Un buen diálogo o negociación examina las soluciones a las problemáticas planteadas, en el diálogo o negociación se revelan en su dinámica buenas y malas intenciones, estados de ánimo, en definitiva, lo que no se puede ver tal vez en su inmediatez, por consiguiente, en ello radica su valor. Ahora bien, un diálogo o negociación es también una discusión o contacto directo que surge con la intención de alcanzar acuerdos según la naturaleza de la crisis. Un dialogo o negociación en este momento en Venezuela es una rendija que debe ser aprovechada por Maduro y la oposición para iniciar el trabajoso camino hacia la reinstitucionalización del país, primer paso fue el nombramiento del CNE.

En nuestro contexto, caso concreto Venezuela, muchas veces son incontables los apasionados debates y radicales críticas contra los intentos de diálogo régimen–oposición, la mayoría de esas posturas vienen del lado opositor, con toda la razón por el avance en la complejidad de la dimensión de la aguda crisis pandemia, económica, social y política que transita el país y la mayoría de la gente lo que desea es una negociación vinculada al cese de la usurpación. El último diálogo con el régimen / oposición en República Dominicana fue una burla, un verdadero intento fallido, potenció todos los nudos críticos de un diálogo sincero, claro y con futuro a resolver la problemática existente en el país. Evidentemente, Nicolás Maduro se atornilla en Miraflores entiende que esa es la joya de la corona.

La oposición G4 en sus distintas declaraciones llega a inmediatas conclusiones que hablar en este momento de diálogo simplemente apunta a darle más tiempo en el poder Nicolás Maduro. Mientras el desafío de Guaidó parece estar en avanzar en el cese de la usurpación y crear las condiciones que hagan posible recuperar el derecho del pueblo venezolano al voto en procesos electorales competitivos.

Queda revelado, Nicolás, muchas veces entra en necesarias contradicciones, no se da por vencido, mueve sus piezas en el tablero político / electoral con un discurso estratégico en el que lo significativo para su proyecto y aliados es mantenerse en el poder, incluso en minoría, no robustecer la democracia participativa, rescate del voto, se radicaliza, construye entramados de todo tipos, devela ante el mundo su culto por el poder, pensamiento y práctica de la propuesta comunista, político-económica de Lenin: “A veces es necesario dar un paso atrás para poder dar dos adelante y poder avanzar”… seguirá el debate en el país, mientras se deteriora  la economía y los problemas sociales continúan su compleja configuración hacia una pobreza que alcanza a 87% de los venezolanos, 13% de los cuales recurre a la basura para conseguir alimentos. Asimismo, se incrementa de manera incontrolada el éxodo de nuestra gente, según datos recientes esta migración puede llegar en 2022 a 7 millones de venezolanos.

El diálogo es posible si Maduro acepta discutir la verdadera crisis: la pandemia COVID-19, económico y replantearse elecciones presidenciales, para resolver el cese de la usurpación, hablar actualmente de diálogo con las experiencias pasadas, es comprender que son momentos históricos para no perder tiempo. No obstante, Nicolás deja bien claro en sus narrativas, actuaciones y acciones políticas que no quiere ni lo dejan abandonar el poder, pero convoca al diálogo.

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