La pensión para los adultos mayores venezolanos es una verdadera humillación. El gobierno nacional se jacta de catalogar a las mismas como una conquista. Sin embargo, cuando observamos nítidamente la realidad, descubrimos que la misma es una verdadera afrenta en contra de ciudadanos que sirvieron con dignidad a la nación. Es tan irrisoria la cantidad que no alcanza para comprar medicinas ni tampoco para llevar víveres al hogar. Todo se circunscribe a tener que vivir una verdadero viacrucis, recorriendo mercados y farmacias en la búsqueda de la benevolencia de algún dueño de estos establecimientos que se conduela. Es escalofriante la pesadilla que viven estos ciudadanos que deberían recibir un trato digno de parte de los gobernantes. En esas canas venerables se reflejan episodios hermosos en la historia venezolana. Ciudadanos que durante años cumplieron un papel protagónico, muchas veces desde el anonimato, pero asumiéndo con responsabilidad su trabajo. Venezuela creció gracias a esos millones de seres, que aún siguen aportándole sus dosis de ejemplo y sabiduría. Con esas manos fueron alfareros de una ilusión llamada patria. Desgraciadamente, su actualidad es tan sórdida que todos debemos alzar la voz en protesta.

Veamos específicamente lo que significa llevar en el bolsillo la pensión de marras. Si algún pensionado quiere comprar carne sabe que con diez millones solo le alcanza para comprar dos kilos de pellejo, aquella piel algo grasosa, reservada para canes en las zonas populares en tiempos de otrora, es lo único posible con la pensión que ofrece la revolución. Ya ni siquiera el arroz que combinaban para la olla canina cabe en la cuenta. Por otra parte, si requiere de algún componente de la cesta básica, ya sabe que solo lo podrá disfrutar en su imaginación, que por mucho que trate de estirar los cobres, estos vienen mordidos por el veneno de la inflación que se devoró al país entero, no hay posibilidades de revertir esta caótica situación, mientras administren la nación individuos que impulsan un modelo económico desquiciado. Son las rémoras de quienes tienen es su mente ideas totalitarias que llevaron al colapso a buena parte del mundo que creyó en el socialismo.

Hace algunos días en Duaca escuchamos a una señora de avanzada edad preguntar por una medicina que pagaría con la pensión. Al no contar con suficiente dinero sencillamente indicó: «Entonces terminaré muriéndome», luego caminó al mercado para comprar tres kilos de cambur, que serían su almuerzo. Así como esta señora son millones lo que atraviesan la misma dificultad, son los ejemplos en un país gobernado por la venganza.

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