1.-La opinión pública es víctima de un chantaje político que no por evidente es menos repulsivo, según el cual si no se está con el diálogo –en términos venezolanos: las simulaciones de Oslo y de la Casa Amarilla–, se está del lado de la “planta insolente del extranjero” que busca profanar “el sagrado suelo de la patria”.

2.- Sean dichas algunas precisiones: una invasión en toda la regla, con desembarco de tropas incluido para llevarse amarrado a Maduro, no es una hipótesis viable. Solo tres países podrían acordarse en esa materia, Estados Unidos, Colombia y Brasil, y no lo van a hacer: sus presidentes no lo consideran como opción; la opinión pública de esos países no lo admitiría; las condiciones y experiencia de América Latina y el Caribe producirían rechazo a la idea; y militarmente podría ser un pantano. Puede o no gustar esa conclusión, pero así es con los datos que hay disponibles.

3.- El problema es que hay una confusión sobre la naturaleza de las opciones militares y no todas implican invasión. El TIAR apunta a salidas negociadas y al contemplar el tema militar abre las puertas a una diversidad de acciones con participación de oficiales y soldados de otros países sin poner un pie en el territorio venezolano, salvo estilo piquijuye. Ejemplos: una zona de exclusión aérea, un espacio en el cual los países involucrados no permiten vuelos; también puede ser el resguardo limitado de la entrada por distintos puntos fronterizos de alimentos y medicinas; incluso obstrucción de comunicaciones comprendido el ciberespacio; todos estos son mecanismos del tipo referido.

4.- ¿Es posible que esos países actúen de su cuenta sin importar lo que digan las fuerzas democráticas domésticas? Pienso que una decisión unilateral solo sería posible si Maduro y su banda provocan un enfrentamiento en las fronteras de Colombia o Guyana, lo que obligaría a los países a defenderse e involucrarían inmediatamente a Estados Unidos. ¿Puede Maduro jugar adelantado? Es una hipótesis que no descartaría, pero es de un riesgo máximo para la corporación criminal.

5.- Oponer el diálogo de Barbados-Casa Amarilla a una invasión que no va a ocurrir es inventar un muñeco de paja para caerle a trompadas y justificar, con esos diálogos, el abandono de la consigna fundamental de lo que iba a ser el movimiento liberador, resumida en “el cese de la usurpación”.

6.- La alternativa a los falsos dilemas es construir tanto una coalición nacional como una internacional alrededor de un objetivo no negociable: la salida del régimen. Esto significa no colocar, aunque sea a hurtadillas, la idea de que se pueden hacer elecciones libres con el régimen prevaleciente. Esa propuesta llevada a Oslo-Barbados contradice el Estatuto de la Transición, así como la oferta hecha por Guaidó en mejores momentos y las aspiraciones mayoritarias del país.