Seguimos inmersos en el bucle en el que llevamos cuatro elecciones en cuatro años, y parece que esta última convocatoria seguirá en la misma línea de confusión y falta de claridad, antes de las elecciones y posiblemente después, para la formación de un gobierno fuerte y sólido. Si hace escasos meses teníamos cinco partidos de ámbito estatal con fuerza, sin contar el popurrí de partidos pequeños o incluso las derivaciones autonómicas o nacionalistas que algunos de ellos tienen, ahora esos partidos ya son seis, porque al PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos y Vox se le ha sumado Más País.

No obstante, sí que hay cambios, a pesar de esta atomización partidaria inusual en España, más propio de países como Italia, hay que destacar un claro incremento del bipartidismo. El PSOE se despegó en las anteriores elecciones de Podemos y aunque ahora no parece que esté creciendo, Podemos sí disminuye, esto hace que por la parte de la izquierda haya un partido destacado que es el PSOE.

Por el Partido Popular, que antes se podía decir que era claramente el destacado de la derecha le entró en fuerte competición, en las generales de abril de este año, Ciudadanos, que a punto estuvo de arrebatarle el cetro, pero ahora el PP vuelve a recuperar el liderazgo indiscutible de la centro derecha.

Los movimientos que marcan todas las encuestas son el PSOE, del que se esperaba, o al menos así lo pensaba su dirigente y candidato Pedro Sánchez, en vez de pegar otro salto electoral, más bien va en sentido contrario. El Partido Popular es el partido que crece más fuertemente en número de escaños e incluso, a poco más de 10 días de las elecciones, se acerca al PSOE y aunque es poco probable, pudiera llegar a superarle.

Ciudadanos se derrumba estrepitosamente y es, sin duda, en términos relativos el que marca como perdedor para estas elecciones. Los representantes de la derecha dura española, Vox, apuntan a un importante incremento electoral. Podemos sigue en caída, pero contra todo pronóstico, a última hora aguanta más de lo esperado; y el nuevo invitado electoral, con pretensiones electorales de carácter estatal, Más País, tuvo salida de potro y parada de burro, es decir, parecía que prometía y al final va a tener un escaso resultado, a la expectativa de que, con suerte, consiga cinco diputados para hacer grupo propio en el Congreso.

Sánchez preparó la convocatoria de estas elecciones con un primer objetivo meramente de marketing, no cabe duda de que eligió de manera brillante primeramente la fecha electoral del 28 de abril, adelantándose a las elecciones autonómicas y municipales cuando estas parecía que le podían ir muy mal, de hecho, no les fue bien, pero con el adelantamiento consiguió un doble objetivo: por un lado, obtener un importante incremento electoral y, por otro, mejorar el escenario para las autonómicas. Éxito para el presidente y su equipo de asesores, aunque en esta ocasión no les está yendo bien y les puede salir el tiro por la culata.

En España es potestad del presidente de gobierno disolver las Cortes y convocar elecciones, así lo hizo de forma precipitada, con tan solo nueve meses desde que ganó la moción de censura, jugada que le salió excelente y vuelve a repetirla con una convocatoria indirecta, es decir, él no convocó las elecciones, pero sí convocó la votación de investidura sabiendo que iba ser rechazada, y por lo tanto marcando también las elecciones para el 10 de noviembre. Esta fecha no es producto del azar, sino que fue marcada en función de determinados eventos, al menos dos que él consideraba potentes y otros complementarios. Los potentes son la sentencia de las personas juzgadas por el procés catalán, que se esperaba para el mes de octubre, y la que se le escapó en las anteriores elecciones, la salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos para enterrarlo en el cementerio de Mingorrubio.

Esta jugada no parece que haya cumplido sus pretensiones y no le ha salido del todo bien, y es que, en el fondo, sacar a pasear el cadáver de un dictador en los preámbulos de una campaña electoral parece más bien una mamarrachada y un esperpento. Con la exhumación del cadáver de Franco la que salió bien parada, consiguiendo notoriedad y presencia, fue la extensa familia del dictador y todo apunta a que ha favorecido el voto de la derecha dura española Lo peor de ese traslado, además del momento elegido, es el montaje que se hizo alrededor. Aunque se dijo que no habría prensa, fueron más de 500 periodistas y un reportaje en directo de la televisión pública española (TVE), con un espectacular despliegue de medios, como si de un tema de Estado se tratara.

Tampoco la publicación de la sentencia del procés le ha salido a Pedro Sánchez como lo tenía previsto, pues le ha explotado de manera inmisericorde en la cara, en Cataluña se está viviendo una situación de violencia en las calles y enfrentamientos entre independentistas y nacionalistas españoles, que cada día se agrava más.

Lo cierto es que el problema catalán con Rajoy, aunque en su día fue muy criticado, quedó bastante controlado y se percibía que, aun siendo largo y complejo, con el tiempo y dado el nivel de debilitamiento que mostraba el movimiento secesionista podía ser superado en pocos años.

La moción de censura en la que los independentistas catalanes, independentistas vascos como Bildu, PNV que a veces juega a ser independentista, Podemos que no lo es pero colabora con ellos, fueron parte clave, decisoria y necesaria para la ejecución de la misma.

Se entiende que cuando los partidos apoyan una investidura de gobierno son parte de su esencia y fortaleza, es evidente que así debe pasar con una moción de censura, entre otras cosas porque en ambos casos gobernar no es solamente conseguir la investidura o el gobierno, sino que después hay que legislar y aprobar presupuestos y para eso hace falta conservar el apoyo que se obtuvo en la investidura o acuerdos que la facilitaron. Admitir por parte del gobierno de Sánchez a los independentistas y el resto de apoyos que consiguió en la moción, en relación con su gobierno, ha dado alas a los independentistasque, aunque tremendamente tocados, se han agarrado a ese clavo ardiendo.

