Es muy cierto que cuando somos padres entendemos la realidad del dicho referido a que nunca sabemos los esfuerzos que ellos realizan hasta el momento que nos toca ser papás. Por otro lado, cuando somos pequeños, el sentimiento que existe constituye un vínculo muy fuerte, de profusa intensidad. En muchos sentidos, dependemos de ellos, de su orientación y protección. Nos brindan todo lo que necesitamos.

Por eso, es importante aceptarlos, entenderlos y reconocerles su labor, pues se han esforzado en todo sentido para lograr que así sea. Debemos agradecerles lo que nos ofrecieron, lo que hicieron por nosotros. Primeramente, nos dieron la vida y nada más tomando en cuenta ese regalo ya se merecen nuestro amor y consideración.

Recordemos que al convertirnos en padres tratamos automáticamente de manifestarles a nuestros hijos un amor incondicional, pero eso no indica que sepamos cumplir nuestro rol. Hasta que nos enfrentamos con los distintos retos que esto significa y nos obliga a aprender sobre la marcha. Sin embargo, se traduce en muchas satisfacciones por los frutos que eso puede representar.

Esto fue lo que sucedió cuando nuestros padres asumieron ese comprometido papel, tuvieron que aprender cómo criarnos y nos entregaron su amor incondicional para impulsarnos, ayudándonos en nuestra superación. Sin duda, los padres nos olvidamos de nosotros mismos, superponiendo las necesidades de nuestros hijos ante todo.

Así mismo, el esfuerzo, la energía y la entrega que demuestran los progenitores para ayudarnos a ser lo que somos, lo que hemos construido, es invaluable, no tiene precio. Por eso debemos agradecerles y retribuirles, ayudándolos a sentirse bien, valorados, queridos y reconfortados, especialmente cuando se van haciendo mayores.

Los padres son capaces de hacer cualquier cosa por sus hijos. Es muy difícil encontrar una labor que tenga mayor responsabilidad, compromiso y entrega que la de ser papá. Se trata de responsabilizarse de su sustento, formación, educación, protección y principios. A ellos, les debemos total gratitud, consideración y respeto.

Para reforzar la relación con nuestros padres podemos dedicarles tiempo de calidad, tratando de compartir con ellos, realizando las actividades que más les gustan, sus pasatiempos favoritos, conversando sobre sus temas de interés. Una buena conversación puede generar una excelente conexión, una verdadera comunicación, permitiendo conocerlos y entenderlos mejor.

Por todo lo anteriormente expuesto se hace relevante generar la unión familiar en el hogar, ya que es necesaria para que el amor y estos sentimientos positivos fundamenten los cimientos de vínculos mutuos. Debemos tener en cuenta que este afecto recíproco se nutre cuando existen padres que han sabido sembrar amor en el seno familiar.