar fuerza y acción en una sola dirección.

Una fuerza concentrada y direccionada a la destrucción del muro podría lograr el rescate de la libertad. Es hora de abandonar las luchas estériles, la aplicación de fuerzas divergentes. Las mismas no ponen en riesgo ese muro. Centremos nuestra energía, nuestros recursos, nuestra voluntad en empujar todos en una sola dirección. Solo así derrumbaremos el muro de Maduro y restaurar la democracia.

La lucha planteada debe contar con la activa participación del pueblo venezolano. Tanto de los que residimos en el territorio de la República, como de aquellos que han tenido que abandonarlo, buscando sobrevivir a la tragedia socialista.

El primer paso para concretar cualquier acción es la firme convicción interior de cada ciudadano, de rechazo al modelo del “socialismo del siglo XXI”. Luego, la decisión de manifestar ese rechazo.  La iniciativa de efectuar una consulta plebiscitaria, para ordenar el cese de la usurpación,  constituye una oportunidad para hacer efectiva dicha decisión.

Efectuar esta  consulta no tiene por qué ser incompatible con otros planteamientos que sectores de nuestra sociedad, formulan y solicitan para lograr el final de esta oprobiosa situación. Trabajemos esa propuesta (la de la consulta plebiscitaria)  sin la pretensión de presentarla como la batalla final o definitiva, sino como una fundamental en la dirección de lograr la libertad. Puede llegar a ser definitiva, puede tener un efecto desencadenante hacia otros eventos capaces de resolver la situación, y en consecuencia rescatar el Estado de Derecho.

La ventaja de la consulta plebiscitaria es que su éxito depende, fundamentalmente, de la capacidad de unificar nuestras fuerzas en la sociedad democrática. De nuestro espíritu de lucha y de nuestra auténtica voluntad de poner por encima los intereses de un pueblo sufrido. Si todos empujamos contra el muro podemos abrirle el boquete por donde se abra el cauce de la libertad.

Ciertamente necesitamos la ayuda del mundo democrático. Como se ha afirmado, solos no podemos. Pero no podemos esperar que vengan a auxiliarnos, si nosotros ni siquiera expresamos el rechazo al régimen y, por el contrario, buscamos hacerle el juego en sus burdas maniobras políticas para el control ilegítimo de los poderes del Estado.

No podemos quedarnos inertes esperando que otros vengan a resolver nuestra tragedia. Nosotros podemos pedir auxilio, pero estamos obligados a ofrecer nuestro concurso, más allá de lo que ya hemos dado. La comunidad internacional decidirá la forma y momento de la cooperación dispuesta a ofrecernos.

Hasta la fecha en que escribo esta nota, la comunidad internacional ha expresado en diversas ocasiones su exigencia de unas elecciones presidenciales y parlamentarias libres, como el paso inicial para resolver nuestra situación.

De modo que, ante la negativa del gobierno usurpador a efectuar esas elecciones libres, la propuesta de la consulta plebiscitaria constituye una forma de protesta legítima, pacífica, constitucional, y una manifestación de voluntad que comporte una decisión, un mandato, que están obligados a acatar los que disponen de la capacidad física para hacerla valer.

La consulta es una estrategia que debería unirnos a todos. Una forma como todos y cada uno de los ciudadanos le daremos “un martillazo al Muro de Maduro”.


La democracia muere cuando hay censura. Hoy tú puedes ayudar a mantener el periodismo independiente solo con USD 3 al mes. ¡Aporta y sé parte de la solución!


amex logo Master Card logo PayPal logo Visa logo Zelle logo