En el mítico libro El arte de la guerra se puede leer que «al adversario se le combate desde distintos frentes», pero el frente del «exilio» se ha convertido en el único frente. Es vital desenmascarar mundialmente lo que aquí­ sucede, pero ¿y quién va a desenmascarar al régimen en los sectores más profundos y desasistidos del territorio nacional? ¿Quién va a ir a las barriadas y cerros cuando todos se han ido de buenas a primera? Si­ de historia se trata, Rómulo Betancourt, el rememorado político del siglo XX, también sufrió las garras devastadoras del exilio, pero en Venezuela seguían en las catacumbas de la clandestinidad líderes que le hacían frente y no se rendían ante la dictadura. Y fueron dos dictaduras en las que lucharon, pero no se rindieron.

Asimismo, en mayo de 1940, se vivían días en que las horas estaban cargadas de tensión y angustia. Una isla entera temblaba por la avasallante expansión nazi. El primer ministro de aquella época, luego del fracaso de Noruega, dimite a su cargo y asciende al poder un hombre con un historial un poco gris en su currículo, pero, contaba con el apoyo de la oposición dentro del Parlamento y fue el único hombre que advirtió sobre la peligrosidad del Führer. La historia lo conoce por el logro de haber guiado al imperio inglés a la victoria en la Segunda Guerra Mundial, lo vanagloria por sus electrizantes discursos, lo recuerda por sus jocosas frases y su peculiar personalidad, pero Sir Winston no la tuvo nada fácil ese mes de mayo.

Su partido, miembros de ambas cámaras e incluso el mismísimo rey lo adversaron y trataron de sacar del juego por un ilusionista acuerdo de paz en muchas ocasiones, pero este no se dejó. Ese mismo mes buscó la ayuda de un viejo aliado occidental, pero ya era demasiado tarde porque estaba bajo la hipnosis hipócrita del nazismo. Recibió un fuerte rechazo diplomático, pero su temple no se quebró. Luego viaja hasta la tierra de Napoleón confiado y sin preocuparse, pero cuando llega a París se entera de que el Gabinete de Guerra francés no tenía preparado un ejército táctico de reserva y este teme lo peor. Aun así­, luego de estar solo y arrinconado entre desesperantes horas y un titánico esfuerzo estratégico, obtiene la primera victoria que le da un gran alivio y una fuerza imparable para seguir avanzando. El resto es otra crónica.

La historia nos enseña muchas veces a luchar contra un régimen dictatorial y sangriento porque no somos los únicos en el universo que los hemos padecido. Para buscar los métodos, debemos afinar la vista en las páginas de los libros, pues los países del globo han sufrido mil veces peor lo que actualmente padecemos, pero, volviendo al plano actual nacional, resulta sorprendente y preocupante que en las redes sociales cada día se vea más a «líderes» en el exilio y en cartitas de despedida. ¿Qué está sucediendo en nuestro país que hasta de dirigentes hay escasez? ¿Las razones son tan poderosas para marcharse luego de hablar de promesas y esperanzas en una campaña electoral? ¿Solo se luchaba por poder y acomodo? ¿Entonces, la teoría del «quítate tú pa’ ponerme yo» la aplicaron a carta cabal? La patria no llamará a nadie por teléfono ni va a mandar un mensaje al «Direct», porque es hoy que está pidiendo a gritos a sus hijos su ayuda incondicional.

Las naciones no se reconstruyen por correo, ni una dictadura sale con mensajitos. Hay que hacerlo de frente, porque la principal dictadura que hay que sacar es la que habita en nuestra mente. ¿Qué hubiese pasado con Inglaterra si ese hombre no hubiese luchado en «costas y montañas»? ¿Qué sería de Alemania si todos hubiesen renunciado o tomado un break? ¿Qué sería de Japón si luego de las dos bombas todos los sobrevivientes hubiesen huido? Los países se reconstruyen piedra por piedra, paso a paso, sin dejar un día para el descanso. Si­ se aspira a tener un mejor país, primero debemos ser mejores personas. Europa no se reconstruyó sola porque las cosas no llegan del cielo. Solo el agua y en época de verano desaparece.

«El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres…» Hoy nuestro país clama y añora que le rescatemos de los tentáculos de las peores personas que hoy la comandan, porque aquel hombre de Caracas a quien se conoce como el Libertador una vez dijo que «el que lo abandona todo por ser útil a su país no pierde nada y gana cuanto le consagra», pero nunca mencionó nada sobre aquellos que abandonaron su país en las peores circunstancias.

#RendirseNoEsUnaOpcion

@JorgeFSambrano


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