Desde el gobierno socialista se dice que no tiene nada que ver con aquellos que apoyaron la moción de censura, pero es claramente una falsedad porque él mismo disolvió en marzo de este año porque no consiguió aprobar los presupuestos y para ello lo quiso hacer con Podemos, con los independentistas, el PNV y hasta con Bildu. En definitiva, con los que en su día el fallecido Perez Rubalcaba definió como el gobierno Frankenstein.

Es de remarcar que Sánchez ganó la moción de censura, pero en los dos años en los que ha gobernado, desde junio de 2018, no ha conseguido aprobar ningún presupuesto. En 2018 gobernó con el presupuesto del PP de Mariano Rajoy, el PSOE, una vez ganada la moción de censura, se quedaba sin presupuestos y no tuvo más remedio que ampliar los anteriores porque no encontró el apoyo de los partidos que le llevaron a la moción de censura. En 2019 tampoco los consiguió aprobar, intentó negociar en los primeros meses del año, algo tarde y, ante la falta de apoyo, disolvió el Congreso y convocó las elecciones del 28 de abril. Tampoco Sánchez ha conseguido ganar ninguna votación de investidura, se ha presentado dos veces, en marzo de 2016 y en julio de 2019, y ambas las perdió.

En esta alternativa, la conclusión de la mayoría de periodistas y analistas hablan de una gran coalición entre el PSOE y el PP o PSOE, PP y Ciudadanos, dada la debilidad actual de este último, su papel queda muy restringido y, por lo tanto, debe ser PSOE y PP. Esta gran coalición sería más posible si el que gana, actualmente parece que será el PSOE, es muy factible el apoyo del PP al PSOE. Más difícil será si gana el PP, ya que no me cabe duda de que si lo tiene a tiro, Sánchez volverá a formar un gobierno y pactará hasta con el diablo, es decir, si lo necesita formará de nuevo un gobierno Frankenstein aunque dure poco y sea letal para España.

El centro de estas elecciones y de la legislatura, aparte de la economía, es el tema catalán y si Sánchez vuelve a pactar con los independentistas catalanes y fuerzas favorables seguirá dando vida a ese monstruo y, aunque creo que no por ello vaya a triunfar, va a perjudicar fuertemente al Estado español.

También los analistas comparan si van ganando las fuerzas dominantes de izquierda o centro derecha, hasta ahora las encuestas dan más diputados de centro izquierda que de derechas, en las últimas dan más de derechas o empatados, no por mucha diferencia, pero en este cómputo no se tiene en cuenta a los independentistas catalanes que, como se ha visto, se les deja jugar y la izquierda recibe bien su voto, tampoco se cuenta con ERC, que siendo independentistas juegan a ser un posible independentista blanqueado.

Todavía quedan dos semanas, la tendencia es relativamente mala para el PSOE y para Podemos, muy mala para Ciudadanos y muy buena para el PP y para Vox. En este contexto, si la tendencia se exacerba, pudiera haber una victoria del centro derecha apoyado por la derecha más extrema. Actualmente los movimientos electorales son muy rápidos, en diciembre, hace menos de un año, todo el mundo daba por ganador a PSOE en Andalucía y se despertaron con una victoria de la centro derecha, apoyado por la derecha, la primera e historia democrática.

Yo sigo las elecciones en muchos países, en algunas de ellos asesoro a candidatos en campañas presidenciales y veo cómo estos cambios se están produciendo a mucha velocidad. Este pasado domingo en Argentina, Alberto Fernández, candidato peronista, ganó por poco más de 5 puntos cuando se esperaba una victoria por más de 20 puntos. A estos cambios yo los llamo efecto Macron, cuando en 2017 un hombre nuevo en la política y sin partido, en escasos meses ganó en la primera vuelta de las presidenciales francesas y la segunda con 65% de los votos, y un mes después arrasó en la Asamblea de Diputados por mayoría absoluta.

El elemento potente que puede beneficiar a Casado para ganar de esta manera las elecciones del próximo 10 de noviembre es que los ciudadanos empiecen a ver que ahora mismo es una alternativa de poder y que en caso de ganar podría llegar a consolidar un gobierno estable. ¿Podría ser lo contrario, es decir, que este último estirón en lugar de darlo Casado, lo pudiera dar Sánchez? ¿Por qué no?, pero la tendencia y los elementos que pueden influir en esta ya cortísima campaña no parece que le favorezcan. La tendencia es mala para Sánchez, también es malo que Podemos esté aguantando bien, que Errejón no acabe de levantarse y que el tema catalán, contrario a lo que pensaba y a pesar de su remarcado españolismo de última hora, no le está funcionando, tal vez porque los ciudadanos empiezan a no creerle y está lleno de contradicciones por todos lados.

También vienen los datos económicos, que no apuntan del todo bien, y que su incidencia le puede hacer daño los últimos días. En un nuevo truco de última hora, ha retrasado la publicación de los datos de empleo del mes de septiembre, que más bien son de desempleo, para después del debate que se celebrará el 4 de noviembre entre los cinco candidatos estatales, pero de todas formas se sabrán al día siguiente del debate y antes de la votación.

Si hay más datos que aportar, lo cual es probable, publicaré un artículo sobre este tema el martes que viene.

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