Después de haber leído multiplicidad de análisis sobre las causas y consecuencias de la caída del gobierno de Evo Morales en Bolivia, después de tantos años de gestión (desde el 22 de enero de 2006 hasta el pasado 10 de noviembre de 2019), me parece más interesante analizar las semejanzas y diferencias existentes entre las situaciones sociales, económicas y políticas de Venezuela y Bolivia, para entender las probabilidades de diferentes escenarios y la hipotética aplicación de cursos de acción parecidos o similares que puedan llevar a situaciones que hoy en día están muy fértiles en el imaginario político de los sectores y muy especialmente de los denominados popularmente como los “guerreros del teclado” que habitan dentro de las redes sociales como Facebook, Twitter o WhatsApp.

Diferencias fundamentales entre Bolivia y Venezuela

1.Situación económica

De todas las diferencias entre ambas gestiones presidenciales, la primera, sin duda, es los resultados económicos entre Venezuela y Bolivia donde Evo logró aprovechar plenamente el boom de las materias primas al igual que el Brasil de Lula da Silva con una política de crecimiento económico-social que permitió a Bolivia pasar de una reserva financiera de 700 millones de dólares a 20.000 millones de dólares, reduciendo a su vez la pobreza absoluta en un tercio. En el caso de Venezuela se triplicó o cuadruplicó la deuda externa, se permitió la pérdida de decenas de miles de millones de dólares en corrupción y se generó una fuga de capitales de centenares de millardos de dólares, creando las bases para el caos económico actual.

En Venezuela, Nicolás Maduro heredó todas las condiciones para un desastre económico que no puede admitir ni cambiar radicalmente, porque implicaría señalar a su antecesor Hugo Chávez como responsable de la misma, limitándose muy tímidamente a acusar a Rafael Ramírez como destructor de Pdvsa, sin tomar medidas radicales para controlar la hiperinflación, rescatar las más de 1.000 empresas e instituciones públicas en virtual bancarrota física y contable. Mientras en Bolivia se manejó la herramienta de la expropiación para sectores estratégicos del Estado, como se ha hecho en América Latina desde hace décadas, en Venezuela los alcaldes, gobernadores y el presidente de la República a la cabeza, destruyeron el tejido industrial y comercial construido durante 60 años para sustituirlo por empresas del Estado

Mientras en Bolivia se habla de un crecimiento notable del sector construcción a todas las escalas y de los patrones de consumo de la población, gracias a una movilidad social sin precedentes, en Venezuela es más que evidente la reducción acelerada del producto interno bruto (suma de todos los bienes y servicios valorados en dólares anualmente), debido a la brutal contracción económica que ha llevado a nuestro país a una escala inferior a 80 millardos de dólares al año, lo que parece el PIB de cualquier provincia o Estado federal mediano de un país desarrollado o incluso de algunos en vías de desarrollo.

Esta situación se aprecia como ninguna otra en el fenómeno de la migración, pues mientras Bolivia tiene una población calculada de 11,4 millones de habitantes y 2 millones en el exterior, Venezuela tiene un misterio total en sus guarismos demográficos que nos recuerdan el secreto total que guardó el Banco Central de Venezuela sobre la realidad económica del país, calculándose una población fuera del país que ronda entre los 4 y 6 millones de personas, según sea la fuente de consulta, pero lo cierto es que el gobierno de Nicolás Maduro jamás da cifras al respecto.

Es importante señalar que por razones estrictamente políticas se generó la situación de las sanciones comerciales y financieras, que desde el 9 de marzo de 2015 llevaron a una situación económica de crisis por parte de las empresas estadales y después a sus contratistas y proveedores privados nacionales y extranjeros hasta el clímax de persecución mundial actual, del cual la economía de Bolivia no sufrió en lo absoluto por su política exterior prudente…

2. Situación política

Es en este campo en el que se pueden observar mayores diferencias entre ambos países, pues el discurso igualitario, antiimperialista, socialista e indigenista generó diferencias de forma muy marcada en las políticas públicas, mientras que Venezuela se embarcó en una política de confrontación total con empresarios y gobiernos de aquellos países denominados capitalistas, conservadores o neoliberales, financiando una multiplicidad de movimientos sociales alternativos en el ámbito mundial para crear su propia esfera de influencia y tratar de cambiar todos los gobiernos de América Latina hacia una esfera antiestadounidense, anticapitalista y antiglobalización, Bolivia no se convirtió en una amenaza existencial para los gobiernos de derecha de Paraguay, Perú, Brasil o Argentina y manejaron con suma prudencia su diferendo por el acceso al mar con Chile, involucrando, incluso, a la oposición política chilena en una política de Estado en este tema, es difícil imaginar a Paraguay, Chile, Brasil o Argentina amenazando con invadir Bolivia por ser una amenaza a sus sistemas políticos o económicos.

