Un objetivo de los autócratas es sembrar desconfianza y fragmentar a la población en diferentes grupos, usualmente entre aquellos que los apoyan y aquellos que los adversan. Mientras más desconectados entre sí estén los diferentes sectores de una sociedad, más conveniente para los gobiernos autoritarios, porque la descoordinación de la sociedad favorece la desmovilización ciudadana y, con ello, su permanencia en el poder. Para ello reprimen, crean marcos legales no-democráticos y sus propias estructuras de movilización, que incluyen, entre otros, movimientos sociales, asociaciones o partidos. Así ha ocurrido en Nicaragua y Venezuela bajo el mando de Daniel Ortega, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, respectivamente. En ambos países los autócratas han atacado sistemáticamente a los partidos de oposición así como a los sectores de la sociedad civil no alineados con sus gobiernos. No obstante, a pesar de la represión y hostilidad, estos regímenes no han logrado paralizar la acción colectiva, ni el activismo ciudadano.

En el caso de Venezuela, si bien la emergencia humanitaria, fragilidad de estado, recesión económica y la consolidación del autoritarismo han afectado la capacidad de expresarse, elegir, organizarse y movilizarse, observamos que aún existe una sociedad civil organizada que ha crecido en tiempos adversos. En un estudio titulado “El desarrollo de la resiliencia en contextos autoritarios. Lecciones de Venezuela en perspectiva comparada” junto a Eduardo Trujillo, director del CDH-UCAB, encontramos que 92,3 % de las organizaciones que participaron en nuestra investigación consideran que proteger los derechos humanos se ha vuelto más difícil en los últimos diez años. Sin embargo, y esto es lo interesante, el mismo porcentaje, señaló que a pesar de los riesgos y del contexto autoritario siguen encontrando formas de llevar a cabo la labor de defensa de derechos humanos. ¿Cómo han logrado esto?

En dicha investigación pudimos identificar tres mecanismos clave que permiten desarrollar resiliencia en contextos autoritarios: i) el “legado institucional” heredado de experiencias democráticas previas; ii) la creación de “redes de resiliencia” y iii) la creación de vínculos internacionales.

El “legado institucional”

Encontramos que el pasado democrático puede brindar herramientas para resistir en contextos no-democráticos. En el caso de Venezuela, las herramientas y experiencias desarrolladas en la época democrática les permiten a las organizaciones resistir de manera más eficiente. ¿En qué sentido? Nuestros datos muestran que el conocimiento se ha transferido entre generaciones de activistas. Uno de los entrevistados explicó vívidamente como “[el] intercambio entre generaciones [es] fundamental. La verdad es que yo no sabría nada sobre el trabajo de derechos humanos sin el intercambio con figuras cruciales del anterior movimiento de derechos humanos”. Es decir, ha habido una transferencia de conocimiento importante que ha ayudado a las nuevas generaciones a responder frente a los retos actuales. Además, el legado institucional también ha: i) facilitado el aprendizaje colectivo y ii) ayudado a mantener capacidades organizativas y de reputación. 

“Redes de resiliencia”

Otro mecanismo crucial que han establecido las organizaciones para trabajar en el contexto actual es a través del tejido de “redes de resiliencia”. 69,2 % de los participantes en nuestra encuesta afirmó que el trabajo en red y la cooperación con otras organizaciones han sido una estrategia clave que les ha permitido adaptarse al entorno hostil en el que trabajan. 66,7 % de los participantes respondió́ que hacerlo aumentaba la eficacia de sus actividades y su trabajo en materia de derechos humanos. Además, 15,4 % afirmó que coordinar y cooperar a través de éstas ofrece capas adicionales de seguridad, y 10,3 % sostuvo que las redes crean oportunidades de interacción y aprendizaje. También pudimos constatar que las redes han servido como mecanismo para transferir conocimientos, difundir información veraz, transformar ideas rápidamente en acciones y crear oportunidades de apoyo material e inmaterial. Las redes de resiliencia se han convertido en espacios para la deliberación, así como también para el intercambio de experiencias personales y apoyo mutuo. Adicionalmente, estas han servido para conectar a los activistas en tiempos de censura y pandemia.

Vínculos internacionales

Las organizaciones se han visto en la necesidad de cultivar vínculos internacionales más fuertes con organizaciones intergubernamentales, instituciones, universidades y grupos de reflexión para denunciar las crecientes violaciones de derechos humanos en Venezuela. Más de 97% de las organizaciones consultadas trabaja con vínculos en otros países. Este porcentaje era de apenas 31,3% antes de 2013. Es decir, a medida que el contexto autoritario ha consolidado, la necesidad de denunciar en espacios internacionales ha crecido. Crear vínculos internacionales sirve para: i) visibilizar los abusos de derechos humanos y defenderlos en el sistema universal de derechos humanos; ii) intercambiar experiencias con activistas internacionales y/o regionales y aprender de ellos; y iii) fortalecer la protección y la seguridad de los miembros de las organizaciones de sociedad civil y de las víctimas.

Si bien es cierto que la lucha por la democracia es ardua y de largo alcance, resulta importante comprender y destacar los esfuerzos que se desarrollan desde las organizaciones de sociedad civil, en contextos extremadamente adversos, como el venezolano. Termino con una cita de una de las entrevistas de nuestra investigación: “aunque el mundo no lo sepa del todo, una parte importante de esta defensa [internacional] la han hecho los defensores de derechos humanos en Venezuela”.

El país cuenta con diferentes generaciones dispuestas a resistir y aportar a la construcción de la democracia y la paz en el país. Mientras así sea, hay esperanza de un futuro mejor.

 


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