En las páginas 140-141 del libro Las sequías en Venezuela (Fondo Editorial Común, S.A. Caracas, 1975; 176 pp) su autor, Marco-Aurelio Vila, escribe:

«Si en Cubagua hubiera habido agua para regar y formaciones arbóreas que proporcionaran leña (recurso energético), y tomando en cuenta la riqueza pesquera de sus aguas, la isla no se hubiera despoblado a pesar del agotamiento de los placeres de perlas y los daños que le causó un ciclón» (cursivas nuestras).

¿Cuál fue ese ciclón o huracán que impacto a Cubagua? Vila no lo dice. La anterior afirmación la hace Vila dentro del contexto de una cita previa de Antonio Caulín contenida en su libro Historia de la Nueva Andalucía, por lo que fue interesante revisar esta obra para ver si allí hay más información sobre este huracán u otros que hayan pasado por esa zona de las islas caribeñas venezolanas en tiempos de la colonia.

Examinando la obra citada, nos encontramos que el Capítulo III, en parte, está dedicado a Cubagua y allí no hay ninguna alusión a ningún ciclón en esa isla [hemos usado la edición de Historia de la Nueva Andalucía de 1966, publicada en Caracas por la Academia Nacional de la Historia (Estudio Preliminar y Edición Crítica de Pablo Ojer, S.J. Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 81); pp. 192-207]. No obstante, la nota 3 de este capítulo da información sobre otra fuente que nos lleva a la obra de Guillermo Morón Los orígenes históricos de Venezuela (Tomo I, Introducción al siglo XVI) (Consejo Superior de Investigaciones Científicas / Instituto “Gonzalo Fernández de Oviedo”. Madrid, 1954) cuyo primer capítulo (3ra. parte), titulado “Los problemas de la población de Cubagua”, contiene al final (p. 154) información sobre este fenómeno; dejemos que Morón nos lo cuente:

«(…) Conocemos estos pormenores debido a la carta que la Justicia y Regimiento de la Margarita escribe al emperador en 4 de marzo de 1554; dicen: “Ya dimos cuenta de la destrucción i (sic) caída del pueblo de la Isla de Cubagua, por las muchas aguas i (sic) lluvia que sobre el (sic) cayó: por lo qual (sic) se despobló la ciudad quedando solo ocho o diez vecinos para sustentarla». La fecha del temporal anotada por Castellanos [Juan de Castellanos], a pesar de ser testimonio de presencia, es errada; una carta de la Audiencia de Santo Domingo al Consejo, fechada en la capital española el 27 de marzo de 1542, habla de varias noticias recibidas desde Cubagua, por las cuales se conoce que en noviembre de 1541 se produce el temporal que arrasó la isla, motivo por el cual los vecinos se van a Margarita en busca de refugio”» (cursivas nuestras).

No hay más información al respecto: no se habla de cuánto tiempo duró el fenómeno, qué daños causó, etc.; solo se dice que arrasó la isla: ¿qué significa que arrasó la isla? El hecho de que se diga que solo quedaron 8 personas es muy elocuente.

Si este ciclón pasó por Cubagua, tuvo que haberlo hecho por otras islas cercanas como Margarita, Coche, etc. ¿Hay información sobre los efectos de este ciclón en estas islas? ¿O fue algo local de Cubagua? Y si no fue ciclón (huracán), ¿qué pudo haber sido? ¿tormenta tropical o depresión tropical? Es conveniente explicar aquí cuál es la diferencia entre estos tres fenómenos atmosféricos parecidos. La diferencia básica es la velocidad de sus vientos: depresiones tropicales (34 nudos), tormentas tropicales (35 – 64 nudos) y huracanes (mayor que 65 nudos). Los huracanes tienen, a su vez, una clasificación propia denominada “escala Saffir-Simpson” en donde existen cinco categorías, según la velocidad del viento: un huracán de categoría 1, presenta vientos entre 65 y 95 nudos, las categorías 3 y 4 por vientos entre 83 y 95 nudos y 114-134 nudos respectivamente, y finalmente el tope de la clasificación, la categoría 5 con vientos superiores a los 135 nudos.

¿Cómo saber qué fue lo que destruyó a Cubagua en noviembre de 1541, si no hay detalles de los efectos que produjo? Habría que indagar en documentos históricos para ubicar más información, datos, etc., sobre este asunto, si los hubiere, no sólo en las islas venezolanas ya nombradas sino también en otras como Curazao, Aruba, Bonaire, Trinidad, y la costa venezolana. Pero, suponiendo que fue un fenómeno de cualesquiera de los tres mencionados, este sería el registro más antiguo del que se tenga conocimiento de un huracán, tormenta tropical o depresión tropical en la historia de Venezuela. Valdría la pena investigar más al respecto.