En el caso de Venezuela se dio pie a un proceso de satanización de la oposición que hace imposible la gestión de alcaldes y gobernadores, sin controles férreos de los denominados “protectores” que no existen en gobernaciones o alcaldías oficialistas y con unos ministerios de Salud, Educación y Relaciones Interiores que impiden cualquier política pública en materia de seguridad ciudadana, educación o salud por parte de sectores de oposición que sean fruto de su propia iniciativa, siendo particularmente escandalosa las intervenciones de los organismos policiales estadales o municipales.

En Relaciones Exteriores, la política de enfrentamiento frontal en todos los escenarios, menos el militar, ha llevado a una situación de tirantez, confrontación política, comercial y financiera con Estados Unidos y Colombia a tal grado de agresividad que muchos altos funcionarios en dichos países consideran una salida violenta por la vía militar como una opción política viable para enfrentar el gobierno de Nicolás Maduro, a lo que se unen la oposición militante de algunos países del Grupo de Lima que ven en Maduro la última esperanza de resurgimiento de los grupos políticos de izquierda como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN de la República de El Salvador o el Partido de los Trabajadores en Brasil, debido a su capacidad logística, financiera y organizativa para apoyarlos, como bien lo saben las 110 agrupaciones políticas del Foro de Sao Paulo, que saldrían muy afectados si perdieran el apoyo financiero y con ello el apoyo político y mediático del actual gobierno de Nicolás Maduro, destruyendo en muchos casos los movimientos socialistas radicales que dependen de Venezuela globalmente en caso de un cambio de gobierno.

Otra diferencia importante de Venezuela con Bolivia es la presencia de miles de asesores, agentes o funcionarios de Cuba, China, Rusia, Siria, Palestina, Líbano, Irán, entre otros países, que se han beneficiado de las políticas económicas y militares de los últimos 20 años y que hacen de nuestro país un interés vital para la República Socialista de Cuba y ciertamente un aliado estratégico muy importante para Rusia, China e Irán en la situación geopolítica mundial.

Finalmente, y no menos importante, es la situación política/institucional de ambas naciones, en la que se deben manejar los acuerdos políticos y jurídicos que conlleva la convivencia democrática. En el caso de Evo Morales, el desconocimiento de los resultados del referéndum sobre la reelección presidencial del 21 de febrero de 2016, que fue avalado por su sistema jurídico (Tribunal Constitucional Plurinacional), fue una cachetada a la voluntad popular y al discurso de la opinión del pueblo.

En el caso de Hugo Chávez en 2007 asimiló la derrota del referéndum constitucional del 2 de diciembre de 2007 y relanzó una propuesta de reforma constitucional que ganó el 15 de febrero de 2009, debido a que la limitó exclusivamente a la reelección de todos los cargos de elección popular, contando con ello con la colaboración abierta de alcaldes y gobernadores que sí veían entonces un interés personalísimo en dicha campaña, mientras que en 2007 solo se reelegía el presidente de la República.

Igualmente, hay que señalar que los espacios de participación electoral en Bolivia no tenían jamás las limitaciones legales o administrativas que sufre la oposición política en Venezuela, en el ámbito de candidatos inhabilitados y partidos ilegalizados.

Conclusiones

  • La batalla política por el gobierno de Bolivia, o incluso el de Nicaragua, tiene componente regional que no altera la política mundial, como sí lo tendría un cambio de gobierno en Venezuela y Cuba por razones económicas y militares que no caben en el limitado espacio de este artículo.
  • Existe en las clases políticas de Estados Unidos, Colombia y Brasil un deseo e interés estratégico en confrontar y derrumbar el gobierno de Nicolás Maduro.
  • Existe una gran cantidad de organizaciones políticas y sociales en todo el mundo que dependen en forma vital del mantenimiento del gobierno de Nicolás Maduro y que lo defienden con una tenacidad que no se da en el caso de Bolivia, por la misma razón.
  • Por último, es importante entender que un cambio en Venezuela implica un cambio del modelo de Estado y de gobierno establecido desde la época de Juan Vicente Gómez con la aparición de la explotación petrolera en forma masiva.

Lo que puede o no acontecer es asunto de otro artículo…

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