Para finales del siglo pasado, desaparecieron del escenario político nacional, los actos de masas, multitudinarios y rebosantes de personas, realizados en grandes espacios; solo quedaron como una demostración de respaldo contundente para aquellos candidatos presidenciales que eran capaces de llenar calles y avenidas. La prueba de fuego para ellos, en esos tiempos, era llenar la avenida Bolívar de Caracas, no solo por el extraordinario costo económico, sino también por sus dimensiones.

Poco a poco, los grandes mítines quedaron para los comicios nacionales de cada cinco años, y bastaba con llenar avenidas alternas a la Bolívar, como la Baralt y la Victoria de Caracas. Quien reimpone llenar la avenida Bolívar es Hugo Chávez porque era demostración de que tenía gente y mucha, aunque –por una parte– nunca superó el número de personas de las antiguas convocatorias de los grandes partidos históricos que –por otra– prefirieron la comodidad de instalaciones como la del Poliedro, incluyendo al MAS, porque al fin y al cabo tuvimos partidos realmente de masas que no debían probar nada, presentes en las universidades, los colegios profesionales, los sindicatos, y pare usted de contar.

Jamás a nadie se le ocurrió, por ese entonces, convocar a una autopista para un mitin o el tránsito de una marcha. No era necesario, como lo ha sido en este siglo para evidenciar la condición infinitamente minoritaria del oficialismo que jamás ha logrado emular a la oposición, por lo que a rajatabla se acabó con tamaña prueba a la vista del mundo entero. El gobierno únicamente puede movilizar a los empleados públicos a cambio de una cierta estabilidad en el trabajo, bolsas especiales de comida (a veces con productos de la Polar), o cualesquiera otros favores posibles en las dependencias públicas donde el sindicato es un ornamento, si lo tienen, desposeídos de un HCM. Y, con todo el respaldo de los reales, es decir, con buses y logística del Estado, aun así, no logran llenar los espacios. O, lo hacen por momentos, porque los empleados se escapan de los jefes de personal, quienes actúan como viejos jefes civiles de la Venezuela rural, mandones como el que más.

El problema está en impedir a toda costa que la oposición haga cualquier acto de calle, escenifique un mitin, aunque sea con diez gatos, use un megáfono que es sólo permitido a los vendedores de plátanos, ponga un toldo proselitista en una esquina, distribuya un volante que ya cuenta un ojo de la cara imprimirlo, etc. Como saben que serán rebasados de manera espontánea por la oposición, practican el sabotaje de sus colectivos, y si no, montan una tarima paralela a todo trapo, repleta de equipos que emiten un sonido estridente, con artistas que amenicen y entretengan a la gente, y llenan de policías uniformados y civiles el lugar. Se puede estar en el año electoral y, de acuerdo con la Constitución y las leyes, contar con el derecho a expresarnos, reunirnos, hablar públicamente, pero nada que ver: el oficialismo impide cualquier acto y, con mayor razón, los cercanos a las sedes de los poderes públicos.

Esta ha sido la estrategia y su proceder en los últimos años, pues para nadie es un secreto que el culillo es libre como se dice coloquialmente, un gobierno que perdió la calle y que se aferra al poder del Estado y al manejo de los pocos recursos que se generan para el control de la población. No puede olvidarse que este control lo obtiene el régimen a través del terror y del desprestigio que pueden generar a sus contrincantes, y así ir alargando su estadía en el poder. Y, para remate, inventan día a día supuestas conspiraciones que no son más que montajes televisivos al mejor estilo de Netflix.

Esto nos indica que el reto cada día es mayor para aquellos que nos consideramos opositores al régimen; cambiar las estrategias según sea necesario y fortalecer el trabajo en pro de una verdadera unidad, donde todos estemos realmente representados, para trabajar por el bienestar y el propósito común. Esta es la única forma que tenemos para combatir democráticamente a este gobierno que día a día y a pasos agigantados, para nuestro beneficio, se aleja de la gente. Aprovechemos nuestro mensaje: insistir, resistir y persistir ha sido el mensaje. Insistir para alejar al régimen del pueblo, resistir para mantener el trabajo como un solo bloque y persistir para nunca olvidar que en la unión está la fuerza.

X, IG: @freddyamarcano


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