Investigaciones históricas de Ricardo García-Herrera y colaboradores aparecidas en 2005 en Journal of Geophysical Research, vol. 110 (D03109, doi:10.1029/2004JD005272), 7 pp., indican, basadas en registros históricos hallados en el Archivo General de Indias (AGI) en Sevilla, la presencia de un huracán en 1672 y otro en 1683 que afectaron a Venezuela (ver su Tabla 3). Aunque estos autores no dan mayores detalles sobre estos huracanes, citan los documentos fuentes del AGI donde ubican la información: el de 1672 se encuentra en AGI México2489, DOC S/N, y el de 1683 en AGI Santa Fe 259, FOLS 207-213.

Del siglo 17 nos vamos al siglo 18. Algunas investigaciones señalan que en los años 1700s la actividad ciclónica del Caribe fue mayor que en los dos siglos anteriores, como los reporta C.N. Caviedes en su trabajo de 1991 “Five hundred years of hurricanes in the Caribbean: Their relationship with global climatic variabilities” publicado en GeoJournal 23 (4), pp. 301-310 (p. 304, Fig. 2) y Ricardo García-Herrera y colaboradores en 2003 en el trabajo titulado “The use of Spanish historical archives to reconstruct climate variability” publicado en Bulletin of the American Meteorological Society 84 (8), pp. 1025-1035 (p. 1031, Fig. 5c)], pero esto hay que verlo con cuidado porque todavía no está claro si esto se debe a un real aumento de la frecuencia de huracanes o una mayor disponibilidad de archivos con información referidas a estos fenómenos. En particular un huracán, de cinco, ocurridos en 1780, conocido como el “gran huracán del año” o “de las Antillas”, según consta en el trabajo de Luis A. Salivia de 1972 titulado Historia de los temporales de Puerto Rico y las Antillas, 1492 a 1970 (Edit. Edil., San Juan, Puerto Rico; 385 pp), es de interés para nuestros propósitos.

El reciente trabajo de Andrea Noria de 2015 titulado “La travesía de San Calixto II: El gran huracán de 1780 en la Capitanía General de Venezuela”, publicado en Tiempo y Espacio, N° 64 (julio-diciembre); pp. 168-218, da cuenta de cómo este huracán afectó a Venezuela (Capitanía General de Venezuela para aquel entonces). En la nota 2 de la página 169 de este trabajo, leemos:

«El bautizo de los fenómenos naturales con el nombre del santo en cuyo día ocurrió el evento resultó una práctica bastante común en los contextos regidos por la religión católica. En el Caribe, el sistema de nombres de las tormentas también se basó en la tradición cristiana. Para el caso del Gran Huracán de las Antillas o de 1780 conocido como San Calixto II, está vinculado con la onomástica del papá Calixto I que se celebra los 14 de octubre por la Iglesia Católica, una de las fechas en las que dicho huracán impactó en el área caribeña, principalmente en Puerto Rico, donde causó daños en Cabo Rojo y Lajas. Se le agrega el número romano II porque otro huracán histórico también afectó al Caribe para la misma fecha (…)».

Este huracán ocurrió entre el 10 y 16 de octubre de 1780 y afectó principalmente al grupo de archipiélagos de menor tamaño localizados en la parte oriental del mar Caribe y una pequeña parte de las islas de mayor tamaño del Caribe insular o Antillas Mayores. Noria dice que fue el primero de categoría 5 (¿cómo se sabe, si no dice cómo se midió la velocidad del viento en aquella época?). El huracán golpea cuando la región vivía una tensa situación política y bélica entre las colonias europeas de ultramar como lo reporta Sherry Johnson en su libro de 2011Climate & Catastrophe in Cuba and the Atlantic World in the Age of Revolution (The University of North Carolina Press. Chapel Hill; pp. 147-151). Además del impacto que tuvo sobre la población civil (más de 20000 muertos), las flotas navales de guerra también fueron impactadas. En Barbados más de 4000 esclavos perecieron, etc.

