Las actuaciones del Foro de Sao Paulo están basadas fundamentalmente en una estrategia dirigida  a la desestabilización del hemisferio a través de organizaciones aparentemente democráticas, y que, finalmente, han mostrado su asociación con el crimen organizado, derivando hacia otras, de corte narcoterrorista bajo la dirección de Cuba y de operadores políticos locales cuyos dirigentes han escalado a lo más altos poderes nacionales, de tal manera, que han podido controlar a pueblos enteros y acumular una masa financiera ilegal para el financiamiento del socialismo del siglo XXI.

Este proyecto ha sido diseñado para provocar distorsiones sociales en defensa de los “pueblos explotados”, difundido con habilidosa información y propaganda, basada en argumentos libertarios. En realidad, es un asunto de carácter delincuencial que ha venido usando como telón de fondo un problema utilitario, el supuesto enfrentamiento entre la izquierda y la derecha, induciendo la lucha contra lo que ellos llaman “liberales explotadores e imperialistas”. En realidad, de lo que se trata es de promover el poder global del Estado Oscuro, cuya bandera es la de pretender ser movimientos revolucionarios y poner a capos a dirigir regímenes dictatoriales.

Los pueblos democráticos enfrentan este proyecto con una base frágil a través de una propuesta legal, especialmente constitucionalista para proteger al individuo de los atropellos de un Estado dictatorial, usando solo las armas del diálogo, negociación, defensa de la separación de poderes, el papel del mercado y de la libertad económica; elementos poco efectivos contra el accionar socialista el cual estimula la desestabilización social y económica regional, usando la fuerza militar y paramilitar para mantener el poder donde lo han logrado y alcanzar el poder en otros.

Para dar fortaleza a esa estrategia antidemocrática, el Grupo de Puebla, capítulo del Foro de Sao Paulo, ha estructurado con lo más granado del liderazgo comunista –encabezado por expresidentes iberoamericanos– un frente para exponer sin rubor la necesidad de mantener el poder a toda costa en Cuba, Venezuela y Nicaragua, y la urgencia de recuperar los poderes públicos en Brasil, Ecuador y Bolivia, “para adueñarse del mañana y parar el avance de la derecha conservadora”, apoyados en el fraude electoral, la invasión silenciosa de sus poderes institucionales y militares, con estrategas desestabilizadores operados con dirección cubana, apoyados por rusos y chinos mediante su política de expansión armamentista, financiera y de control,  y ahora complementado con los intereses del islam y de sus aliados.

Interpretando adecuadamente los lineamientos operativos, los movimientos en cuestión atacan sin piedad al llamado neoliberalismo, imperialismo, capitalismo y a los movimientos supuestamente racistas. Pregonan estos argumentos con las caretas puestas y privilegian la falsa discusión sobre la libertad social, y la planificación estatal. Atacan al neoliberalismo –por cierto invención de los populistas socialistas– y desarrollan acciones basadas en la coyuntura internacional, las cuales se focalizan alrededor de la presunta dominación imperialista de Estados Unidos y de la Unión Europea, denunciando la aplicación de sanciones económicas, militares y su influencia política en los conflictos en el Oriente Medio.

Los documentos internos del Foro de Sao Paulo señalan con precisión la necesidad de fortalecer los esfuerzos por la construcción de un frente político y social continental, integrado por movimientos populares locales, apoyados por activistas internacionales que abarquen amplios sectores de la sociedad, reclutando personas de  “los pueblos originarios y afro descendientes”, que no necesariamente actúan partidariamente, pero que luchan en las calles por sus derechos y el ejercicio de sus expresiones culturales. Tarea que debe incluir la motivación a los militantes y simpatizantes de sus partidos en los potenciales países a conquistar, entre ellos a los Estados Unidos a que, como comunidad, se sumen a la lucha y demanda de sus derechos y denuncien la “política injerencista del gobierno del imperialismo norteamericano”.

Diseñan estrategias destinadas a denunciar el endurecimiento de Estados Unidos hacia Venezuela y Cuba, lo toman como un desafío fundamental para los pueblos en su lucha para el movimiento revolucionario latinoamericano abriendo dos frentes de altísima prioridad. La primera “la batalla en Venezuela, cuyo pueblo revolucionario ha demostrado capacidad de lucha y resistencia pocas veces vistas en la historia, frente a las embestidas brutales de la oligarquía apátrida y el imperialismo” confirmando, que la defensa de “la soberanía nacional de Venezuela y el derecho de su pueblo debe ser preservada a como dé lugar”.

