La situación política de Venezuela se torna polarizada, entre los que deseamos el cambio de régimen de manera inmediata y los que forjan una negociación con los aliados del régimen que pretenden dejar vivo al sistema socialista. Los dirigentes de la oposición oficial desarrollan negociaciones ocultas con el propósito de mantener el statu quo, sumado a la estrategia de disponer a mediano plazo de un Consejo Nacional Electoral que permitiría legitimar al régimen y a ellos mismos.

Por las razones mencionadas, la verdadera oposición intenta desesperadamente instrumentar acciones para crear un Movimiento de la Sociedad Civil Unificado que dé respuesta a la situación de crisis en Venezuela, y derrotar el argumento de designar a un Consejo de Gobierno constituido por miembros de la Asamblea Nacional y representantes de los partidos políticos, e incorporar a funcionarios con antecedentes comprometidos con el régimen, que tienen la intención oculta de legitimarse bajo la máxima dirección de quienes han sido descalificados nacional e internacionalmente.

El presidente de la Asamblea Nacional, y presidente interino, ante la desestabilización social y la postura retadora del régimen, tendría que asumir con responsabilidad y énfasis la obligación de apartarse del colaboracionismo, llamar a integrarse a la sociedad civil representativa cuya fórmula consiste en pedir el cese de la usurpación, de ser necesaria por la fuerza, y la  necesidad de integrar un Gobierno de Emergencia con el apoyo de venezolanos íntegros para lograr que se pueda gobernar verdaderamente en un estado de transición. Si no lo hace, es deseable que se aparte y deje a un Consejo de Gobierno hacer el patriótico trabajo de gobernar, sentar las bases para la reconstrucción nacional y preparar unas elecciones libres y democráticas,

Múltiples grupos de oposición han tenido la valentía necesaria para denunciar y enfrentar los desmanes del régimen sin importarle los riesgos que representan la detención arbitraria, la ocupación y destrucción de su patrimonio y la persecución. Todos ellos en su gran mayoría tienen trayectoria, y en el exterior, la diáspora ha hecho lo propio. En este último caso, han tomado la iniciativa loable por lo demás de organizar a la sociedad civil y de incorporar a voluntarios y a grupos de oposición no oficial. Han elegido el camino democrático deseable, es decir, construir una base de datos con fines de llevar a cabo una consulta para legitimar el movimiento, proponer nombres y planchas para dirigirlas a pesar de que el tiempo determinado por la crisis venezolana juega en contra.

Venezuela colapsa por variadas razones, la crisis socioeconómica es potenciada por la ausencia de combustible, transporte, alimentos, suministros esenciales para la vida cotidiana, recursos monetarios, y de bienes procedentes de empresas productivas que han sido intervenidas. Con la excusa de la pandemia el régimen aprovecha la inmovilización de la población para instrumentar acciones cuyo principal objetivo es el de contener la protesta generalizada y aislar las ciudades militarmente para evitar que se extienda y se desarrolle una implosión social que ponga en peligro su poder; y actúa desmantelando por la fuerza los brotes de protesta por la ausencia de servicios que se extienden en el país.

La insuficiente falta de decisiones en varios niveles de la sociedad ha determinado que el régimen, y los intereses de los países antidemocráticos burlen la estrategia democrática de cambio del modelo político, y evitan a como dé lugar rebeliones militares internas, implosiones locales o la instalación de un Gobierno de Emergencia

El régimen ha acudido a medidas extremas, sus estrategas han priorizado el efecto de detener la protesta social producto de la ausencia de gasolina, suficiente suministro alimenticio, el deteriorado poder adquisitivo de la moneda y de la insuficiencia de los servicios de salud. Con artimañas han burlado el tráfico internacional de combustibles y aditivos para las refinerías. Se han aprovechado de las conexiones y el dinero de connotados colaboradores, para instalar una línea de abastecimiento de combustible usando el eje Irán, México, y Trinidad. Crearon una cadena logística para el abastecimiento alimentario, de partes y repuestos a través del corredor aéreo Irán-Venezuela; ejecutan un plan de vuelos de alta frecuencia burlando la vigilancia internacional con el pretexto de trasladar ayuda humanitaria, ocultando estratégica y hábilmente a personal técnico y militar iraní, con  el argumento de que vienen a contribuir en la reconstrucción de las refinerías, que fueron destruidas por la incompetencia de la gerencia oficial, mermando escandalosamente la producción de crudo. Todo lo anterior se produce estando el mar Caribe tomado por la Marina de Estados Unidos, los Países Bajos, Francia e Inglaterra

Celebran puertas adentro que han vencido al imperio, que rompieron el cerco al tráfico de combustibles e inician una campaña publicitaria con el pregón de que vencieron la pandemia, a la flota coaligada en el Caribe y que, a partir de ahora, los venezolanos serán felices porque tendrán gasolina, alimentos a precios regulados y suministros suficientes, por lo tanto, se terminó la protesta y contuvieron la amenaza de una implosión social que los puso al borde del jaque mate.

Una vez más el régimen neutraliza la incipiente protesta masiva iniciada como consecuencia de las carencias, pero sin darse cuenta, porque sabe que la procesión va por dentro, que las protestas y las fuerzas del cambio continuarán ante una situación que es secular y que con paños calientes es imposible superar el desastre en que está provocando al país con la ayuda de una invasión silenciosa de fuerzas explotadoras y los intereses del crimen global organizado.

Los efectos sociales y económicos del modelo de gobierno, y ahora con los de la pandemia continúan provocando la potenciación de la crisis y sus efectos geopolíticos. Especialmente, con una variable muy sensible que sufre la gran diáspora dispersa por el mundo y es que, ante los efectos del coronavirus, las cifras de desempleo suben rápidamente en los países receptores, y el venezolano que ha migrado va a sufrir las consecuencias directas de pérdidas de trabajo cuando los países afectados por altos índices de desempleo privilegien como es natural a los nacionales sobre los extranjeros. Brotes de estos efectos ya se notan en varios países latinoamericanos y no tardarán en aparecer en otras fronteras. Como consecuencia directa, la diáspora va a tener que involucrarse más profundamente en las iniciativas de cambio para su propia subsistencia…

Las reservas morales y éticas del auténtico venezolano soportado por un verdadero Consejo de Gobierno de Transición superarán las emergencias, hará un reacomodo del país, facilitará la ayuda humanitaria y financiera retomando la democracia y la libertad en manos de hombres voluntariosos, honrados y eficientes.


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