En Venezuela, los coletazos del huracán se hicieron sentir como nos lo narra Noria, apoyada en documentos revisados provenientes del Archivo General de Indias y del Archivo General de Venezuela. La Guaira y Puerto Cabello fueron los más afectados, incluyendo sus fortificaciones militares. Noria en la página 177 de su trabajo abre las citas referidas a Venezuela, que usa de la documentación revisada, con las siguientes:

«”Los días 12, 13 y 14 del corriente mes se experimentó en toda esta Provincia un recio temporal con extraordinarias lluvias, y viento especialmente en la costa, ajitando (sic) el mar de tal suerte que propasandose (sic) de sus terminos (sic) con furioso impetu (sic), ha causado en las fortificaciones algunos daños”».

«”Mui (sic) señor mio (sic): Ayer tarde avisé a V. S. en cartta (sic) particular aunque por maior (sic) las desgracias que havian (sic) sobrevenido de resulta de un nunca visto mar de leva ue (sic) estabamos (sic) esperimentando (sic) havia (sic) tres dias (sic); pero en especial aier (sic) [14 de octubre]…”».

En su ante-penúltimo párrafo Noria (2015: 191) concluye que:

«(…) De hecho, el poco riesgo asociado a los huracanes condujo a que no se tuviera memoria de este tipo de eventos. Poco antes de su impacto, el ingeniero D. Agustín Crame señaló que «…el fondadero (sic) de la Guaira es bueno, y aunque es una costa sin resguardo no hay huracanes ni vientos recios que lo hagan de peligro». Y de los registros que se tienen al respecto, sólo se manejan casos posteriores a 1780, como por ejemplo durante el siglo XIX los huracanes de 1877 y 1892. En el siglo XX para 1933, 1974, 1988 y 1993».

Y en su penúltimo párrafo Noria de la página 191, concluye que:

«(…) Sin embargo, las condiciones vinculadas con el mismo, como las lluvias y las inundaciones, sí han convivido con estas regiones. Para el caso de Litoral Central también se tienen eventos de flujos torrenciales con connotación de desastre durante los años de 1740, 1781, 1797 y 1798. Esto no significa que antes no hubiesen ocurrido, sino que no se habían cruzado con un contexto vulnerable que permitiese otorgarle un significado negativo. O bien no hay registros al respecto. Las historias locales de cada zona podrían arrojar mayores datos» (cursivas nuestras). Aunque Noria no da las referencias para estos eventos en estos últimos años citados (en cursivas), éstas tienen la connotación de haber sido “vaguadas de Vargas” (ver mi artículo “El 24 de diciembre de 1999: Una Nochebuena en medio de una noche mala”, El Nacional, 23 de diciembre de 2019, https://www.elnacional.com/opinion/el-24-de-diciembre-de-1999-una-nochebuena-en-medio-de-una-noche-mala/).

Es bien sabido que el paso de huracanes por las costas e islas de nuestro país es muy raro según investigación de J. Bye y K. Keay aparecida en Inteciencia en 2008 bajo el título “A new hurricane index for the Caribbean” (Vol. 33, n°8; pp. 556-560): entonces, ¿cuál es la probabilidad de que un huracán golpee a Venezuela? Precisamente los huracanes citados por Noria de los años 1877 y 1892 en el siglo 19, y de los años 1933, 1974 (huracán Alma), 1988 (huracán Joan) y 1993 (huracán Brett) en el siglo 20, fueron los usados por el ingeniero hidrometeorologista venezolano Estatio J. Gutiérrez para, con base a un análisis estadístico publicado en su trabajo “Actividad de los ciclones tropicales sobre Venezuela (1856-2006)” publicado en Terra, vol. 23, N° 34, 2007, pp. 97-127, usando la distribución de Poisson, determinar la probabilidad de que un ciclón tropical incursione en territorio venezolano en una temporada de huracanes promedio (o sea, en un año) (véase su fig. 3.45; p. 107). Este autor la estima en un 4.9%, o sea, de cada 100 huracanes teóricos que se presenten en el Caribe en un año, casi 5 pasarán por nuestras islas y costas (o de cada 25, 1 pasará). Hay años con muchos huracanes en esta región, hasta 11; y hay años con pocos huracanes, quizá 1 o ninguno, pero en promedio ocurren 7 huracanes por año en el Caribe según vemos en la monografía de F. Grosske de 1988, Sobre la circulación general de la atmósfera, la circulación ecuatorial y la “alta venezolana” (Publicaciones de la Escuela de Geografía, Nº 31. Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela; 89 pp.). Otros huracanes que han afectado a Venezuela de una manera indirecta, en el siglo 20, han sido: Hazel (1954), Janet (1955), Anna (1961), Flora (1963), Edith (1971), César (1996), Earl (2004), Iván (2004) y Emily (2005).

