“Seré implacable con los que, obcecados en sus crímenes, resistieren el suave impulso de la verdad y la justicia, y prefirieren el escándalo de una guerra fratricida y legar a sus descendientes la infamia y el oprobio” Simón Bolívar

Si bien es cierto que el difunto Chávez utilizó la figura y el nombre del Libertador en sus monsergas discursivas autodenominándose como su heredero histórico, también Maduro, su hijo putativo, ilícito inquilino del Palacio de Misia Jacinta, no solo ha pretendido emularlo, y ha ido más allá, pues no solo le rinde tributo al Padre de la Patria, sino que simultáneamente entra en un rictus para mencionar en todos sus discursos al comandante supremo y “gigante”, de quien dice haber recibido la orden de llevar adelante la revolución socialista, marxista, mal llamada bolivariana.

La invocación del nombre del Libertador en todos los actos oficiales en su mayoría transmitidos en cadena nacional, impregnó en el pueblo venezolano, que la llamada revolución socialista estaba enmarcada en el ideario del Padre de la Patria, llegando al extremo de referir que  el genio de América fue socialista, asunto que contradice los textos de historia, pero que a su manera pretendía hacer creer como cierta su apología discursiva.

Pero  ni Chávez, ni Maduro, ni quienes se ufanan de ser bolivarianos hasta la médula, conocen el pensamiento libertario, democrático, participativo e incluyente del Libertador. Desconocen  que Bolívar fue no solo el hombre que proyecta la historia, sino también pródigo en todo el sentido didáctico de la palabra.

Desconocen por ejemplo que Bolívar siendo periodista, nos planteó una interesante  perspectiva de análisis: su pasión por la libertad; la libertad como su compromiso; fundador y director de periódicos; catedrático de periodismo;  fundador del Correo del Orinoco en el año 1818, que lo convirtió en el diario de la libertad en el que se reveló como un extraordinario comunicador y a lo largo de la gesta de la independencia, alentó y fundó otros periódicos, como El Peruano de Lima, en 1825.

Bolívar no fue solo un estratega político y militar, orador brillante y guerrero, fue también un periodista y comunicador visionario que logró diagnosticar el entorno de la insurgencia libertaria, descifrar las fortalezas y debilidades de su movimiento, las oportunidades y amenazas del macroentorno para visionar los eventos futuros con increíble certeza.

Bolívar fue, entonces, además de fundador y director de periódicos, un brillante estratega de la comunicación que comprendió, con enorme claridad el valor de la información social; que en la guerra por la independencia era indispensable un medio de comunicación que le permitiera difundir sus ideales de libertad y contrarrestar las campañas de los españoles realistas. Fue un comunicador extraordinario. Escribió y comunicó. Comunicó y enseñó. Escribió desde el lugar de los hechos. No esperó que le contaran lo que había ocurrido en las batallas. Participó en ellas.

En Colombia, hermano país en el que se reconoce su invalorable aporte al periodismo latinoamericano, se instituyó el Premio Nacional Simón Bolívar, que anualmente estimula el trabajo y la creatividad de los periodistas que luchan por la libertad. Bolívar es, por lo tanto, un catedrático de la comunicación y del  periodismo. En sus escritos y discursos aconsejó sobre la libertad, la necesidad de proclamarla y sostenerla como atributo del pueblo.

Fue un catedrático de la libertad que asumió este papel para convertirse en un maestro de la comunicación y del periodismo latinoamericano. Comunicador, fundador de periódicos, director, periodista, catedrático del periodismo latinoamericano, Simón Bolívar fue y es, para muchos el precursor del moderno periodismo.

El ilustre venezolano Arturo Uslar Pietri, en su Bolívar hoy, con las propias palabras del   Libertador, analiza su brillante capacidad comunicativa: “La atroz e impía esclavitud cubrían con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes que amenazaban un diluvio de fuego”, texto que define esta pasión del Libertador, y lo convierte en libertario y periodista, porque comprende que sin la información –los hechos– no hay emisor; sin la prensa –el medio– no hay transmisión; sin la libertad –la causa– no hay mensaje; sin el pueblo que se interrelaciona no hay comunicación. Es esta comunicación la que interactiva las acciones libertarias y logra adhesiones en las cinco naciones bolivarianas: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y su lar nativo Venezuela.

Simón Bolívar fue la voz de un comunicador libertario, la pluma de un periodista insurgente. Fue la visión de un director de medios que comprendió la estrategia de la libertad; una lección del catedrático de maestros y periodistas, que alentó a sus pupilos a defender los derechos de los pueblos oprimidos. Fue el pensamiento vivo del periodista que convocó, no solo a aquellos hombres que se lanzaron a hacer milagros a su llamado, sino a todas las vastas muchedumbres que lo siguieron y buscaron.

Su ejemplo, su acción, su pensamiento y sus lecciones están más vigentes que nunca. Actuó, sintió, reflexionó y escribió, no solo para su época sino para la posteridad, lección que debería ser asimilada por quienes se rasgan las vestiduras invocando su nombre en su accionar político, populista y demagógico, para que eviten en consecuencia contradecir todos los principios que nos legó a los venezolanos y hermanos de los países bolivarianos.

Todas estas enseñanzas han pasado por debajo de la mesa, de quien hoy prevalido de su ilícita investidura como presidente, ni remotamente ha tomado en cuenta el ideario y pensamiento del Libertador Simón Bolívar, a quien tanto invoca en sus discursos (¿) echando en consecuencia por tierra, sus dictados y enseñanzas acerca de los derechos humanos, soberanía y libertad de expresión. No hay duda, padece de una dislexia que científicamente es un trastorno específico del aprendizaje que se caracteriza por un deterioro en la capacidad de reconocer palabras, lectura lenta e insegura y escasa comprensión.

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