Por Maria Margarita Galindo

Leer el discurso contenido en el documento del Manifiesto Liminar de 1918, y encontrar similitudes con la actual realidad universitaria latinoamericana es un asunto de cuidado e importancia que debería causar gran preocupación en su contenido y su relación con la actual realidad, pues es fundamental saber cómo se llegó a este escrito que impacto a la sociedad de la época.

El Manifiesto Liminar es básicamente un documento público impulsado por los estudiantes de la Universidad de Córdoba que integró a los estudiantes latinoamericanos en razón de la lucha contra un sistema universitario signado por la imposición del poder aristocrático y eclesiástico de la época.

Para 1918, año en que el representante de la Federación Universitaria de Córdoba Deodoro Roca redacta el Manifiesto Liminar, la universidad argentina estaba en crisis principalmente de carácter ideológico, con imposición de estructuras autoritarias que solo buscaban el poder para apropiarse del claustro académico.

El Manifiesto Liminar es precisamente una reforma universitaria que los jóvenes argentinos plantearon basándose en los alcances de la universidad a principios del siglo XX con una universidad caracterizada por la carencia de un pensamiento crítico, analítico e independiente que permitiera elementos de un sistema universitario que impulsara el desarrollo de un país, donde lo que predominaba era una universidad promotora del conformismo y el atraso.

Esta situación nos indica que el contexto que caracterizaba a la Argentina en los previos de la gestación del Manifiesto Liminar era un clima en el cual los jóvenes se sentían dominados por una tiranía que oprimía su libertad en todo sentido y la universidad lo reflejaba. Ante ello, vale la pena reflexionar: ¿Puede una universidad sumergida en la tiranía producir verdadera ciencia? ¿Acaso la ciencia, el hacer científico no requiere libertad?

Esa universidad de atraso y subdesarrollo era la universidad a la cual los jóvenes de Córdoba se oponían. El manifiesto es un documento que se distinguía incluso por su carácter visionario pues indicaba el destino de las universidades secuestradas por la tiranía y la opresión: “Dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar Ia enseñanza” (Manifiesto Liminar, 1918). Lo citado hace evidente el objetivo de quienes tenían el poder, su propósito no era otro que neutralizar la verdadera ciencia y mantener así el dominio de la población.

En el contexto, el Manifiesto Liminar luchaba contra el objetivo de dominar a la población, pues los que tenían el poder reconocían el “poder” contenido en la educación universitaria para el dominio de sus ciudadanos. Dentro de esta realidad a ningún sistema de gobierno autócrata, monárquico, totalitario, dictatorial, entre otros; que limite la libertad, la crítica, el pensamiento le conviene tener un sistema educativo contrario a sus ideales de dominación. Una universidad generadora de ciencia que inspire y motive al desarrollo de sus jóvenes universitarios y del país en si será imposible de coexistir con una estructura de gobierno no democrática y esta situación delata el afloramiento del conflicto político-social entre la juventud de Córdoba y quienes ostentaban el poder de la universidad en ese entonces.

En este sentido, es válido reflexionar que no puede haber ciencia donde no hay sentido crítico. Para aquel entonces la universidad se había convertido en un brazo ejecutor de la tiranía y el abuso del poder, pero aquellos jóvenes de Argentina despertaron y elevaron su voz de protesta, cansados de la ausencia del verdadero quehacer universitario, cansados de la seudociencia, cansados de régimen que violaba sus libertades y derechos.

Ante ese manifiesto surgido hace 100 años nos preguntamos: ¿La universidad latinoamericana se ha hecho autónoma de su poder para generar libertad? Verbigracia, es oportuno reconocer que la libertad comienza desde nuestro pensamiento, y la universidad debe ser promotora de un pensamiento libre y crítico, transformador, creativo y científico.

En consecuencia ¿será que hace falta otro Manifiesto Liminar? Necesitamos una región donde predomine una verdadera democracia, una verdadera libertad que no limite el pensamiento y menos la libertad de expresión. En el Manifiesto Liminar, su discurso político y social, engloba lo que podríamos denominar un diagnostico muy certero de la realidad universitaria de también de nuestra época.

Hoy, la sociedad se globalizó, el mundo ya es global pero a nosotros nos falta desarrollo en estas dimensiones, y el Manifiesto Liminar lo advirtió (y lo sigue diciendo un siglo después), tenemos que abandonar prácticas no democráticas del poder, debemos invertir en investigación para producir conocimiento, la figura del profesor universitario debe deslindarse de la práctica del exclusivo dador de clases (peón del sistema, reproductor del discurso del status quo), es necesario que esa figura de docente emigre, evolucione a una formación y figura del docente- investigador. No podemos seguir manteniendo esquemas fijos cuando la educación es un proceso tan dinámico.

Un gran logro en nuestra sociedad seria que este manifiesto se convirtiera en carta de navegación para nuestras universidades, pero para ello se debe retomar el propósito planteado por el manifiesto. Debe ser posible una nueva realidad universitaria que muestre su carácter democrático, libre, impulsora del desarrollo, la investigación, la formación genuina pues el desarrollo de un país está contenido en su educación, por eso es vital invertir y apoyar nuestras universidades y consolidar el docente-investigador como un bastión de la resistencia por la democracia en Latinoamérica a partir del dialogo colaborativo entre nuestras naciones.

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