«Do not laugh at me,/

For, as I am a man, I think this lady/

To be my child Cordelia»* (WILLIAM SHAKESPEARE)

Estaba yo el lunes 12 septiembre siguiendo en televisión las noticias sobre el fallecimiento de la reina Isabel II y la marcha fúnebre en la cual la familia real y su séquito acompañaban el féretro conteniendo los restos mortales de la reina desde el palacio de Holyrood (Holyrood Palace) a la catedral de San Gil (St. Giles Cathedral) en la capital escocesa Edimburgo. El rey Carlos III y sus hermanos, el príncipe Andrés, el príncipe Eduardo y la princesa Ana caminaban por las calles de la ciudad en riguroso silencio cuando desde el público que ocupaba las aceras se ve a un joven que gesticula y grita a la comitiva fúnebre. Las cámaras captaron el instante en el que alguien tira con violencia del joven hacia atrás.** El grito fue este: «Andrew, you are a sick old man«, que en español significa «Andrés, eres un viejo enfermo». El príncipe Andrés estuvo involucrado en el turbio caso de abusos sexuales a mujeres con el tristemente célebre Jeffrey Epstein***. Los escoceses que se encontraban junto al espontáneo empezaron a corear «God Save the King!», » God Save the King!».

En este mundo en el que vivimos reina la confusión. Y digo esto porque sé que habrá gente que vea en el acto del joven que grita al cortejo, cortejo fúnebre (conviene recordar), una reclamación de la libertad de expresión. Uno es libre siempre de expresarse y decir lo que piensa. Muchas veces, incluso de exponer su opinión. La verdad es que a mí mis padres me enseñaron modales, quisieron hacerme ver ―y lo consiguieron― que es mejor comportarse con discreción y evitar molestar al prójimo. «Si vas a hacer daño diciendo o haciendo eso, no lo hagas», «No seas impertinente. Busca la ocasión para hablar con tu amigo y decirle lo que sea, en privado». Supongo que estas cosas son la consecuencia de una educación tradicional, de la vieja escuela. Una educación cristiana de buena fe.

Por supuesto, nadie defiende el abuso de poder. Todo abuso es aborrecible, pero el lugar y el momento del exabrupto no fueron pertinentes. Imagínese un mundo en el que todos soltamos por la boca lo que nos viene en gana en cualquier sitio. Piénselo en serio. Uno debe aprender desde que es niño a contenerse, a controlar los esfínteres. Si no es así, la suciedad aparece por todas partes. Hace falta ser infeliz para no guardar respeto en la despedida de un ser querido. La despedida de una madre, que además no es la suya.

Uno no deja de llevarse sorpresas. No me extrañaría que alguien reclamara un cambio al título de la columna que quizás yo debería haber titulado de otra manera. El don (y la doña) de la oportunidad, ejem, y quien quiera entender que entienda.

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*«No os riais de mí, pero como hombre que soy, creo que esta dama es mi hija Cordelia«(William Shakespeare, King Lear – acto IV, escena VII)

** «¡Eres un viejo enfermo!»: abuchean e insultan al príncipe Andrés mientras seguía el féretro de su madre, la reina Isabel II, Redacción 20minutos, 12.09.2022

https://www.20minutos.es/noticia/5056927/0/abuchean-e-insultan-al-principe-andres-mientras-seguia-el-feretro-de-su-madre-la-reina-isabel-ii/

***»El escándalo sexual de Jeffrey Epstein vuelve a salpicar al príncipe Andrés«, Jorge C. Parcero; Vanitatis/El Confidencial: 19.08.2019

https://www.vanitatis.elconfidencial.com/casas-reales/2019-08-19/principe-andres-epstein-escandalo-sexual_2182927/


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