Hace tres años escribí un artículo sobre Copei, en el que daba cuenta de las últimas vicisitudes de este partido. La novela continuó, con aderezos propios de estos tiempos de dictadura, ya que en política no hay cadáver insepulto, como dijo Rómulo Betancourt al referirse a Jóvito Villalba y su apoyo a la elección del presidente de la República, Luis Herrera Campins. Nada quita que esta organización pueda renacer del foso en el que el Tribunal Supremo de Justicia la ha precipitado.

Roberto Enríquez, presidente electo de Copei, sigue perseguido por los tribunales militares del gobierno de Maduro y aún se encuentra en la casa del embajador de la República de Chile. El partido, en manos del TSJ desde julio de 2015, ha postulado a quien le ordena Diosdado. Triste aniversario el del 13 de enero.

El descalabro del partido empezó en 2005, cuando Luis Ignacio Planas, con el permiso de su entonces presidente Eduardo Fernández, consiguió una mayoría para desconocer la memoria y cuenta de ese año, por lo que tuvo que renunciar toda la directiva. Un mes antes, la Dirección Nacional procedió a cambiar a miembros con derecho a votar en la máxima asamblea y así conformar el quórum favorable a ellos. A continuación, fue designado Planas como secretario general.

Una de las medidas de Luis Ignacio fue la destitución de la Comisión Electoral, después de haber convocado a elecciones internas, lo que obligó a Edgar Parra Moreno a ir al TSJ a reclamar su derecho al ejercicio de esa responsabilidad en Copei, lo cual le reconoció la Sala Electoral. Planas se comió la manzana y de allí el pecado original.

Después de muchas sentencias, desde 2015 cuando el TSJ le entregó la dirección del partido a cinco desconocidos afectos a Pedro Pablo Fernández, alias el Tigrito (ver sentencia de la Sala Constitucional N° 1.023 del 30-7-2015); gracias a Diosdado pudieron postular a las elecciones de gobernadores y alcaldes en 2017, desconociendo a los liderazgos locales. En los comicios presidenciales de 2018, ese proceso electoral que todo el mundo ha dicho que fue fraudulento por, entre otras medidas, haber anulado a los partidos y candidatos de oposición que no participaron en las elecciones anteriores, el Copei controlado por el gobierno postuló a Henri Falcón.

Luego de la grosera intervención de Copei se sucedieron otras sentencias, pero no los atormentaré con la larga relación, solo las dos últimas. El TSJ impuso a otras autoridades, en total acuerdo con el Tigrito, como presidenta escogieron a Mercedes Malavé y como secretario general a Juan Carlos Alvarado (ver sentencia de la Sala Constitucional N° 323 27-08-2019). La Sala expresó: “Declarado lo anterior, y cumplido como ha sido el objeto de la presente acción de amparo constitucional, esta Sala ORDENA el cierre y el archivo definitivo del presente expediente. Así se declara”.

En esa decisión el Tigrito quedó de quinto vocal, y el anterior miembro de la junta designada en 2015 Miguel Salazar fue el sexto vocal. Este último dato es sustancial, ya verán.

El 18 de septiembre de 2019, en el programa Con el mazo dando, Diosdado Cabello dijo: “El miedo es libre, hay algunos que lo estuvieron llamando para que no firmaran ni apareciera; ¿verdad Tigrito?, pero ellos ya se habían comprometido”. También comentó que Eduardo Fernández estaba incluido en el acuerdo. Todo lo anterior fue negado por el padre y el hijo, solo faltó el Espíritu Santo.

El 2 de diciembre de 2019, dos meses y medio después del malsano comentario de Diosdado, el TSJ, en el mismo expediente que estaba cerrado y archivado, sustituye de nuevo la junta de Copei. Hacen el cambiazo, expresando: “Se DESIGNA en forma temporal la junta directiva ad hoc del partido nacional Copei”; sale la presidenta y, el sexto vocal, Miguel Salazar pasa a ser presidente. Les colocó la espada de Damocles, de estar clausurado el caso a tener una precaria estabilidad.

La sentencia reseñada, expresa: Ahora bien, en esta oportunidad esta máxima instancia de la jurisdicción constitucional no puede dejar pasar por alto, que las discrepancias surgidas nuevamente en el seno interno de la organización política nacional Copei revelan la existencia de contradicciones en la estructura organizativa interna de dicho partido de naturaleza nacional, las cuales generan incertidumbre e inseguridad jurídica en el colectivo de su militancia, respecto de quiénes tienen la legitimación como máximas autoridades estatutarias de dicho partido nacional, para el ejercicio de las atribuciones que se establecieron en los Estatutos internos del partido nacional Copei. (ver sentencia de la Sala Constitucional N° 461 2-12-2019).

Hablando de contradicciones. Eduardo Fernández, que no dijo nada cuando el TSJ desconoció la investidura de Roberto Enríquez como presidente en 2015 (la consecuencia fue que los demás partidos de oposición se adueñaron de las postulaciones de Copei a diputados a la Asamblea Nacional), y que tampoco se manifestó al ser designada la directiva afín a su hijo, reclamó el 6 de diciembre de 2019, en un artículo de opinión publicado en el diario Últimas Noticias, titulado «¿Y ahora?», con frases como estas: El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales de justicia están al servicio del gobierno… Un zarpazo del inefable TSJ volvió a poner en evidencia que para el gobierno no hay espacio para la grandeza y los nobles ideales… El gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento al servicio de sus intereses… El gobierno tiene mucho poder y dinero.

Sigan negociando con el gobierno. Así paga el diablo.

@rangelrachadell