Para nadie es un secreto el cuadro depresivo que domina al país. Más allá o más acá de la pandemia, vemos como todo es desesperanza en los hogares que sufren la inminente debacle híperinflacionaria. Hambre y miseria son certeza que tiene el venezolano, directa e indirectamente, cultivada por una usurpación que ejerce una presión diaria y feroz, y, sin pudor alguno, intenta hacernos creer que esto ocurre en todo el mundo, incluso, en el desarrollado que, en parte, la situación es culpa o el resultado de las sanciones que otro países han ejercido sobre el régimen o sus personeros donde la mayoría de los casos son socios del mismo.

Por supuesto, que no puede negarse hay un ambiente de pesar en todas las latitudes, pero existen países que distinguen bien entre la situación creada por el covid-19 y sus nefastas consecuencias, y han adoptado toda suerte de medidas, y continúan, normalmente, con otros aspectos de la vida cotidiana con sus naturales problemas. Mal que bien la vida marcha, la economía responde, los servicios de salud funcionan y las conexiones digitales no generan adicionales dolores de cabeza. De haber un medidor de pesimismo, le ganaríamos a medio universo porque, con o sin pandemia, vivimos la catástrofe que ya comienza a modelar conductas desviadas. Quiero referirme a dos de ellas como las caras de una misma moneda, porque llevan a una suerte de lento suicidio.

Por un lado, está el caso de los que recogen los desperdicios. Empujados por la necesidad de conseguir algún alimento, sin recursos para adquirir el más modesto tapabocas, hay quienes se lanzan a la calle sin las más elementales previsiones. La impotencia y la desesperación, los lleva a desafiar el covid-19 en una suerte de apuesta, porque –dicen– peor no les puede ir con la hambruna. Son conscientes de tan peligrosa exposición, pero ya se dicen convencidos de que no hay nada peor que el hambre en casa. Por supuesto, esta actitud suicida, lentamente, significa que la vida misma pierde todo valor: la propia y la de los demás que puedan contagiarse.

Por el otro, existe una parte de la población que aún continúa en el país y se ha tratado de mantener con menos posibilidades que antes, pero tan vulnerable al virus que ya no vale ni el estatus económico ni el social, y aunque no pareciera son las personas más vulnerables a nivel emocional, con grandes dosis de depresión, por encontrarse en una situación que jamás habían vivido, y ni pensar que podían llegar a ella. Esta situación ha incrementado la tasa de suicidios, como lo alertan instituciones dedicadas a monitorear los comportamientos sociales.

Supimos de la historia de un dirigente político de la oposición que, por fortuna, ha reaccionado con el debido e irremplazable auxilio de los especialistas. Los políticos no estamos exentos de caer en depresión, pues vivimos en el país y nos afecta la situación actual: los desmanes del virus y del gobierno. Esta persona tuvo una larga etapa de denuncias de cualesquiera tropelías del régimen, apersonándose –además– en los despachos oficiales en son de protesta. Le fue reconocido, ampliamente, su coraje, pero su situación se agravó al involucrar a otras personas que no estaban dispuestas a poner en riesgo sus vidas; las autoridades usurpadoras pusieron todo el esfuerzo por reprimirle. Sus denuncias eran de una «avanzada temeridad», por no decir “loqueteras”, sobre todo en las redes sociales, con una influencia cada vez menor. El caso está en que un psicólogo amigo lo ayudó y descubrió un tal cuadro depresivo que lo llevó a rifarse la libertad y la vida, sin darse cuenta, denunciando de todo y con todo.

Este ejemplo de depresión que hemos descrito, y que muchos venezolanos viven a diario, es algo que se debe tomar en cuenta, porque para sobrevivir esta doble pandemia (covid-19 y régimen usurpador) necesitamos de sanidad mental y física, para así avanzar y combatir estos dos flagelos que atacan, directamente, al venezolano. Convencido estoy de que con nuestra fuerza insistiremos, para lograr una verdadera unidad con la cual resistir todo aquello que se nos presente y alcanzar el objetivo de una Venezuela libre y democrática con persistencia.

@freddyamarcano

 


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