El segundo frente de lucha no es para ellos menos importante, su estrategia tanto a nivel regional como a nivel mundial, elementos esenciales para preservar, ampliar y fortalecer la correlación de fuerzas a las fuerzas políticas y gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe. Están decididos “a impulsar contra la pretensión de Estados Unidos oponerse e impedir que este se arrogue prerrogativas fiscalizadoras, irrespetando la soberanía de los pueblos mediante el engendro del intervencionismo imperialista”.

Las crisis actuales, provocadas por la pandemia del virus chino y los disturbios y protestas violentas callejeras se han convertido en el instrumental adecuado para los propósitos de aquellos que desean cambiar el destino político, manipulando las elecciones legislativas y presidenciales las cuales encarnan los objetivos del  Estado Profundo , para imponer un nuevo orden mundial, suprimir las libertades individuales, religiosas, y afectar la economía mundial con objetivos incluso antinaturales.

El narcotráfico ha venido a fortalecer las intenciones mencionadas anteriormente, han superado con creces y ya es historia, el secuestro y la extorsión, se convierten y se ocupan ahora más del negocio que de la política apoyados por el régimen de Venezuela. Dentro de ese cuadro geopolítico, el país está en manos de ese Estado Oscuro. La decisión de desplazar a ese régimen usurpador que ha sido declarado terrorista e invadido por el gobierno cubano, los intereses, del islam, y el expansionismo ruso y chino determinan escenarios pesimistas. El venezolano común tiene la sensación sentida que su situación de supervivencia empeora cada día. Obviamente, el coronavirus, agrava aún más la situación y lamentablemente, han aparecido nuevos sentimientos de frustración ante la humillación a la cual es sometido, a las dádivas, y el maltrato cuando mendingan los servicios públicos, especialmente el suministro vital de la gasolina.

Como salir de la trama de un sistema importado, que tiene características globales que manejan otros y que ha penetrado las estructuras del estado venezolano con mafias criminales y un ejército con poder ampliamente pervertido. Un sistema que se generalizó, es continental, pisa terreno europeo, que ha contaminado a España e hizo aparición en el gigante del norte. Afortunadamente, esos países no están con los brazos cruzados, han desplegado fuerzas considerables en el Caribe y el Pacifico contra el tráfico de drogas, han limitado el flujo financiero producto del tráfico ilícito, han perseguido y gravado a empresas criminales, las han arrinconado cercando su logística. La vigilancia contra el Estado Oscuro los tiene contra las cuerdas y ya comienza su procesamiento y destrucción sistemática de esa malévola estructura. Las fuerzas democráticas ejercen el poder militar con discreción y han puesto control en las fronteras poniendo freno a hechos ilegales y al poder militar interno que fanfarronamente se siente dueño, pero se mueve con malicia y timidez, muy a pesar del supuesto apoyo miliar ruso, chino, iraní y de la guerrilla, de tal manera, que se vigila al sector militar venezolano con lupa a la caza de los capos mayores.

El sistema judicial internacional ha empezado a actuar con firmeza, los capos criollos están sentenciados y confinados, perdieron el control y gobiernan por esténtores, La gente está molesta y la crisis de combustible sumada a la crisis de la salud y la dolarización artificial los ha encrespado. Es como un fósforo cerca de un bidón de gasolina. La resistencia y la protesta crece, el cerco se profundiza y nuestros bolsillos se quedan secos, estamos presos en casa, pero los toques de queda no serán eternos, la rebelión crece y hará explosión cuya sinergia se va a propagar con las iniciativas adecuadas que habremos de tomar para sacudirnos a los usurpadores.

Cualquier variable de las mencionadas hará provocar un punto de quiebre especialmente, cuando la población descubra que no puede seguir tolerando tanta humillación y desprecio. Las reacciones de las fuerzas internas se van a desbordar, y en ese momento, los mecanismos humanitarios intervendrán con su poderosa mano contenedora, Venezuela será libre.

Los venezolanos debemos involucrarnos en un suceso puntual de cambio, pero debemos entender que la lucha interna es clave para la dinámica de un proceso de cambio, mientras tanto, la diáspora ha ayudado mucho a no perder la perspectiva, y va a contribuir a reconstruir al país. Sirve de embajadores y son una gran oportunidad para el futuro. El venezolano con valores, sobrevivirá con muchos de sus rasgos originarios. Hay muchos factores que vislumbran un futuro optimista y ya comienza la era de la sociedad civil, sobran quienes quieren apoyar la reconstrucción de la patria.


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