Cada día que pasa nos vamos internando en un callejón muy oscuro que, por fuerza, debe tener un final que quisiéramos menos trágico que el que se vislumbra. Un callejón en el que van de la mano la ruina de un país, una economía que no se sostiene, una inflación criminalmente provocada, una diáspora que arrancó su carrera y no se detiene, el desquiciamiento de un régimen que poco le importa la cruel realidad que sus actos provocan en los venezolanos y que a todo costo prefiere permanecer en el poder, a pesar del rechazo general que dentro y fuera del país genera; un régimen que dedica todos sus esfuerzos a la represión mientras se interna cada día en todas las formas de abusos de poder imaginables.

Podría continuar con muchas otras realidades que el régimen provoca con sus acciones como las que ocurren en el campo de la producción industrial y agrpecuaria que tienen al país al borde el hambre, las realidades de nuestro sistema de salud, de la educación, de la justicia, de la descomposición moral que la llamada revolución bonita ha generado en la población, pero hoy quiero referirme al estado prebélico que el régimen ha ido creando desde que comenzaron estos veinte años, cuando Chávez decidió ponerse en las manos de su muy admirado Fidel, lo mismo que han hecho desde sus inicios las FARC, tanto la de Marulanda, como esta de ahora comandada por Iván Márquez, Santrich y el Paisa,  grupo que decidió regresar a la guerra, hecho que no puede sorprender a nadie, como tampoco puede sorprender que ese grupo se haya unido al ELN y a otras organizaciones igualmente criminales como el Hezbolá y todas las mafias que manejan el narcotráfico, e imponen sus leyes de terror desde un tiempo indeterminado pero largo en nuestro país, si vemos la inmensa extensión que ocupan en nuestro territorio.

Lo que ha aparecido en estas últimas horas en nuestro muy complejo escenario político no hace otra cosa que añadir un nuevo elemento turbio, maloliente y trágico a nuestra ya descomunal tragedia. Y lo que lo hace mucho más preocupante es ver cómo frente a los graves comunicados que Iván Márquez hizo en video presuntamente grabado en Venezuela y transmitido con fanfarrias de entusiasmo por Telesur, el régimen comandado por Maduro, Cabello, Padrino, además de celebrarlo, les dé la bienvenida en territorio patrio, involucrando con ello a Venezuela en el conflicto de esas organizaciones que desde hace muchos lustros dejaron de ser una propuesta política para ser unas organizaciones criminales al servicio de los más oscuros intereses. Todo parte de un proyecto nacido en el Foro de Sao Paulo, impulsado por Fidel y ampliamente divulgado y promovido por Chávez en múltiples ocasiones con la vehemencia y el histrionismo que caracterizaba a sus actuaciones, como es el de convertir a América Latina en un nuevo Vietnam  en su lucha contra el imperialismo. Desde luego, demás está decir que cuando hacen uso del vocablo imperialismo, hacen referencia solamente al imperialismo yanqui, dejando de un lado, por supuesto, el imperialismo ruso, chino, iraní y de todas aquellas dictaduras que se cobijan con estas tres potencias.

Todo cuanto está ocurriendo no hace otra cosa que empeorar la tragedia venezolana porque esos grupos están actuando con la venia del régimen que, además de celebrarlos, los  declara  como sus aliados y en virtud de ello le dispensan armas, pertrechos, logística, territorios donde pueden acampar a sus anchas, manejarse además con toda impunidad a la hora de imponer su ley de la fuerza y el abuso con total impunidad, permitiéndoles, de paso y a manera de compensación, participar en esa rebatiña en la que el régimen dirigido por Maduro, Padrino y Cabello ha convertido el Arco Minero, inagotable centro de financiamiento que les permite  llevar adelante sus propósitos, más que subversivos, criminales.

La realidad de esta maraña de delitos es que  Iván Márquez, Santrich y el Paisa, con esa decisión de regresar a la guerra, no han hecho otra cosa que formalizar el concubinato de Hugo Chávez Frías con las FARC tantas veces declarado por el caudillo,  incluso desde la propia Asamblea Nacional en un  discurso en el que proponía sacarla de la lista de organizaciones criminales y terroristas, porque a su juicio eran organizaciones políticas ejerciendo su legítimo derecho a la lucha, solo que en esa ocasión Chávez no hizo referencia ni a los métodos violatorios de todos los derechos humanos que aplicaban las FARC en su lucha, como tampoco de cómo en sus caminos verdes y extraviados para mantener su financiamiento estaban el secuestro, el asalto a pueblos indefensos, el secuestro de jóvenes para convertirlos a la fuerza en guerrilleros, todo ello sumado a todas las formas que suele emplear el crimen organizado, incluyendo el  aberrante camino del narcotráfico.

En esta oportunidad las declaraciones de bienvenida emitidas con fuerza no disimulada por Maduro, Cabello, Padrino, pareciera indicar una ratificación del concubinato, o si lo prefiere del matrimonio de las bandas colombianas y de otras latitudes, con el régimen, lo cual a muchos nos hace pensar que el plan de convertir nuestra región en el nuevo Vietnam como tantas veces lo proclamó Chávez, sigue de pie y está en marcha.

Las consecuencias de esta decisión por parte de los jefes de las respectivas bandas son impredecibles y todo dependerá de cómo lo tomen los afectados.

Por su parte, Colombia en la voz de sus líderes más determinantes ha dicho que analizarán con la mayor prudencia los pasos que se deriven de una declaración tan agresiva como la que contiene la decisión de los tres ex revolucionarios convertidos hoy por hoy en agentes formales del crimen organizado.

No sabemos, por ejemplo, cuál es la posición de los restantes países de la región y mucho menos de los que integran del Grupo de Lima que sigue en papel protagónico lo que ellos llaman la crisis venezolana y que nosotros llamamos simplemente tragedia venezolana. No sabemos cómo será visto semejante exabrupto por la gente de Noruega, hoy sentada en Barbados, y mucho menos la opinión que le merece al imperio en este momento conducido por Trump.

Para muchos esto no pasa de ser una bravuconada más de la izquierda extrema más radical, para otros es una demostración de que las fuerzas del mal siempre están dispuestas a unirse para defender sus dominios;  pero en todo caso hay que considerarlo como una prueba más de que la cúpula del régimen está dispuesta a ir a una guerra, no importa de cuál generación esta sea, con tal de no someterse a las decisiones que, tarde o temprano, tendrán que emitir los tribunales internacionales en cuyas manos reposan sus respectivas causas.

 

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