El pasado domingo 1 de noviembre, el corresponsal del diario español El País, Francesco Manetto, publicó en dicho medio de comunicación un interesante artículo sobre la situación política venezolana. Allí el analista señaló lo siguiente:

“La oposición a Nicolás Maduro entró hace una semana en una fase de desconcierto después de meses de tensiones internas y con un liderazgo consumido por el desgaste. La fuga de Leopoldo López de Venezuela añadió incertidumbre al camino emprendido por Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y principal cara visible del antichavismo. Su pulso con el gobierno bolivariano se apoyó desde principios de 2019 en la estrategia diseñada por López. Y pese a que el político promete continuar su trabajo desde el extranjero, el simbolismo y las circunstancias de esa decisión han profundizado el desaliento”.

No es para nadie un secreto que desde la llegada de la “revolución bonita” la tensión y confrontación política ha alcanzado altos decibeles en el país. Al principio y hasta la muerte de Hugo Chávez Frías el desarrollo del proceso político favoreció a los “rojitos”. Los elevados ingresos petroleros que tuvo entonces Venezuela hicieron posible la política económica dispendiosa que llegó a los bolsillos de todos sus connacionales. El “si así llueve que no escampe” fue el lema y sentimiento que se propagó entre la mayoría de nuestros compatriotas, especialmente en los estratos más pobres de la población. Pero cuando el boom llegó a su fin, al mismo inicio del amañado gobierno madurista, los sueños de holgura y extrema felicidad comenzaron a evanescerse. Poco a poco, el despotismo rojo perdió el empuje que traía “a realazo limpio”.

Es de resaltar que en diferentes procesos eleccionarios que se realizaron durante la gestión de Chávez se puso en evidencia la presencia y fortaleza de un poderoso sector opositor que no se empalagó ni se dejó arrastrar por los perversos cantos de la sirena roja. Las confrontaciones que entonces se produjeron fueron épicas.

Con la ralentización de la economía nacional y la salida del país de más de 5 millones de compatriotas el impacto sobre las protestas no se hizo esperar. El día a día del venezolano se vio copado por la búsqueda de algún tipo de sustento, procurarse los medicamentos requeridos para la salud, surtir los vehículos de gasolina, mendigar una bombona de gas o conseguir la leña necesaria para cocinar los alimentos. A lo anterior se añadió el virus chino que congestionó todavía más la dinámica cotidiana.

En un escenario como el mencionado fue inevitable que las dimensiones y el empuje de las protestas se vieran afectadas. Aun así, estas no han parado. Las manifestaciones del pasado mes de octubre en muchos rincones de la geografía nacional son pruebas irrefutables de lo antes indicado. Obviamente, ellas no tienen el volumen e intensidad de antes pero, como la gota de agua que no cesa, sigue golpeando y horadando la estabilidad de la dictadura.

A esto último hay que agregar un nuevo componente y es que, según el portal de noticias Reuters del lunes 2 de este mes, las exportaciones de petróleo venezolano cayeron a un nuevo mínimo histórico de 359.000 barriles por día en octubre, debido a que la mayoría de los clientes de largo plazo de Pdvsa suspendieron sus compras ante la cercanía de la fecha límite establecida por las autoridades norteamericanas para finiquitar negocios con nuestro país.

La debacle multifactorial ha hecho que el malestar se proyecte a los cuarteles, donde ya la voz de mando de los cubanos no es bien recibida. Es cuestión de tiempo para que el apoyo de los militares a la tiranía se venga abajo. Así ocurrió con los gobiernos de los generales Isaías Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez. Por ahora, el terror de la dictadura a medirse limpiamente con la oposición es la mejor demostración de su pequeñez y minúsculo apoyo popular.

Hoy más que nunca debemos ser pacientes y no olvidar que llueve y escampa. El cintarazo a la revolución llegará en el momento justo: de eso podemos estar seguros.

@EddyReyesT

 


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