Cuando hablamos o nos referimos al lago de los Tacarigua, generalmente nuestras opiniones e informaciones giran en torno al conocido y extraordinariamente importante lago de Valencia, colocado en el corazón de la región central.

Colocándonos al margen de la importancia y trascendencia  de su presencia en el corazón de toda una cuenca, espacio que incorpora una región con una aplastante presencia de factores humanos, económicos, sociales y políticos comunes.

No es un inmenso pozo de agua dulce, al cual le pasábamos por un costado descuidadamente a través de la autopista regional del centro, las manifestaciones de la problemática que subyace nos obligan en el presente a prestarle atención porque nos podemos caer del viaducto y ahogarnos.

Es muy importante recordar que la cuenca del lago incorpora 4 estados, Aragua, Carabobo, Cojedes y Guárico, en donde reside una población estimada en 4 millones de habitantes, toda una región en la cual sus pobladores han vivido de actividades económicas muy variadas e importantes.

Existe toda una historia prolongada en la relación entre la comunidad y el lago, caracterizada por el manejo irracional de sus capacidades, producto de su utilización como un gigantesco vertedero de desechos industriales y humanos, problemas nunca resueltos satisfactoriamente, quedando en la memoria colectiva la gran pregunta sobre sus efectos sanitarios.

De igual manera, tampoco fue posible detener la desforestación y luego la destrucción de las múltiples unidades de producción agrícola y ganadera desarrolladas en sus inmediaciones, el sistemático crecimiento de la acumulación de agua por la cuenca devoró las numerosas fincas y granjas existentes, con su balance de desempleo, desarraigo y pobreza.

La marcha ofensiva del cuerpo de agua acumulado en la cuenca del lago siguió su camino, apareciendo una nueva y más grave complicación, como consecuencia muy explicable de la recuperación de su espacio natural, porque el agua que va al lago se ha empezado a rebosar inundando su vecindad.

Se ha creado un sostenido proceso de erosión sobre los urbanismos presentes en la periferia, más de una decena de municipios circundan la cuenca, el agua del lago ha alcanzado las viviendas y las inutiliza destruyéndolas luego.

Han pasado los años, casi medio siglo y el abordaje de las soluciones sigue ausente, los remedios emprendidos a nivel local no fueron más allá de la reubicación de los vecinos afectados, pero la solución aún sigue sin aparecer.

¿Y qué nos preocupa en el presente? Además del injusto castigo que recibe nuestra población, que en cualquier madrugada el agua contenida en el lago inunde la ciudad de Maracay, con sus catastróficos efectos.


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