Por Javier Vivas Santana

Este 15 de enero como ha sido en los años recientes los docentes venezolanos retomarán su voz de protesta ante una educación destruida y unos docentes empobrecidos a raíz de una profunda crisis política, económica y social, que al parecer no encontrará camino de salida mientras no exista entre los factores de poder y oposición, un acuerdo que permita dirimir las diferencias en un contexto de armonía.

Venezuela yace en la podredumbre educativa. Prácticamente toda la infraestructura de escuelas, liceos y universidades se encuentra en condiciones deplorables. Las dos primeras, salvo una que otra excepción, se encuentran sin techos, sin ventanas, sin puertas, con áreas sanitarias y deportivas en ruinas. En el caso de las instituciones formadoras de profesiones, éstas han sido objeto de la delincuencia de manera sistemática, dejándolas hasta sin materiales de investigación, o sea, tenemos todos los espacios físicos de la educación en forma de cuerpos inertes y desnudos, cuyos cerebros han sido descuartizados.

Además de semejante condición educativa, desde la educación inicial, pasando por la primaria, luego el bachillerato, hasta los estudios universitarios, todos carecen de presupuestos para la adquisición de materiales pedagógicos y de investigación, mientras que los comedores desaparecieron de la praxis estudiantil, y sería utópico, referir a lo que una vez fue el seguro médico para toda la población educativa del país.

Y en esta tormentosa realidad, han sido los educadores quienes han terminado viendo al igual que el resto de los trabajadores, jubilados y pensionados del pais, una terrible situación de empobrecimiento global.

El promedio salarial de los docentes adscritos al mal llamado “ministerio de educación” apenas si llega a los 5 dólares al mes, y en el ámbito universitario con un poco de clasificación por años de experiencia y postgrados puede devengar unos 10 dólares. Verbigracia, no hay manera de justificar tal barbarie, se diga lo que se diga por parte del madurismo.

Para colmo, la pandemia del covid-19 ha agravado la situación pedagógica en el contexto de la realidad venezolana. El demagógico discurso oficialista habla de “educación a distancia” con docentes que ni siquiera tienen servicio de Internet ni computadoras en sus casas, o peor, pasan días enteros sin electricidad, sin obviar que tienen que hacer múltiples cosas para encontrar agua y leña, ante la ausencia del vital líquido por tuberías y de gas, para seguramente cocinar los muy pocos alimentos que se encuentran en su nevera ¿Acaso puede un docente ante tal realidad, impartir “educación a distancia”?

Ni hablar de la posibilidad del educador para mejorar su condición profesional ampliando sus estudios de pregrado y posgrado, y hay que decir con mucha responsabilidad que los maestros que están mejor formados del país, algunos han emigrado y otros han abandonado el sistema público de educación, y quienes aún se mantienen, intentan sobrevivir desde el rebusque o con las remesas llenar medianamente sus estómagos y los de sus familias, quedando a la merced de la “suerte” si se enferman o tienen que enfrentar con sus padres o hijos, cualquier situación imprevista.

Aristóbulo Istúriz como ministro de tal despacho, pasará a los contenidos de la historia como el principal destructor de la educación, y el más rechazado funcionario por parte de los educadores, porque ni siquiera han sido escuchados sino ignorados, mientras han sido constantes las persecuciones, y hasta encarcelamientos sobre aquellos docentes que sólo han exigido los derechos del magisterio.

Esta tormenta algún día terminará, y cuando ese día llegue, los educadores tendremos por delante la ardua tarea de reconstruir el principal eje de cualquier país hacia el desarrollo. La educación es el único camino hacia la salida.

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