Con relación al huracán de junio de 1933, encontramos que Melchor Centeno-Graü en su obra de 1940 Estudios Sismológicos (Litografía Comercio. Caracas, 1940; p. 528) al final de la sección “Notas complementarias” de su citada obra, escribe una cita tomada del corresponsal de Agencia Comercial en Cariaco, de fecha 12 de julio de 1933:

“«Cariaco 6 de julio de 1933. El 27 de junio recién pasado desenfrenóse una furiosa tempestad con fuertes lluvias e impetuosos vientos en esta población y sus inmediaciones que después hemos sabido fue general en toda la región oriental, y como consecuencias, tuvo aquí el derribo de innumerables árboles y muchas paredes y tapias de las casas de esta población. A las seis de la mañana del 28, todavía el huracanado viento continuaba azotándonos terriblemente como para arrancar de cuajo todo cuanto a su paso hallaba; a las 8 fue cesando un poco y principió la inundación más grande que se recuerda en estos últimos años, del río ‘Carinicuao’ llegando a considerable altura dentro de la mayoría de las casas de la ciudad, superando a los años anteriores, y hasta esta fecha, está dentro de la población, paralizando consecuencialmente el tráfico terrestre, tanto de vehículos como de recuas y peatones. Como los caminos quedaron en un estado intransitable, no hemos tenido noticias de lo sucedido en los pueblos circunvecinos, tampoco tenemos informaciones por la prensa, por lo que el correo no llega aquí desde hace algunos días. Nos encontramos en un terrible aislamiento.

Dicen las personas mayores que desde el vendaval del año 92 [1892] no se veía un caso parecido (…)»”.

El huracán de 1933 quizá fue el huracán que más fuerte golpeó a Venezuela en el siglo XX como lo recoge la investigación del ingeniero venezolano José Grases de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Caracas) publicada con el nombre “Trayectoria del huracán que afectó el oriente de Venezuela en junio de 1933” en el boletín de esa academia (1964, vol. 62, N° 2; pp. 9-30).

Anecdóticamente hablando, si a Bolívar le tocó ser testigo del terremoto de Caracas de 1812, y de la sequía de ese año y de la de 1820-1821, ambas presuntamente producidas por el fenómeno de El Niño, también fue testigo de un huracán, no en Venezuela sino en Haití cuando estando allí, preparándose para retornar al país, uno de éstos golpeó a esa isla el 19 de octubre de 1816 no sólo produciendo daños materiales sino también problemas sanitarios debido al brote de tifus y otras enfermedades a las cuales El Libertador sobrevivió [Ver Verna, P. 1980. Petión y Bolívar (3ra. edición), ediciones Presidencia de la República (Colección Bicentenario / Nº 1). Caracas; p. 249].

Y en la era pre-hipánica, ¿qué se sabía de los huracanes? Curiosamente los mayas obviamente sabían de ellos [y hasta quizá pudieron predecirlos (¿)]. De hecho, la palabra “huracán” es de origen maya. En la desaparecida revista Geomundo de diciembre de 1988 (pp. 456-463) hay información sobre el contenido climatológico que trae el famoso códice Dresden (ver artículo “Los huracanes – ¿podían los mayas predecirlos?”). Los investigadores han descifrado que en tal códice hay 27 fechas que van del 21 de mayo de 176 d.C., hasta el 18 de septiembre de 1210 d.C. que podrían estar relacionadas con estos fenómenos.

Quizá este huracán Gonzalo de julio de 2020 no sea tan mortal como si hubiera tenido un nombre de mujer; y no lo digo yo por ser machista (no lo soy). ¿La gente juzga los riesgos de huracanes en el contexto de las expectativas basadas en el género? Esta fue la pregunta que se hicieran Jung y colaboradores en 2014 cuando en su artículo “Female hurricanes are deadlier than male hurricanes” (Los huracanes femeninos son más mortales que los huracanes masculinos) (Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 111, N° 24; pp. 8782-8787), usando más de seis décadas de tasas de mortalidad por huracanes estadounidenses, demuestran que los huracanes con nombres de mujer causan significativamente más muertes que los huracanes con nombres de hombres; sus investigaciones de campo indicaron que esto se debe a que los nombres de los huracanes conducen a expectativas de género sobre la gravedad y esto, a su vez, guía la preparación de los encuestados para tomar medidas de protección. Este hallazgo indicó una consecuencia desafortunada e involuntaria de la denominación de género de los huracanes, con importantes implicaciones para los encargados de la formulación de políticas, los profesionales de los medios de comunicación y el público en general con relación a la comunicación y la preparación de los huracanes.

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@PenalozaMurillo


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