¡El tiempo! parece que repite temas. Vivimos una película de terror cuyo director y principal actor es la coalición dominante del régimen genocida de Nicolás; como actor secundario el triste liderazgo de la oposición y el pueblo pendejo como actor de reparto.

Donde se desarrollan los carnavales más tristes del siglo, debido a la debacle antropológica, teológica, económica y política; donde sufren los integrantes del país que han forzado a sustituir los tradicionales días playeros y los desfiles callejeros por los desfiles en búsqueda de alimentos, repuestos, cauchos, baterías, medicinas, además de hurgar en la basura para comer y huir de la desgracia que habita en mi país Venezuela.

Esta miseria, que a algunos les resulta incómoda, se observa con angustia sintiéndose cada vez más cerca de sufrirla en sus propias carnes. Para otros se ha convertido en sinónimo de suciedad, enfermedad, desesperanza, inseguridad y pocas ventas. Cuesta escribir algo bueno, en este ambiente sobrecargado de reivindicaciones y quejas, pero, aun con la crisis, debemos ser astutos e inteligentes y así evitar gente con otros disfraces.

Venezuela, es un país políticamente inmaduro. Un país, que vive un grave peligro, que no sabe cuáles son sus debilidades. Que no conoce muy bien cuáles son sus flancos débiles. Que no está haciendo nada para reforzarlos o prevenir cualquier catástrofe. Que en definitiva no sabe lo que quiere. Estamos viviendo, felizmente una vida de parásitos, como lo advirtiera Uslar Pietri. Hoy en día no hay trabajo, producción y organización. No estamos discutiendo la viabilidad de un proyecto nacional, sino la supervivencia de unos pocos.

El reto más grande como nación es volver a ser una República. Para ello hay que lograr seguridad y libertad económica, de no ser así Venezuela será un desastre por décadas.

¿Cuánto cuesta un kilo de dignidad? Ya no hay colas, solo está la sociedad despedazada y olvidada. Ahora está toda Venezuela. El país destruido sin nación. Y mientras el régimen y la oposición representativa de turno, esconde la basura debajo de la alfombra: manda a bailar en comparsas, en un intento por ocultar una realidad imposible de tapar. La fe en los rostros de los venezolanos de hoy es la esperanza por conseguir un kilo de azúcar o un litro de leche, porque a eso nos lleva la miseria. A la expectativa de conseguir lo que necesitamos para garantizar el sustento de nuestras familias. ¿Y esa es la gente, es ese pueblo disfrazado de miseria, que está en las casas quienes exigirán el cambio de rumbo y transformación de un país?

En esta frenética carrera hacia el desastre, la coalición dominante eliminó paulatinamente todas las libertades, el sacrificio del pensamiento y la conciencia, y la ruina de las instituciones. Mi país está en la ruina total, han matado nuestra propia fuente de subsistencia. Moviendo el resorte del fanatismo y neofilismo más imbécil y de odios.

Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así que todavía “falta lo peor”, por desgracia. Difiero del liderazgo actual de la oposición “María Corina” en cuanto y tanto que aún no presenta un plan, una estrategia y una organización. Nuevamente, sigue en la expectativa de la suerte de otro. Es decir, siempre a la espera de que otro nos resuelva nuestros problemas.

¡Debemos aprender que a los líderes no se le veneran e idolatran y muchos menos tenerles fe y esperanza! se les debe vigilar y controlar. Además, querido lector, no necesitamos un futuro mejor. Necesitamos mucho más que eso. La meta debe ser construir la excelencia entre todos.

Ahora bien, ¡es febrero! entre vítores y “Hasta el Final”. María Corina como el último iPhone de moda en una sociedad neofilista, jugando a las escondidas sola y nosotros “Sin final”. La impaciencia domina, la gente grita ¡Cambio Ya! ¡Maduro ya se va! ¡Falta poco! ¡Ya hoy se va! ¡Hasta el final! ¡Los marines llegarán! ¡Otros dicen que esto no es dominó sino ajedrez!

Seamos conscientes, ¿qué diferencia hay entre una persona que te quiere matar y otra que puede evitarlo y no hace nada?

¡Pareciera que se trata de salvar una idea y no atacarla! Leo que alegan que es parte de la estrategia.

Debemos, como críticos y seres racionales, formular preguntas para obtener reflexiones y abrir un gran debate nacional:

¿Será que, en el actual mundo político importa poco la vida de un país, pero importa más la supervivencia de una ideología?

¿Hasta cuándo seremos mesiánicos y neofilistas? ¿Por qué no se puede hacer crítica irónica para sacar y debatir las ideas y así perfeccionar? ¿Por qué no se ataca al socialismo como modelo político y económico?

Por otro lado, la estrategia para combatir el mal, la definió san Pablo hace 2.000 años: “Hay que ahogar el mal con abundancia de bien”. Por lo tanto, debemos quitarnos el disfraz de miseria y ponernos a transformar un país.

Pero, en la vida real, en estas fiestas carnestolendas la película no acaba ahí. Si obligáramos al director y al guionista de la citada película a continuarla una hora más, sospecho que no sabrían qué meter, porque en esa explosión acaba todo, porque sospechan que lo que viene después, en realidad no quiere verlo nadie y seguirá la población del país disfrazados de miseria.


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